//Pr. Luis A. Núñez\\

Todo lo que Dios hace lo hace por medio de su Palabra y la manera de tener comunión con Él es a través de la oración. Dios y su Palabra son uno, entonces la manera de conocer a Dios es a través de su Palabra. Amar a Dios es amar su Palabra, creer en Dios es creer en su Palabra. Nunca olvides que Dios y su Palabra son uno.
“El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que ama; y el que me ama, será amado por mi padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él” (Juan 14:21)
La primera cosa que debemos comprender es que cuando la Biblia aquí usa el término “mandamiento” no se está refiriendo a los diez mandamientos o a la ley propiamente dicha, sino a la autoridad de su Palabra; por eso más adelante, en el verso 24, usa el término “palabra”, que en el original griego es “logos”, su Palabra. Aquí nos está asegurando que, si guardamos su Palabra, Él se manifestará, es decir, habla de continuidad. Él va a expresarse de manera continua y experimental, por medio de su Palabra.
- La Palabra genera fe
“Así que la fe es por el oír y el oír por la Palabra de Dios” (Romanos 10:17)
Necesitas oír su Palabra y creer en todo lo que Él dice que eres por causa de la obra consumada de Cristo en la cruz. Cuanto más oigas la Palabra, la fe crecerá mucho más en ti.
- La Palabra genera vida
La Palabra de Dios es vida en nuestro espíritu. En Juan 6:63 dice:
“El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”
Jesús dice que sus palabras son espíritu y vida; de hecho, el nuevo nacimiento aconteció por medio de la Palabra. En Lucas 8:11 vemos la parábola del sembrador, en la cual se nos dice que la semilla es la Palabra de Dios. Cada semilla genera de acuerdo a su especie, es decir, semilla de guayaba produce guayaba, simiente de gatos producen gatos y la simiente de Dios produce hijos de Dios.
“Siendo renacidos, no de simiente corruptible sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1:23)
Primero veamos dos palabras en el griego que son “spora” y “sperma”, si bien una está referida a las plantas y la otra a los animales, ambas tienen el mismo principio, son los agentes de fertilidad en el óvulo. Aclaro algo, actualmente se ha definido la espora como polen, pero polen ya viene del latín “pollen” que significa “polvo muy fino” y espora está mas referido hoy a lo que llamaríamos semilla de los hogos o líquenes, etc., pero en el griego la espora está referida a lo que conocemos como polen y el esperma a lo que hoy conocemos como el espermatozoide. Ambos fertilizan el óvulo y dan origen a un nuevo ser.
Entonces, esta palabra “renacer” es nacer de nuevo. En el griego, aquí está implícito la comparación de nuestro nacimiento natural y nuestro nuevo nacimiento. Nuestro nacimiento natural fue porque fuimos engrendrados por una semilla que perece, que habla de la naturaleza de Adán, pero nuestro nuevo nacimiento es porque fuimos engendrados por una espora, una semilla eterna, que ha sido colocada en nosotros por la Palabra y que viene a ser el mismo Cristo, porque Él es el verbo, Él es la Palabra, y por eso dice en 1 Juan 3:9:
“Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente (esperma) de Dios permanece en él; y no puede pecar (no tiene poder), porque es nacido de Dios”
En conclusión, el nuevo nacimiento en nosotros es el resultado de la vida de Dios que vino a nosotros por medio de la Palabra y que se hizo real por la fe, al oir la Palabra, que es el evangelio de la gracia, la Palabra que nos mostró la obra consumada y por la cual ahora Cristo mora en nosotros, porque esa Palabra es Cristo mismo. Un gran ejemplo de que la Palabra produce vida está en Ezequiel 37, el valle de los huesos secos.
- La Palabra de Dios es un arma
“Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios…” (Efesios 6:17)
Tú estás en medio de una guerra espiritual y tu arma es la Palabra de Dios. La Palabra es un arma que no funciona en la mano, funciona solo en la boca y en tu corazón. Por esa razón debes confesar, declarar a través de su Palabra aquello que Dios dice que Él es, lo que Dios dice que hace, lo que Dios dice que tiene, aquello que Dios dice que tú eres y aquello que Dios dice que tú tienes. De esta manera experimentarás continua victoria ante las adversidades. Por eso la Palabra dice: “conforme a lo que creí hable” (2 Corintios 4:13).
- La Palabra de Dios es alimento
“No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4)
Cuando un bebé nace, su necesidad inmediata es tomar leche para alimentarse. De la misma manera, después de haber nacido de nuevo (Primer paso de fe) nuestra necesidad inmediata es aprender a alimentarnos del Señor con su Palabra, como nuestra leche y alimento espiritual.
“Y desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, ya que habéis gustado la bondad del Señor” (1 Pedro 2:2-3)
Desea oir la Palabra, anhela ser edificado por la Palabra, ten expectativa en la Palabra.
- La Palabra nos transforma
“Hijo mío, está atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones. No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón; Porque son vida a los que las hallan, Y medicina a todo su cuerpo” (Proverbios 4:20-22)
La Palabra de Dios siempre va a producir un efecto de transformación. Cuanto más esté en nosotros, más seremos transformados y protegidos de este sistema engañoso cuyo príncipe es el maligno.
“No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2)
La Palabra que nos muestra y nos lleva a contemplar a Cristo, nos trasformará de gloria en gloria (Ejemplo de la jalea real).

