//Pr. Luis A. Núñez\\

¿Qué es el pecado? Para responder a esta pregunta veamos lo siguiente:
El Pecado (En singular – Hamartia): Es una ley o poder interno que reside en el ser humano después de la caída. Veamos algunos versículos que muestran esto:
“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29)
“¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado (anunciado que …) a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:9-12)
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12)
“Sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 6:9-11)
“Y sabéis que él apareció para quitar (Airo=cortar) nuestro pecado (singular) y no hay pecado en él” (1 Juan 3:5)
En realidad, el pecado es la naturaleza ajena a Dios, que entró en el ser humano desde la caida de Adán y la concecuencia de esa naturaleza es la separación de Dios llamada de muerte, la caída llevó a que todos los seres humanos estén bajo esa naturaleza, esclavos de esa naturaleza, pero la solución a este problema fue Cristo en la cruz. Cristo cortó y acabó con el pecado, gracias a Él es que ahora estamos muertos a esa naturaleza y vivos para Dios.
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia” (Efesios 2:1-2)
El problema del pecado ya fue resuelto por Cristo en la Cruz.
Los Pecados (En plural – Hamartema): Son acciones concretas, actos, transgresiones y ofensas externas, que son el resultado de la naturaleza de pecado y que hoy, a pesar de que en Cristo ya tenemos una nueva naturaleza, se manifiestan aun a propósito de nuestras concupiscencias o hábitos carnales.
“Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación” (2 Corintios 5:19)
“Para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:6-7)
“Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre” (1 Juan 2:12)
Considera lo siguiente, el problema del pecado fue solucionado por Cristo en la cruz y el problema de los pecados es solucionado por su sangre derramada en la cruz, por la cual somos declarados justos y sin culpa, otorgándonos su perdón completo; por causa de eso, el pecado no se enseñoreará más de ti.
“Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera. ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia” (Romanos 6:14-19)
Si deseas crecer espiritualmente, necesitas luchar contra los hábitos pecaminosos, creyendo en tu nueva naturaleza. La palabra de Dios habla mucho acerca de cómo luchar y vencer estos hábitos aun carnales, que ya no son parte de tu nueva naturaleza. En 1 Juan 1:9 leemos:
“Si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”
En este pasaje la expresión “confesar” significa tratar con los actos y sus fuentes, es decir, el constante reconocimiento de que estos pecados ya no son parte de tu nueva identidad y naturaleza en Cristo.
En proverbios 28:13 leemos:
“El que oculta sus pecados no prosperará, pero el que las confiesa y se aparta de ellos alcanzará misericordia”
En este texto las expresiones “confiesa” y “aparta” también hablan de tratar con estos actos que pertenecen al viejo hombre para que te revistas del nuevo (Efesios 4:22-24).
Por lo tanto, el acto de tratar con los pecados comprende dos aspectos: uno es delante de Dios y el otro es delante de las personas. Por un lado, delante de Dios necesitamos creer en el perdón completo que Dios nos otorgó por causa de la obra consumada de Cristo en la cruz y por otro lado, la reconciliación o lidiar con las consecuencias a propósito de las personas que fueron afectadas por nuestros actos errados.
Entonces ¿qué actitudes debemos tener con el pecado y los pecados?
- Asumir tu verdadera posición
Por causa de la victoria de Cristo sobre el pecado en la cruz, todos los pecados han sido perdonados y tú recibes ese perdón por la fe, el día en que te entregaste al Señor, el día que te convertiste. Ese perdón completo se hace una experiencia viva en ti a través del creer.
“De este dan testimonio todos los profetas, que todos los que en Él crean recibirán perdón de pecados” (Hechos 10:43)
- Tratando con los hechos
En nosotros los hijos de Dios, los pecados son el resultado de los hábitos pecaminosos que aún hay en nuestra carne, los que debemos hacer morir por el entendimiento continuo de quien eres en Cristo.
“Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas” (Colosenses 3:5-7)
“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18)
Consejo practico: Si tu pecado contra una persona encierra solo una cuestión moral, debes confesarlo y disculparte directamente y en persona al agraviado, pero si encierra dinero o perjuicios, entonces tienes que pagar aquello que debes. Si el pecado sucedió solo en tu corazón no necesitas confesárselo a la persona.
¿Entonces cómo vencer a los pecados?
Para vencer a los pecados necesitas primero comprender que ya no son parte de tu nueva naturaleza y en segundo lugar, entender que estos no suceden por casualidad, son el fruto de un proceso. Primero el enemigo llama tu atención, después él despierta un instinto natural, ese instinto se transforma en un deseo, que finalmente se transforma en una intención o acción pecaminosa.
“Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:15)
Huye, evita cualquier cosa, situación o persona que despierte los deseos de tu carne y busca alimentar a tu espíritu con oración, lectura bíblica y comunión con los hermanos.
“Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia” (Romanos 6:13)
Ora para vencer en el momento de la tentación (Mateo 26:41, 1 Pedro 5:8) Renueva tu mente, rechaza los pensamientos errados cuando ellos vinieran a tu mente, tú puedes controlar tus pensamientos; recuerda que no puedes impedir que un pajarillo vuele sobre tu cabeza, pero si puedes impedir que haga su nido encima de tuyo.
“Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5)

