Algunos principios para la casa llena

//Pr. Luis A. Núñez\\

Nuestro encargo es edificar una iglesia de vencedores donde cada miembro es un ministro y nuestro deseo es ver la casa llena, sin embargo, solo hay una forma de conseguir este propósito y es a través de una iglesia donde cada uno asume su responsabilidad y su posición en la edificación.

  1. Principio de ser y no dejar de ser

Muchos han logrado crecer, madurar y formar carácter, pero asombrosamente, por causa de algunas actitudes de otras personas se producen cambios de actitud y por ende, pérdida de valores; por esto Jesús nos dice: 

“Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian; bendecid a los que os maldicen y orad por los que os calumnian. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues” (Lucas 6:27-29)

Esta no una expresión de masoquismo o estupidez (perdonen esta expresión), sino habla de ser lo que uno es, sin dejar de ser lo que uno es por causa de la actitud de otros. La influencia va a producir autoridad, mientras te mantengas firme en el carácter de Cristo que ha sido formado en ti, lograrás desarrollar esta influencia. Si la otra persona reacciona de manera inadecuada hacia ti, no dejes de ser lo que eres. Hay un dicho que dice: “Ojo por ojo, diente por diente”, pero el desafío para el creyente es que ofrezca la otra mejilla, esto muestra una actitud de sencillez, de ser lo que eres; nota que el Señor Jesús nunca dejó de ser lo que era, nisiquiera en los peores momentos o circunstancias, ni en las peores injusticias, ni en las peores calumnias.

“Pues ¿qué mérito tiene el soportar que os abofeteen si habéis pecado? Pero si por hacer lo que es bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios. Para esto fuisteis llamados, porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas. Él no cometió pecado ni se halló engaño en su boca. Cuando lo maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino que encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2:20-23)

Un ejemplo más:

“Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él, los cuales fueron y entraron en una aldea de los samaritanos para hacerle preparativos. Mas no le recibieron, porque su aspecto era como de ir a Jerusalén. Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea” (Lucas 9:51-56)

Jesús no dejó de ser lo que era por culpa de los demás, la Biblia dice que “a lo suyo vino y los suyos no le recibieron”, aun así, no dejó de ser lo que era y hacer lo que vino hacer ¡Salvarnos! En otras palabras, esto tiene que ver con identidad, saber quién eres y para qué estás. El Señor Jesús siempre manifestó esto, Él decía: “Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia”.

Durante el desarrollo de la obra, así como en el transcurso de nuestra vida, vamos a tener muchas situaciones en que las personas nos decepcionarán de una u otra manera, siempre sucederá esto, ya hemos hablado ampliamente de esta realidad. Muchas de estas decepciones son reales y muchas son formas de percibir las circunstancias, ese no es el problema, sino cómo reaccionamos. No hay condenación de parte de Dios por tus pensamientos, por tus miedos, por tus decepciones, pero Él espera tu respuesta.

“Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda” (Salmo 139:1-4)

Los últimos versículos son la respuesta que Dios espera: 

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos, ve si hay en mí camino de perversidad y guíame en el camino eterno” (Salmos 139:23-24)

No dejes de ser lo que eres, porque de otra forma solo harás de ti una persona carnal, porque solo responderás a tus emociones y conclusiones, en lugar responder a la voluntad de Dios en tu vida.

  1. El principio del compromiso

Solo quien tiene compromiso manifiesta excelencia en lo que hace.

  1. La convicción que tengamos en algo nos llevará a comprometernos

Nadie se compromete si primero no está convencido con lo que se hace. Un culto como este puede definir el destino de toda una generación (Mateo 5:14), es necesario tener convicción de los principios o ideales en los que asumimos responsabilidades. Para comprometernos con la evangelización tenemos que estar convencidos de que somos la luz y la sal y que la gente que no tiene a Cristo está condenada eternamente. Para vivir una vida de santidad tienes que estar convencido que eres santo ¡Justo! Para estar comprometido con la salvación de las personas tienes que estar convencido de que sin Cristo están simplemente condenados. Si tengo una convicción, tendré un compromiso.

Se conoce que estoy convencido por algo por el compromiso que adquiero. Por ejemplo, la convicción del amor a una mujer te lleva a un compromiso matrimonial; de igual forma, la confianza en mi salvación trae consigo el compromiso de vivir como Dios pide. También sucede así con el servicio a Dios.

  1. Cuando adquiero un compromiso, adquiero constancia en lo que hago

Tener rutinas no es malo, pues Dios mismo estableció rutinas. Nuestro corazón y nuestros pulmones cumplen con la misma rutina todos los días, el día que la rompan sufriremos gravemente. Debemos adquirir obligaciones que nos llevarán a ser constantes y perseverantes en algo, hasta terminar la obra a la que el Señor nos llamó. Esto solo será realidad cuando adquirimos compromiso fruto de una convicción.

  1. No se llega a la meta sin compromiso

La perseverancia y la persistencia son el resultado del compromiso en algo. El premio se encuentra en la meta, al terminar, no está al inicio. Jesús es el mejor ejemplo de compromiso por amor (Juan 3:16, Juan 10:10).

3.- El principio de la expectativa 

“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante” (Filipenses 3:13)

Una vez un niño estaba pescando y un anciano que estaba cerca se dio cuenta que el niño tenía bastante éxito en su trabajo, pero lo interesante no era la cantidad de pescados que cogía, sino lo que este hacía una vez que los traía a la tierra.  El muchacho tomaba cada pescado en su mano y lo medía. Si el pescado era más largo que su mano, lo tiraba de nuevo al agua. Solo se quedaba con los pequeños. El anciano no pudo retener su curiosidad y se acercó a preguntar: “Niño ¿por qué te quedas con los peces pequeños y regresas los grandes al agua?” El niño contestó: “No puedo quedarme con los grandes ¡Tengo una fuente que mide solamente veinte centímetros!”. Muchas personasd se achican porque se limitan a una fuente de veinte centímetros. ¡No piensa en más grande, no ven más alla, no actúan para más, no esperan más! En lugar de expandir sus horizontes aumentando sus expectativas, reducen su potencial achicando sus esperanzas. Sus expectativas están limitadas a lo que ellos creen que es su mundo.

El motor de muchos emprendimientos en nuestra vida está directamente relacionada a las expectativa. Son las expectativas las que determinarán el ánimo y la excelencia en los emprendimientos, la intensidad estará definida por la influencia de tu expectativa ¿cuántos recuerdan la expectativa por un paseo cuando eramos niños en la escuela o cuántos iniciaron un emprendimiento como la elaboración de una receta o un proyecto? pues simplemente lo que determinó que caminaras hasta alcanzarlo fue tu expectativa. Es difícil esperar el éxito en lo que hacemos si no lo esperamos.

Hay personas que han perdido la expectativa de lo que un día comenzaron, lo que un día fueron sueños ahora son dudas, el futuro se veía brillante y ahora se ve borroso, se ha nublado por los amargos días del pasado, no debes dejar que tus espectativas sean nubladas por las circunstancias que pasaste.

La expectativa es el motor para caminar donde no hay camino, para ver en Dios lo que nadie ve. Toda expectativa en hombres o en circunstancias te traerá, casi siempre, decepciones, pero las expectativas en los sueños de Dios, en el cumplimiento de su voluntad siempre tendrá un final maravilloso.

Solo quien tiene expectativa en lo que Dios hace a través de ti, va a producir el impulso para levantar y formar líderes, a dejar un legado y multiplicar, es así que en esta formación tendrás paciencia, perseverancia por la expectativa. Esta expectativa no te centraba en el hoy, sino en el mañana.

“Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:16 -18)

La expectativa tiene que ver con fe, no es solo desear, es tener expectativa de lo que aun no se ve y eso te pérmitira caminar, caminar caminar, caminar. Abraham fue llevado a contar estrellas, porque era necesario que tenga expectativa acerca de su futura descendencia. Por eso los vencedores son los que aman su venida porque tienen expectativas de lo que en Él veremos.

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