//Pr. Carlos Quispe\\

“No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gálatas 6:9)
El desánimo y el cansancio es algo que va a llegar en algún momento a nuestras vidas. Nuestras fuerzas físicas se agotan y el cansancio llega inevitablemente, pero además existe el cansancio emocional, el cansancio del alma y es justamente este tipo de cansancio el que suele llevarnos a situaciones de crisis. Si no tratamos con ese desánimo y cansancio, enfrentaremos consecuencias graves.
Quiero contarte un poco acerca de alguien que tuvo que atravesar por un tiempo de cansancio y desaliento, yo creo que podemos aprender mucho de su experiencia. Antes de hablar de su crisis quiero ponerte un poco en contexto de lo que pasó. Nabucodonosor II, rey de Babilonia arrasó Judea y conquistó Jerusalén en el año 597 a.C. En su conquista, destruyó Jerusalén y el templo, pero además se llevó cautiva a la gente. 152 años después, Nehemías, quien era copero del rey Asuero, emprende el proyecto de reconstrucción de los muros de la ciudad, pero no todo le fue bien, ya que el proyecto era demasiado grande, excedía completamente lo que sus capacidades podían lograr y además tenía muchas cosas en contra.
“Y dijo Judá: Las fuerzas de los acarreadores se han debilitado, y el escombro es mucho, y no podemos edificar el muro” (Nehemías 4:10)
Pagas un alto precio cuando cedes al desánimo. Una esposa cristiana, que tiene un marido borracho e infiel, cede al desánimo y el resultado es un matrimonio roto e hijos que sufren con el corazón quebrantado. Un estudiante que no puede superar las dificultades en la escuela debido al desánimo resulta en pobreza y desempleo. Un nuevo converso que se desanima debido a la dificultad de superar viejos hábitos y adicciones resulta en un crecimiento estancado y una fe inestable. Cualquiera que sea el desaliento que enfrentes hoy, no debes dejar de creer en la victoria que Cristo consiguió para ti.
El desánimo es uno de los mayores instrumentos del enemigo para derrotarnos. Todos nosotros, incluso los más fuertes espiritualmente, en algún momento estamos expuestos al agotamiento y desaliento, pero no existe condenación en ello, no permitas que el enemigo lo utilice en tu contra.
Las causas más comunes del desánimo (Nehemías 4:1-12)
- Frustración: “y el escombro es mucho…” (Nehemías 4:10)
Había escombros por todas partes, tanto que impidió la reconstrucción del muro. ¿Tienes escombros en tu vida? ¿Alguna vez has notado que cuando empiezas a hacer algo nuevo, la basura acumulada en tu pasado estorba todo lo que quieres hacer? Todos tenemos un pasado, un historial de malas decisiones y situaciones desagradables, pero si mantenemos nuestra mirada en el pasado no lograremos continuar hacia adelante. Permite que todo peso de tu pasado, aquello que durante mucho tiempo detuvo tu caminar sea colocado a los pies de Jesús.
- La confianza se acaba por el fracaso: “no podemos edificar el muro” (Nehemías 4:10)
El equipo de Nehemías no pudo completar su tarea tan rápido como se había previsto originalmente y como resultado, su confianza colapsó. Pensaban: “Fuimos estúpidos al pensar que podríamos reconstruir este muro”, pero hay una realidad y es que todo el mundo falla de vez en cuando, todo el mundo comete errores. Así que el problema no es tu fracaso, sino cómo reaccionas ante tu fracaso ¿Te entregas a la autocompasión? ¿Empiezas a culpar a otras personas? ¿Empiezas a quejarte diciendo que es imposible? ¿O pones tus ojos en el Señor y comienzas a moverte de nuevo? La gracia de Dios ha sido diseñada para sustentarte en tiempo de debilidad y corregir tu camino cuando lo pierdes.
- Miedo: “Pero nuestros enemigos dijeron: “No sabrán nada de esto, ni lo verán, hasta que entremos en medio de ellos y los matemos; por eso haremos cesar la obra” (Nehemías 4.11)
Quizás estés desanimado por el miedo. Tal vez estés lidiando con miedos como: “No puedo manejar esto. Es demasiada responsabilidad”. Quizás sea el miedo a no merecerlo o el miedo a las críticas. Si ese es tu caso, no te sientas acusado, pero recuerda que el miedo destruirá tu vida si lo permites. Si te sientes vulnerables, cambia la perspectiva desde la que ves tu situación, ya no la veas desde tus miedos y limitaciones y empieza a verla desde la perspectiva de Dios. Necesitas expresar valentía, pero no una que esté basada en tus fuerzas, sino una que esté basada en el poder y amor del Señor. Solo alguien que se sabe amado por el Señor es capaz de vencer cualquier miedo, el perfecto amor de Dios echa fuera todo temor (1 Juan 4:18).
El camino para superar el desaliento (Nehemías 4:13-23)
El reforzamiento
Cuando estés desanimado, llama a tus hermanos en la fe para que te ayuden. No te permitas estar solo.
“Entonces por las partes bajas del lugar, detrás del muro, y en los sitios abiertos, puse al pueblo por familias, con sus espadas, con sus lanzas y con sus arcos” (Nehemías 4:13)
Algo increíble es que Moisés, quien fue el líder más grande en la historia de Israel, debido al desaliento y el cansancio estuvo expuesto a pensamientos suicidas.
“Yo solo no puedo cargar a toda esta gente, porque son demasiado pesadas para mí. Si me tratas así, te ruego que me mates ahora, si he hallado gracia ante tus ojos; y no me dejes ver mi miseria” (Números 11:14-15)
La solución del Señor al desaliento de Moisés fue simplemente rodearlo de personas con quien compartir su carga.
“Entonces Jehová dijo a Moisés: Reúneme setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos a la puerta del tabernáculo de reunión, y esperen allí contigo. Y yo descenderé y hablaré allí contigo, y tomaré del espíritu que está en ti, y pondré en ellos; y llevarán contigo la carga del pueblo, y no la llevarás tú solo” (Números 11:16-17)
No tienes que llevar el trabajo solo. Necesitas aprender a apoyarte en tus hermanos. Todos necesitamos que alguien nos ayude con nuestro trabajo. Esa es la razón por la que Dios diseñó la iglesia como un cuerpo, en la que cada miembro se apoya en los demás.
Oración
Aunque probablemente ya lo has escuchado más de una vez, es necesario que lo mencione categóricamente una vez más, cuando estés desanimado, clama al Señor mediante la oración. La oración no solo te permite descargar un corazón afligido y cansado, sino te llena de paz y fortaleza de lo alto. No infravalores la oración por ser aparentemente un recurso sencillo, todo lo contrario, la oración del justo puede mucho.
“Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche” (Nehemías 4:9)
Josué fue el mayor general elegido por Dios para conducir a Israel a la Tierra Prometida, pero sintió ganas de rendirse después de la derrota en Hai. Durante el tiempo de desánimo, Josué oró a Dios. La oración es el mejor antídoto contra el desánimo.
“¡Oh! Señor, ¿qué diré? ¡Porque Israel dio la espalda a sus enemigos! Cuando los cananeos y todos los habitantes de la tierra oigan esto, nos cercarán y arrancarán nuestro nombre de la tierra; ¿Y entonces qué harás por tu gran nombre? (Josué 7:8-9)
Revitalízate en el Señor y recuerda
Cuando estés desanimado, recuerda cuán grande y maravilloso es Dios. Encuentra descanso en Dios y renuévate a través de su palabra y su presencia.
“Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas” (Nehemías 4.14)
Elíasfue el mayor profeta del Antiguo Testamento. Él desafió la idolatría en su época y ganó una confrontación con los profetas de Baal al hacer caer fuego del cielo. Pero, incluso después de esta gran victoria, pidió morir:
“Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres” (1 Reyes 19:4)
Sin embargo, el Señor animó a Elías:
“Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios” (1 Reyes 19:7-8)
La acusación suele usar nuestros tiempos de desaliento y cansancio para intentar alejarnos de Dios, pero la respuesta de Dios frente a nuestras debilidades es sustento y provisión. Es importante que justamente en esos tiempos recuerdes lo bueno que ha sido Dios contigo, pues si en algún momento Él te sostuvo, ahora también lo hará.
Muchas veces nuestro desánimo se debe a nuestra falta de memoria. Dedicar tiempo a recordar, reflexionar y meditar en aquello que Dios ya hizo nos ayudará a tener nuestro corazón y nuestra mente iluminados acerca de los propósitos y planes del Señor para nuestras vidas.
Si estás atravesando un tiempo de estas características, tranquilo, probablemente sea el mejor tiempo para ti, porque solo cuando eres realmente débil, Dios manifiesta su poder. Él no solo desea que descanses, sino que tengas fuerzas para correr y arrebatar las promesas de Dios para tu vida.
“Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40:30-31)

