Recibe su bondad incomparable

//Pr. Eliud Cervantes\\

Mantente firme en la bondad de Dios por ti

Querido joven, nuestro Padre nos ama tan profundamente que, a pesar de toda la desobediencia, rebelión, blasfemia e imperfección del hombre, decidió no perdonar ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros (Romanos 8:32). Es fundamental que, como creyentes, comprendamos esta verdad sobre el corazón de nuestro Padre para que podamos ver el mundo y nuestra existencia en él desde su perspectiva. Muchas veces creemos que por nuestro buen comportamiento merecíamos el perdón de Dios; sin embargo, lo cierto es que todos pecamos y estamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23).

La verdad es esta: Dios envió a su Hijo con un solo propósito: convertirse en el sacrificio final y supremo por todos nuestros pecados, ya sean pequeños o grandes, pasados, presentes o futuros, y esto habla de la generosa gracia y amor de nuestro Padre celestial, que cuando aún éramos pecadores, Él ya tenía un plan para nuestra redención (Romanos 5:8).

Nuestro Señor Jesús mismo reveló el propósito y la voluntad del Padre de restaurar y derramar la plenitud de su bondad. En Lucas 2:49, Jesús, a los 12 años, les dijo a sus padres terrenales: “¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que me es necesario ocuparme de los asuntos de mi Padre?”, cuando lo buscaron en el templo de Jerusalén, y en la cruz, cuando nuestro Señor agotó toda la ira de Dios contra el pecado y la desobediencia del hombre, exclamó: “¡Consumado es!” (Juan 19:30), marcando la culminación de la obra de su Padre. Ahora, gracias al sacrificio de nuestro Señor en el Calvario, hoy nuestro Padre puede darnos libremente todo lo bueno que tiene para nosotros (Romanos 8:32), y podemos vivir con valentía en la plenitud de la victoria que él nos dio con su muerte.

“El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32)

Su bondad es mucho mejor de lo que sabes o piensas

Es muy común que no podamos comprender cuán profundo, amplio y trascendental es realmente Su amor por nosotros. Isaías 55:9 nos recuerda que los caminos y pensamientos de Dios son mucho más elevados que los nuestros. Por eso, incluso cuando creemos haber comprendido finalmente su gracia y bondad, su amor va mucho más allá de cualquier cosa que podamos imaginar.

“Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:9)

La verdad es que Dios tiene mucho más y mucho mejor para nosotros de lo que jamás podremos ni alcanzaremos saber. Él nos conoce más íntimamente que nosotros mismos, y solo a través de los destellos del cielo en las Escrituras podemos comprender mejor su propósito original para nosotros. En el cielo, nuestros cuerpos serán transformados en cuerpos glorificados que nunca enfermarán ni morirán, reflejando su deseo de que siempre estemos sanos y completos. Incluso nos ha preparado magníficas mansiones para vivir, un reflejo de su generoso corazón que desea proveer para todo lo que necesitamos.

“el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas” (Filipenses 3:21)

“En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Juan 14:2)

En cada área de nuestra vida, ¡aún hay mucho más de su bondad y gracia por descubrir! Incluso la manera en que nuestro Padre aborda el pecado y corrige a su pueblo está llena de gracia, y no condena ni rechaza a los creyentes que han caído. Al contrario, nos recuerda lo mejor que tiene para nosotros. Esto se puede ver cuando el apóstol Pablo se dirigió a la iglesia de Corinto. Aunque varios creyentes estaban involucrados en prácticas inmorales, Pablo no los asustó ni los condenó con la pérdida de su salvación. Al contrario, les recordó con amor su identidad y valor en Dios:

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”                                  (1 Corintios 6:19-20)

En otras palabras, la reprensión de Pablo no condenó a los creyentes que habían pecado, sino que sirvió para recordarles su identidad como hijos amados de Dios, cuyos cuerpos fueron redimidos y santificados por la sangre invaluable de Jesús. Y cuando los miembros de la iglesia de Corinto se dividieron, creando facciones y compitiendo unos con otros, Pablo nuevamente los corrigió, no con juicio, sino recordándoles que en Cristo, ¡todas las cosas son suyas!

“Sea Pablo, sea Apolos, sea Cefas, sea el mundo, sea la vida, sea la muerte, sea lo presente, sea lo por venir, todo es vuestro” (1 Corintios 3:22)

Las palabras de Pablo, revelan la profundidad de la bondad de Dios hacia nosotros. Su bondad y gracia no menosprecian el pecado, sino que nos muestran una salida al pecado y al fracaso.

Jesús es la razón para recibir esa bondad incomparable

Querido joven, la razón por la que tú y yo podemos recibir libremente de la bondad incomparable de Dios es únicamente por Jesús y lo que Él ha hecho por ti y por mí en la cruz. Jesús es el único que puede redimirnos porque es perfecto, y cuando vino a la tierra, la Biblia lo describió como “todo él codiciable” y “el más hermoso entre diez mil”. Sin embargo, en la cruz, este Ser perfecto y hermoso permitió que su apariencia fuera completamente desfigurada y estropeada más allá de la de cualquier hombre. Su cuerpo fue azotado tan brutalmente que sus huesos quedaron expuestos (Salmo 22:17), y no quedó ni un ápice de piel intacta en su espalda.

Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres” (Isaías 52:14)

¿Por qué? ¡Él permitió que esto le sucediera por su gran amor por ti y por mí! Nuestro Señor, en su perfección, cargó con todos nuestros pecados, vergüenza y fealdad para que pudiéramos recibir su justicia, gloria y belleza. Este intercambio divino en la cruz demuestra la profundidad de su amor por nosotros y su inmensurable gracia, ya que ahora podemos recibir libremente lo que no merecíamos gracias a su sacrificio.

Su bondad te alcanza donde te encuentres

Al igual que una madre que se despierta con el llanto de su pequeño, nuestro Señor Jesús escucha tu llanto cuando lo invocas. Mira el relato de los discípulos en la barca con Jesús en medio de la tormenta:

“Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?” (Marcos 4:38-40)

Nuestro Señor no se vio afectado en absoluto por los vientos rugientes ni las imponentes olas (Marcos 4:37), ¡e incluso pudo dormir en medio de ellas! Sin embargo, en cuanto escuchó el clamor de sus discípulos, se levantó de inmediato para reprender la tormenta, demostrando así su corazón tierno y receptivo a nuestras necesidades. Incluso cuando los discípulos estaban aterrados por el miedo y su fe era débil, Jesús no dudó en calmar tanto la tormenta que los rodeaba como la que sentían en sus corazones. Este mismo Jesús está con nosotros hoy. No importa cuán fuertes sean las tormentas en nuestras vidas, mientras él esté en nuestra barca, ¡no nos hundiremos! Su presencia brinda paz y seguridad, incluso en medio del caos, y su deseo es que vivamos una vida sin temor al depositar nuestra confianza y fe en él.

¿Qué pasa cuando luchamos con la incredulidad? Aun así, Jesús nos ayuda con su gracia. Tomás, es un ejemplo perfecto de un creyente incrédulo que dudó del Señor y de su resurrección. Jesús no reprendió a Tomás, sino que se le apareció con gracia y le permitió tocar sus heridas (Juan 20:24-29). En el caso de los dos discípulos desanimados en el camino a Emaús, nuestro Señor se acercó personalmente a ellos, les explicó las Escrituras para fortalecer su fe y los arrepintió de su incredulidad (Lucas 24:15-32).

Estos momentos revelan la bondad y la ternura del Señor hacia los suyos. Incluso en nuestros momentos de duda o de fe débil, Él no se distancia de nosotros. Al contrario, se acerca, extendiendo su gracia para acercarnos de nuevo a Él. Su deseo es encontrarnos exactamente donde estemos, sin importar nuestra condición, y ministrarnos su amor y verdad. De igual manera, cuando tengas miedo, poca fe o cometas un error, no te condenes ni te sientas culpable. En cambio, centra tu atención en el Señor, entra con valentía en su presencia y recibe más de su gracia ¡Aleluya! ¿Comenzarás a vivir en esta verdad hoy?

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