Tercer paso de fe – “Aprendiendo a orar”

//Pr. Luis A. Núñez\\

“Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada. Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto” (Jeremías 17:5-8)

Al leer estos versos vemos que Dios nos muestra que solo hay dos maneras de vivir la vida cristiana, dos actitudes acompañadas de dos efectos: confias en la fuerza humana, algo que trae maldición o confías en Dios y traes bendición. Es simple, confiar en la fuerza humana es entrar en el merecimiento. Todo el que confía en su propia fuerza o hace algo para conseguir algo de Dios termina creyendo que merece, en cambio, el que confía en Dios depende de Él y entra en el descanso.
Por lo tanto, confiar en Dios habla de depender de Él y solo hay una manera de depender de Él, es expresando dependencia en toda área de tu vida y es allí donde se nos otorgó maravillosos recursos que nos llevarán a vivir en dependencia total a Dios, recursos como la oración, el ayuno, la Palabra, etc. Todo esto es comúnmente llamado vida devocional. En realidad, la palabra devocional deriva de “voto” que significa consagración ¡una vida de consagración! pero creo que la expresión más exacta sería ¡una vida de fe! porque solo el que cree esta dispuesto a orar, ayunar y acudir a su Palabra.
La oración es la expresión del creer, sin embargo, no todo clamor es oración y un ejemplo claro de esto es el de los discípulos que estaban en la barca que se hundía mientras Jesús dormía (Mateo 8:23-26). Cuando ellos no lograron nada en sus fuerzas, cuando hicieron todo por sí mismos y decubrieron que no podían solucionar nada, se desesperaron y fueron a despertar al maestro. Jesús les dijo enfáticamente: “hombres de poca fe”. Jesús está mostrando que su clamor no fue una expresión de confianza o fe en Él, sino simplemente una expresión de desfogue emocional.
En Lucas 8:25 Jesús les pregunta “¿Dónde está vuestra confianza?”.

Cuando ores vence toda acusación

Estoy convencido de que el mayor problema que enfrentamos en nuestras oraciones es la acusación del diablo. Cuando nos arrodillamos para orar bajo acusación y condenación no tenemos fe de que obtendremos del Señor lo que buscamos.
Todo aquel que se dispone a ser instrumento útil en las manos del Señor invariablemente va a orar. Muchos, sin embargo, se resisten a la idea de orar y buscar a Dios por un determinado milagro. Ellos se sienten incapaces, descalificados y presumen que ese sentimiento es una señal de Dios de que ellos no recibieron el don de la oración, pero esa es una gran equivocación. Este sentimiento de descalificación no procede de Dios. Apocalipsis 12:11 dice:

“Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte” (Apocalipsis 12:11)

Todos esos sentimientos que nos bloquean y nos dejan paralizados son ataques del maligno. El texto de Apocalipsis nos dice que vencemos al maligno a través de tres cosas:

• Por la sangre del Cordero.
• Por causa de la Palabra del testimonio.
• Porque, aun en la misma cara de la muerte, no amamos nuestra propia vida.

Hoy quiero centrarme básicamente en el primer punto, ellos vencieron a causa de la sangre del Cordero. Toda nuestra victoria en el mundo espiritual está basada en la sangre del Cordero. La sangre derramada por Cristo no es solo para el perdón y para salvación, sino además es la base por la cual vencemos a Satanás.
Satanás es tentador, asesino y mentiroso, pero su mayor actividad contra los cristianos es la acusación. Satanás nos acusa de día y de noche, no solo ante Dios, sino también en nuestra conciencia. El objetivo de la acusación es volvernos débiles y completamente impotentes. Él nos acusa hasta el punto de considerarnos inútiles y así, perdemos la base para prevalecer contra él en oración.
No estoy diciendo que no debemos ser sensibles al pecado, sino que no debemos aceptar las acusaciones del maligno ¿Cómo es la persona que está bajo condenación y acusación? Todo el tiempo siente que está equivocada. Cuando se arrodilla para orar, ella piensa que está equivocada y que Dios no oirá sus oraciones. Todo el tiempo pondera cuán mala e indigna es. Vive consumida por el sentimiento de incapacidad. No existe ni un momento en que no recuerde su indignidad.
Todo esto es acusación de Satanás. Quien está en esa situación es impotente ante el maligno. Nadie que acepte acusaciones puede permanecer en la posición de vencedor. Nadie puede tener una vida de oración en esta situación. Si queremos orar y obtener respuesta, necesitamos acercarnos ante Dios libres de toda acusación.
El diablo busca disimular la acusación con el sentimiento de humildad cristiana, por lo que muchos viven impotentes bajo acusación. Disminuirse y hablar de lo miserable que uno es no es humildad, sino espíritu de condenación. Humildad es reconocer que nuestra justicia procede del Señor y saber que en nosotros mismos no hay mérito alguno, sino que nos encontramos ante Dios confiados en la sangre de Jesús.
La verdad es que muchas veces pecamos, pero, aun teniendo pecado, no podemos aceptar las acusaciones del maligno, pues la sangre ya nos purificó. Si ya creemos en el perdón, debemos olvidar el asunto y quedar en paz.
El que vive en el pecado es inútil para Dios, pero tampoco el que vive bajo acusación goza de lo mejor de Dios. Si les preguntamos qué pecado cometieron, no saben que decir, pero insisten que se sienten equivocados. Nadie puede tener fe bajo acusación.
Tenemos un arma para vencer las acusaciones de Satanás: la sangre de Jesús. Ellos lo vencieron a causa de la sangre del Cordero. La sangre es la base de nuestra victoria. Eso significa que cuando el enemigo nos acuse, necesitamos declarar que sobre nosotros no hay culpa o condenación a causa de la sangre de Jesús.

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Romanos 8:1)

No hay pecado tan grande que la sangre de Cristo no pueda perdonar. Cuando el enemigo nos acuse, necesitamos solo colocarnos bajo la acción de la sangre del Cordero. Usted debe rechazar las acusaciones infundadas y también las que tienen una causa. Si usted se equivocó, solo necesita la sangre de Jesús y no las acusaciones.
Algunos presumen que, si ellos se quedan pensando en que son pecadores, entonces serán más santos. Esto no es más que carne e incredulidad disfrazadas de celo y humildad. Juan dice que la sangre nos purifica de todo pecado. No importa el tamaño ni la cantidad de veces que lo cometí. No importa si es pecado que hemos recordado u olvidado. No importa si es un pecado que pensamos que no puede ser perdonado. Juan dice que la sangre nos lava de todo pecado.
No creas en las acusaciones más de lo que crees en la sangre de Cristo. Cuando pecamos, deshonramos a Dios, pero cuando aceptamos acusaciones, lo deshonramos mucho más. Ya es vergonzoso pecar, pero no creer en la sangre es más vergonzoso todavía.
La sangre preciosa de Jesús es la base de nuestra oración. Si no sabemos el valor de la sangre, no podemos orar, porque no tendremos fe de que somos oídos. No podemos vencer si estamos llenos de culpa. El que acepta las acusaciones de Satanás está negando el poder de la sangre de la cruz.
Nosotros no vencemos a causa de nuestro mérito, ni porque hemos crecido o tenido experiencias; nosotros vencemos a causa de la sangre. Una vez que usted acepta la sangre, el poder de Satanás está anulado.

Orar es confiar en Dios

Necesitas tomar la Palabra de Dios y practicarla porque crees, así como necesitas tener comunión con Dios a través de la oración. Cierta vez, Jesús enseñó a sus discípulos a orar, esa oración es conocida como el “Padre nuestro” (Mateo 6:9-13, Lucas 11:2-4). Muchas personas la repiten todos los días de forma mecánica y religiosa, sin entender lo que están repitiendo, pero no era eso lo que el Señor tenía en mente, esa oración es un modelo de cómo debe ser conducido nuestro tiempo con Dios diariamente, es un modelo que debe ser seguido en nuestras oraciones. Usa la oración del “Padre nuestro” como modelo de tus oraciones diarias, observando los siguientes puntos:

  1. Comunión – “Padre nuestro que estás en los cielos”

El pueblo judío jamás llamaba a Dios de Padre, pero el Señor Jesús siempre lo llamó de esa forma. La única vez en la que lo llamó de Dios fue en la cruz, porque allí Él se hizo pecado, para que tú y yo fuésemos libres de toda condenación. Cristo nos enseñó a llamar a Dios de Padre, porque abrió el camino para que eso sea posible con su sangre. El apóstol Pablo dice que debemos llamar a Dios “Abba, Padre”, esta palabra se usa en medio de una intimidad profunda con Dios, Abba Padre significa “papito”. Veamos:

“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos ¡Abba, Padre!” (Romanos 8:15)

  1. Alabanza y adoración – “Santificado sea tu nombre”

Santificar es separar, es colocar el nombre de Dios por encima de todo nombre. En la Biblia, el nombre es la realidad de la persona y sabemos que Dios no puede negar su nombre, por eso nuestra fe está en el nombre del Señor. Por esta razón, santificarlo es honrarlo y exaltarlo. Nunca digas el nombre de Dios en vano y tampoco aceptes bromas con el nombre de Dios.

  1. Clamor – “Venga tu reino”

Necesitas pedir que el Reino venga. El Reino o gobierno de Dios necesita manifestarse en tu vida personal, en tu familia, en tu iglesia y en tu nación. Necesitamos anhelar su venida para dar lugar al reino milenar.

  1. Intercesión – “Hágase tu Voluntad”

Ser un discípulo es seguir la voluntad del maestro. Estar en el Reino es someterse a la voluntad del rey soberano. Necesitas orar todos los días para conocer y hacer la voluntad de Dios en todas las áreas de tu vida y pedir que su voluntad sea hecha.

  1. Petición – “Danos hoy el pan de cada día”

El pan aquí puede significar tanto la provisión material, como espiritual. Sabemos que el Señor no desea que estés ansioso por el día de mañana, por eso Él te orienta a que pidas el pan de cada día, es decir, que expreses tu confianza en Él, que descanses en Él, sabiendo que Él es tu proveedor.

  1. Confesión – “Perdónanos como también nosotros perdonamos”

Perdonar a un deudor es una expresión de gracia, es decirle al Señor: “como la gracia hace que se perdone a un deudor, perdóname por tu gracia” o en otras palabras: “Yo creo en tu perdón completo por tu gracia”.

  1. Confianza – “No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal”

Jesús fue tentado y probado, de la misma forma tú también lo serás. Las pruebas vendrán, por eso es necesario prepararse para ellas. La manera como debes prepararte es pidiendo a Dios que te libre de la tentación y de caer en ella, eso también prueba que ya no confías en ti mismo, es decir, nuestra confianza debe estar puesta en la fuerza de Cristo que está en nosotros. Necesitas saber que estás dentro de una guerra espiritual, el diablo es el seductor y tentador, esta es la razón por la que oraste para no caer en tentación, pero por otro lado, también tienes que saber que el enemigo es el destructor y él intentará, de todas formas, destruir tu estabilidad, tu alegría, tu vida, tu familia y todo lo demás. Entonces es necesario orar todos los días por la protección de Dios y creer que la victoria no radica en tus fuerzas, sino en la fuerza que Dios te da.

  1. Entrega – “Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria”

¿Por qué le decimos en la oración que el reino, el poder y la gloria le pertenecen a Dios? Porque toda la humanidad lejos de Dios busca estas cosas y en los hijos de Dios los hábitos aun carnales, llamados concupiscencias, hacen que todavía tengamos esa tendencia. Entonces es necesario declarar día tras día que todo cuanto somos y tenemos es solo por su gracia y favor derramado sobre nosotros. En esta declaración tu reconoces su señorío y su grandeza. No tenemos nada de que jactarnos, a no ser de Cristo en nosotros.

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