//Pr. Luis A. Núñez\\

Creyendo en la restitución
Pedro era un pescador y uno de los doce apóstoles. Su nombre original era Simón, pero Jesús se lo cambió a Pedro. Era hermano de Andrés y su padre se llamaba Jonás. Por la mención de que Jesús sanó a su suegra sabemos que era casado. Veamos algunas características de Pedro:
Era colérico
“Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco” (Juan 18:10)
Para defender a Jesús, en el momento de su captura, decide usar una espada y por poco, además de la oreja, le pudo cortar el brazo y convertir a Malco en manco.
Era rencoroso
“Por tanto, si tu hermano peca contra ti, vé y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano” (Mateo 18:15)
“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mateo 18:21-22)
La ley establecía una cantidad de oportunidades en la que se debía perdonar, pero al perecer Pedro no estaba muy de acuerdo con esto.
Torpe de entendimiento
“Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca” (Mateo 16:21-22)
Pedro, con un entendimiento natural, intentó convencer a Jesús que desistiera de su idea de ir a Jerusalén. No entendía que eso era parte del propósito de Dios para Jesús. Jesús fue enérgico con él, al punto que le dijo: “¡Apártate de mi Satanás!
Se comparaba con los demás
“Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo” (Mateo 26:31-35)
Después del anuncio de la muerte del Señor, Pedro, descalificando a los demás e intentando mostrarse como superior le prometió a Jesús no dejarlo, recibiendo una exhortación del Señor Jesús. En otro momento fue reprendido por el Señor por una actitud similar.
“Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú” (Juan 21:20-22)
Negó a Jesús
“Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo. Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno. Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre. Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre. Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo” (Mateo 26:69-74)
Después de haberle prometido no abandonarlo, Pedro niega a Jesús, declara no conocerlo. Pedro es un conjunto de torpezas y desilusiones, es un conjunto de errores que dejan mucho que desear, pero en medio de todas ellas, tiene una de las revelaciones más grandes.
“Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16)
Además, en su primera prédica, después de la llenura del Espíritu Santo, se convierten como tres mil personas y se bautizan.
“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hechos 2:38-41)
Y fue escritor de dos epístolas con una gran revelación de la resurrección, dando un énfasis muy fuerte a la vida cristiana, infundiendo esperanza en medio del sufrimiento, preveyéndonos además, de las enseñanzas de los falsos maestros.
¿Cómo pasó esto?
- ¡Siempre corría hacia el Señor!
“Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar” (Juan 21:7)
Podía ser torpe, colérico, testarudo y un gran etcétera, pero tenía algo valioso a su favor, corría al Señor, buscaba estar con Él y aunque el miedo lo traicionó, pudo caminar sobre las aguas, porque quería estar en los brazos del Señor.
“Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús” (Mateo 14:27-29)
- Tenía un corazón sujeto a la Palabra
Podía carecer de falta de entendimiento, podía ser odioso con los otros, pero por encima de sus razones, de sus emociones, él se sujetaba a la palabra de su Señor, tenía un corazón sujeto a la Palabra.
“Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; más en tu palabra echaré la red” (Lucas 5:5)
- Creía en la restitución
Podía ser un traidor que negó al Señor, un mal ejemplo de valor, pero creyó en el perdón y la restitución que el Señor le otorgó.
“Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo” (Marcos 16:7)
Haz como María
Todos necesitamos ser alimentados en nuestra fe, necesitamos ver continuamente los milagros que Dios hace en otros. Necesitamos ver constantemente lo asombroso que es que gente que no merece nada, experimentan bendición, esa es la iglesia.
“En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet. Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo, y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre” (Lucas 1:39-42)
“Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor” (Lucas 1:45)
“Y se quedó María con ella como tres meses; después se volvió a su casa” (Lucas 1:56)

