Elige mirar la realidad del cielo

//Pr. Luis A. Núñez\\

Cuando Dios sacó al pueblo de Israel de Egipto, no era su voluntad que vagaran por el desierto durante cuarenta años. La razón por la que se quedaron en el desierto fue la incrédulidad entre ellos. Cuando llegaron a un lugar llamado Cades-barnea enviaron doce espías. Estos espías recorrieron toda la tierra en cuarenta días. No fueron enviados a definir cómo conquistar la tierra, sino a ver sus riquezas, pero en realidad podemos decir que fueron enviados porque desconfiaban.

Cuando leemos Números 13:1-2 vemos que aparentemente es Dios quien ordena a Moisés que envíe 12 principes, uno por cada tribu, para espiar o reconocer la tierra de la promesa y hasta aquí parece una propuesta celestial interesante, pues si viene de Dios entonces está bien, pero la realidad es que hay un problema y es muy serio, pues lo cierto es que no es una propuesta que provenga de Dios, observemos lo que dice la Biblia:

“Mira, Jehová tu Dios te ha entregado la tierra; sube y toma posesión de ella, como Jehová el Dios de tus padres te ha dicho; no temas ni desmayes. Y vinisteis a mí todos vosotros, y dijisteis: Enviemos varones delante de nosotros que nos reconozcan la tierra, y a su regreso nos traigan razón del camino por donde hemos de subir, y de las ciudades adonde hemos de llegar. Y el dicho me pareció bien; y tomé doce varones de entre vosotros, un varón por cada tribu” (Deuteronomio 1:21-23)

Esta fue una propuesta del pueblo, ellos propusieron a Moisés enviar espías para ver si era cierto todo lo que Dios dijo, es decir, desconfiaron. Ellos habían desconfiado, no necesitaban espiar, ni ver, solo necesitaban confiar. En números 14:11, cuando Dios dice: “¿Hasta cuándo no me creeran?”, que en el idioma original también es desechar, despreciar, es como si dijera: “No los traje para morir en el desierto, no los traje para acabar con su historia, los traje para hacer historia. Les traje para heredar una tierra buena”, pero ellos no creyeron y querían cersiorarse de que era así. Entonces Dios en su infinito amor por ellos, tolera su incredulidad y le dice a Moisés: “Envía príncipes, uno por cada tribu” ¿Por qué? porque si no confiaban en la promesa de Dios, los espías verían que lo que Dios dijo era cierto. Los del pueblo necesitaban creer, Dios siempre quiere llevarlos a creer y la única forma era a través de gente de influencia, eso eran los príncipes, infelizmente estos diez hombres de influencia, influencian para desanimar, para no creer, el pueblo llora y pierde propósito.

Cuando regresaron los espías, diez de ellos eran incrédulos y dos creían en la promesa de Dios. El diez representa la ley y los dos representan al pueblo de la nueva creación que vive bajo la gracia. Josué es lo mismo que Jesús en hebreo y Caleb significa perro, la misma forma en que los judíos se referían a los gentiles, aquellos que no están bajo la ley. De las diez cosas que dijeron los diez espías sobre la tierra prometida, solo una fue positiva (Números 13:27-29):

1. En verdad fluye leche y miel, este es su fruto.

2. Pero el pueblo que habita en esta tierra es poderoso.

3. Las ciudades muy grandes.

4. Y fortificado;

5. También vimos allí a los hijos de Anac.

6. Los amalecitas habitan en la tierra del Négueb.

7. Los hititas.

8. Los jebuseos.

9. Los amorreos habitan en la montaña;

10. Los cananeos viven junto al mar y junto al río Jordán.

El nombre del Señor no se menciona ni una sola vez. Dios había dicho que les daría la tierra, pero ellos solo miraron los problemas y obstáculos. Todo aquello en lo que pones tu atención aumenta, se magnifica. Aquello a lo que le das peso es bendito. En realidad, hablando de los obstáculos los estaban bendiciendo y prestándoles atención.

Los otros dos espías fueron a la misma tierra, junto a los otros diez y vieron los mismos obstáculos durante cuarenta días, pero mira lo que dijeron (Números 14:7-9):

1. La tierra a donde fuimos a espiar es una tierra sumamente buena.

2. Si el Señor está complacido con nosotros, entonces nos traerá a esta tierra.

3. Nos lo dará.

4. Tierra que mana leche y miel.

5. Solo que no os rebeléis contra Jehová, ni temáis al pueblo de la tierra, porque como pan podemos devorarlos.

6. Se les retiró el apoyo.

7. Jehová está con nosotros; no les temáis.

Dijeron siete cosas sobre la tierra y siete significa perfección. Los diez no mencionaron el nombre del Señor, pero Josué y Caleb le dieron importancia al Señor. La gente siempre me dice que quiere ver bendición sobre los niños, el matrimonio y todo lo demás, pero lo cierto es que para muchas personas la tendencia es siempre ver lo negativo. Dios ama a las personas que miran el lado positivo, que miran sus bendiciones, que miran al Señor y dan peso a su presencia, dan peso a sus promesas y no dan peso a los obstáculos que se encuentran ante ellos.

Ciertamente, los diez espías serían vistos como personas realistas, pero ninguno de ellos agradó a Dios. Solo Josué y Caleb obtuvieron favor porque dieron peso a la promesa del Señor. Los diez murieron el mismo día, pero Josué y Caleb todavía eran jóvenes a los ochenta años cuando celebraron la promesa. Todas aquellas personas que creyeron en la realidad contada por los diez nunca entraron a la tierra ¿Has entrado en la promesa de Dios? la realidad no es lo que tú dices de ti, sino lo que Dios dice de ti. Tienes dos opciones: vives la realidad natural o vives la realidad espiritual.

La oración intensa                Elías era un profeta del Antiguo Testamento y la Biblia narra una circunstancia donde podemos ver un principio maravilloso que avala nuestra posición como profetas del Nuevo Testamento.   “Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra” (1 Reyes 17:1)                 La Biblia dice que Elías expresó simplemente que no habría lluvia y aclaro que era por su palabra y así fue, pues durante tres años, según su palabra, no hubo lluvia, pero en el 1 Reyes 18:1, 41-45, la Biblia nos muestra que Elías comenzó a orar angustiosamente, de rodillas y con el rostro en tierra. Después de la gran victoria en el monte Carmelo, cuando los profetas de Baal fueron derrotados, Elías tuvo que orar fervientemente para que lloviera ¿Por qué? Porque es probable que creía fácilmente en la maldición en lugar de la bendición. Elías necesitaba orar fervientemente para creer que la bendición llegaría.                Es interesante que para proclamar la maldición de la sequía solo expresó que así sería, pero para proclamar la bendición de la lluvia entró en angustia. Tenía más fe para creer en la maldición que para creer en la bendición ¿Por qué? Porque era un profeta del Antiguo Testamento. Ellos estaban acostumbrados a anunciar calamidades y condenación porque el pueblo siempre fallaba, siempre se desviaba, no cumplía la ley. Ahora veamos lo siguiente: 

“Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto” (Santiago 5:17-18)                Por favor observa estos detalles en la Biblia, 1 Reyes 17:1 dice que Elías simplemente dijo conforme a su palabra que no llovería y no llovió, pero luego dice en 1 Reyes 18:42-45 que clamó de rodillas varias veces y cayo lluvia, pero por otro lado Santiago describe los hechos al revés, dice que Elías oró fervientemente y no llovió y dice que solo oró y llovió ¿Cómo es eso? es la manera cómo Dios ve este acontecimiento, es decir, Elías era un profeta del Antiguo Testamento, como tal el profetizaba de acuerdo al pacto en el que vivía, el de la condenación de la ley. Aunque profetizó conforme a su propia palabra, lo cierto es que profetizó de acuerdo a lo que la ley establecía. Entonces, conforme al pacto en el que vivía tenia fe para creer que no llovería y no tenía fe suficiente para creer que llovería, no tenía fe en la bendición, entonces oró angustiosamente, de manera que en siete ocasiones mandó a ver si había nubes.                Hoy es al revés, estamos en la dispensación de la gracia, de la bendición, de la obra consumada y debemos tener fe para creer en la bendición, para creer en las promesas, cuando tú tienes esa fe expresas una oración de autoridad y esa oración para Dios es intensa. No es intensa porque gimes o porque entras en desesperación, sino es intensa porque simplemente estás seguro, hablas, declaras y ordenas.   Elías sujeto a pasiones como nosotros                 Todos vivimos altibajos, en un día estamos llenos de fe y otro desanimados como Elías. Primero, en el monte Carmelo, derrota a 450 profetas de Baal, de hecho la Biblia detalla que los degolló (1 Reyes 18:40), acto seguido Acab le cuenta a su esposa, llamada Jezabel, una mujer endemoniada, una sacerdotisa y esta le envía una amenaza.  “Entonces envió Jezabel a Elías un mensajero, diciendo: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, si mañana a estas horas yo no he puesto tu persona como la de uno de ellos” (1 Reyes 19:2)                 La Biblia dice que Elías huyó atemorizado y hasta podemos decir que entró en depresión. Un día estás lleno de fe y otro estás destruido, es por eso que el Señor comienza diciendo que Elías es como nosotros, pero el deseo de Dios es que tengas una oración intensa, que asumas una posición firme, de fe, de confianza, una fe que debe crecer. La Palabra de Dios en Mateo nos muestra lo siguiente, que un día un padre fue a Él, le llevó a su hijo que estaba poseído, pero al no encontrar a Jesús pidió a sus discípulos que lo ayudarán, sin embargo, ellos no lograron liberar al muchacho. Solo observen la respuesta de Jesús:  “Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá” (Mateo 17:17)                 El Señor les dice a sus discípulos “generación incrédula y torcida”. El Señor reprende al demonio y este sale, los discípulos impresionados por lo ocurrido se acercan y le dicen “¿por qué nosotros no pudimos echar fuera ese demonio?” y el Señor les responde:

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