Bendecir o maldecir

//Pr. Luis A. Núñez\\

(Efesios 4:22-32)

milagro al centurión

De primera instancia, no es una invitación a una vida moral basada solo en el entendimiento mental. Observen lo siguiente, el versículo 24 dice que tenemos una nueva naturaleza, la cual debemos expresarla y a esta nueva naturaleza la Biblia la llama de “nuevo hombre”. Esta nueva naturaleza es creada según Dios en la justicia y la santidad, es decir, somos justicia de Dios en Cristo (2 Corintios 5:21), somos el resultado de la obra de Cristo en la cruz, de la obra consumada y como tal, lo que hablamos es conforme a lo que somos, “justicia de Dios en Cristo”, es decir, hablamos del amor y de la bondad de Dios expresada en Cristo, porque a causa de esa bondad somos lo que somos.

Estamos para ser bendición, para bendecir. Esa es la diferencia entre los profetas del Antiguo Testamento y los del Nuevo; en el antigua alianza hablaban basados en la condena de la ley, por lo tanto, todas sus palabra eran de maldición. Dios avala tu posición conforme a la alianza en la que estamos. Veamos, Elías era un profeta del Antiguo Testamento y la Biblia narra una circunstancia donde podemos ver un principio maravilloso, que hoy avala nuestra posición como “profetas del Nuevo Testamento”. “Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra” (1 Reyes 17:1)                 La Biblia dice que Elías simplemente expresó que no habría lluvia y aclaro que era por su palabra y así fue, pues durante tres años no hubo lluvia, sin embarg0, en 1 Reyes 18:1, 41-45, la Biblia nos muestra que Elías comenzó a orar angustiosamente, de rodillas y con el rostro en tierra. Después de la gran victoria en el Monte Carmelo, cuando los profetas de Baal fueron derrotados, Elías tuvo que orar fervientemente para que lloviera ¿Por qué? porque es probable que creía más fácilmente en la maldición en lugar de la bendición. Elías necesitaba orar fervientemente para creer que la bendición llegaría. Es interesante notar que para proclamar la maldición de la sequía solo expreso que así sería, pero para proclamar la bendición de la lluvia entró en angustia; tenía más fe para creer en la maldición que para creer en la bendición. La pregunta es ¿Por qué? porque era un profeta del Antiguo Testamento; ellos estaban acostumbrados a anunciar calamidades y condenación porque el pueblo siempre fallaba, siempre se desviaba, no cumplían la ley.  Ahora veamos lo siguiente, Santiago 5:17-18 dice:   Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto”                 Por favor observa estos detalles en la Biblia, 1 reyes 17:1 dice que Elías simplemente dijo que conforme a su palabra no llovería y no llovió y luego dice en 1 Reyes 18:42-45 que clamó de rodillas varias veces y cayo lluvia, pero lo curioso es que ahora Santiago describe los hechos al revés, dice que oró fervientemente y no llovió y que después para que la lluvia retornara solo oró ¿Cómo es eso? es la manera como Dios ve este acontecimiento, es decir, Elías era un profeta del Antiguo Testamento y como tal, él profetizaba de acuerdo al pacto en el que vivía, la condenación de la ley, de acuerdo a lo que la ley establecía, pero ¿Cómo explicar esto? La forma en que Dios quiere que veamos es de acuerdo a la alianza en la que estamos. Para Dios en la nueva Alianza la simple declaración de Elías de que llovería fue una oración intensa. A nosotros ni siquiera nos parece una oración, pero para Dios es poderosa. Según Santiago, la oración de Elías, una simple declaración, fue una oración intensa.                 Sobre el mismo principio, hoy cuando declaramos la verdad del Nuevo Pacto, el Señor viene a confirmar nuestra palabra. Esto sucede porque Cristo se hizo maldición para que nosotros seamos bendición. Entonces las palabras que salen de nuestra boca, conforme a su Palabra, son de bendición y Dios avala lo que decimos, lo que declaramos conforme al Nuevo Pacto. Por esto, en Santiago, se nos exhorta a que nuestra lengua sea una fuente de bendición y no de maldición.  

“De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?  Hermanos míos, ¿puede acaso la higuera producir aceitunas, o la vid higos? Así también ninguna fuente puede dar agua salada y dulce” (Santiago 3:10-12)                El versículo 12 nos muestra un ejemplo que acontece en la naturaleza, es decir, no expresamos maldición por una cuestion de moral o ética, sino porque maldición ya no es parte de nuestra naturaleza, somos bendición.  Entendiendo el principio de la bendición y la maldición                 La palabra honra significa bendecir. En hebreo, la palabra honra es kabad que significa dar peso o valor. Cuando dices que honras al Señor, estás diciendo que le das peso a su presencia y a su Palabra en tu vida. Cuando honras a una persona estás diciendo que tiene peso o valor en tu vida, que es importante. Cuando presto atención a mi esposa, cuando valoro lo que dice, cuando le doy peso a sus palabras, en realidad la estoy honrando. Por otro lado, una de las palabras en hebreo para maldecir es qalal, quesignifica valorar poco, menospreciar, tratar con desdén o tomarlo a la ligera. Cuando tu hijo te habla y tú no le prestas atención y lo ignoras, aunque nunca se te haya pasado por la cabeza hacerlo, estás maldiciendo a tu hijo. No siempre usamos la palabra bendición cuando bendecimos a alguien, a menudo solo necesitamos decir palabras positivas para darle peso. Cuando Balaam bendijo a Israel, dijo: “El Señor no vio iniquidad en Jacob, ni vio desgracia en Israel” (Números 23:21). No usó explícitamente la palabra bendición”, pero Balac rey de Moab, reconoció que había bendecido a Israel. Hubo una ocasión en la que el Señor maldijo a la higuera, pero tampoco usó la expresión “te maldigo”. Él simplemente dijo: “¡Nunca nadie coma fruto de ti!” (Marcos 11:14). 

Seguramente nunca has pensado en maldecir a tus hijos o a tu cónyuge, pero eso es lo que hacemos cuando les damos poco valor o los menospreciamos. Curiosamente, la palabra bendecir en hebreo es barak, pero también significa arrodillarse e inclinarse. Cuando nos arrodillamos para hablar con nuestros hijos pequeños mirándolos a los ojos, los estamos bendiciendo según la Biblia, porque estamos valorando lo que dicen.

“Por tanto, dice el SEÑOR, Dios de Israel: Ciertamente dije que tu casa y la casa de tu padre caminarían delante de mí para siempre; pero ahora, dice Jehová: Lejos esté de mí; porque honraré a los que me honran, pero a los que me desprecian, serán despreciados” (1 Samuel 2:30)

Toma en serio su Palabra, dale valor al Señor en toda área de tu vida y en todo momento.

Todo lo que bendecimos crece y se multiplica 

Todo aquello en lo que centras tu atención, a todo lo que le das peso, lo bendices y todo lo que bendices se multiplica, todo lo que bendices crece. El Señor tomó los cinco panes y los dos peces y los bendijo (Mateo 14:19), cuando los bendijo el pan se multiplicó. No solo bendices a tus hijos o a tu cónyuge expresando literalmente las palabras “Te bendigo”, por supuesto, decir “te bendigo” es muy bueno, pero liberamos bendiciones cuando prestamos atención, atribuimos valor, damos peso a lo que dice la otra persona. Sin embargo, si menospreciamos a nuestro cónyuge y no damos importancia a su presencia y a sus palabras, lo estamos maldiciendo, aunque nunca se nos haya ocurrido hacerlo de manera oral.

Todo lo que maldices se seca, se hace más pequeño y hasta muere, como pasó con la higuera que el Señor maldijo, pero todo lo que bendecimos crece y se multiplica, como los cinco panes que alimentaron a una multitud. Este principio también se aplica a tu vida, cuando valoras y centras tu atención en las bendiciones de Dios en tu vida, esas bendiciones se multiplicarán y crecerán.

La Palabra de Dios dice en Éxodo 20:12, que debes honrar a tu padre y a tu madre, para que tus días en la tierra se prolonguen. La palabra “honrar” allí es kabad, que significa dar peso,  pero por otro lado, en Deuteronomio 27:16 dice: “Maldito el que menosprecie a su padre o a su madre”, aquí la palabra “despreciar” es qalal, que significa tratar con desdén y menospreciar. Eso sucede entonces cuando ignoras los consejos de tus padres, ignoras su presencia, no los reconoces ni les prestas atención. Cuando los niños hacen esto, están maldiciendo a sus padres. Como adultos, no tenemos que hacer todo lo que nos dicen nuestros padres, pero siempre debemos honrarlos.

Todo lo que bendices se multiplica en calidad y cantidad. Cuando bendices a tu esposa, aumentas la calidad de tu relación. Cuando le das importancia a los aspectos negativos de tu cónyuge, estás bendiciendo o resaltando lo negativo y este aspecto crecerá. Cuando prestas atención a los aspectos negativos los estás honrando, debido a que les das importancia, el resultado es que crecerán y aumentarán en tu vida. Dios quiere que pongamos nuestra atención en las virtudes y de esta manera el resultado será que esas virtudes se multiplicarán.

Muchas personas intentan descubrir el secreto de la mujer virtuosa mencionada en Proverbios 31, pero la respuesta está al final del capítulo:

“Su marido la alaba, diciendo: Muchas mujeres actúan virtuosamente, pero tú las superas a todas” (Proverbios 31:28-29)

Cuando tu marido te alaba, te está bendiciendo y todo lo que bendecimos crece y florece. Por eso en guerra espiritual la mejor estrategia es ignorar al diablo, no le des peso o valor a sus acciones, solo ignóralo.

Vamos a ser bendición, vamos a bendecir, pues todo lo que bendecimos se multiplicará ¡Aleluya!

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