//Pr. Eliud Cervantes \\
Hoy que vamos a celebrar, una vez más la Santa Cena, quisiera recordar contigo algunas verdades sobre la obra consumada y cómo ellas se aplican a nuestro día a día.
Llevó una corona de espinos por ti
“Y los soldados entretejieron una corona de espinas, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron con un manto de púrpura” (Juan 19:2)
La generación en la cual vivimos, es una generación acelerada y dependiente de su esfuerzo propio; sin embargo, no es por el trabajo duro que obtenemos la prosperidad, caso contrario, todos los que trabajan duro deberían ser prósperos, pero muchos que lo hacen, ¡todavía están en carencia! Ahora, no estamos defendiendo la pereza. Lo que estoy diciendo es que trabajar duro con el sudor de tu frente no es la forma en que llega la provisión de Dios. De hecho, si tienes que trabajar horas extras todo el tiempo y estás estresado, probablemente estás operando bajo la maldición.
¿Qué maldición es esa? Es esta: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan…” (Génesis 3:19). Y esto se refiere al estrés, la lucha y las ansiedades que vienen con el trabajo duro y, que aun así, produce poco. Ahora, el trabajo en sí no es una maldición, ya que Dios le dio a Adán trabajo antes de la caída: Adán cuidaba el jardín del Edén. Fue sólo después de haber pecado que la tierra fue maldecida y produjo espinos, y el hombre tuvo que trabajar y esforzarse duramente para comer de ella (Génesis 3: 17-18).
Pero alabado sea Dios, Jesús llevó las espinas en su cabeza para mostrarte que él ha cargado esta maldición por ti y te redimió de ella. Él llevó esa corona de espinas para que tú puedas trabajar libre de estrés y aun así tener resultados. Tú no tienes que estar preocupado y estresado día y noche como la gente del mundo para progresar en la vida. Tu Padre celestial puede llevarte allí sin preocupaciones ni estrés.
“No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y
todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” (Mateo 6:31-34)
Cada maldición que debía caer sobre tu cabeza, tipificada por la corona de espinas, cayó sobre la cabeza de Jesús. Él usó la corona de espinas para que tú puedas tener paz en tu mente. Él usó la corona de espinas por ti y tomó tu maldición para que puedas usar la corona de gloria y tomar su justicia, y todos los beneficios de esa justicia.
Hoy, no trabajes y te esfuerces duramente como los pueblos del mundo. En su lugar, ¡ten expectativa de ver las bendiciones de Dios entrar en tu vida sin sangre, sudor y lágrimas porque Jesús llevó la corona de espinas por ti!
Lo que soportó el salvador
“Cómo se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres” (Isaías 52:14)
Nuestro Señor Jesús eligió el pan y el vino como los elementos de la Santa Cena porque son recordatorios prácticos y visuales de lo que le pasó cuando fue a la cruz. Tanto el grano como la uva tienen que ser molidos antes de que podamos tener el pan y el vino.
No consigues vino comiendo uvas. Las uvas tienen que ser primero pisadas y aplastadas. Luego se dejan en la obscuridad para que fermenten. Eso es lo que le pasó a nuestro Señor Jesús.
Es importante que discernamos el cuerpo del Señor para nuestra salud. Cada vez que participes de Su cuerpo roto comiendo el pan, no lo hagas precipitadamente. Participa de una revelación de lo que Él hizo por ti, y medita en el proceso que tuvo que sufrir el pan. En los tiempos de Jesús, para conseguir pan primero había que trillar el trigo. Era un proceso violento que implicaba golpear, aplastar y cortar el trigo para separar el grano de la paja. Luego, para hacer harina, había que moler el grano en una piedra de molino o batirlo en un mortero. Después de eso, había que añadir agua y amasar la harina y luego hacerle agujeros antes de ponerla al fuego.
Todo esto es una imagen de lo que le pasó a nuestro Señor Jesús para llegar a ser el Pan de Vida para ti y para mí, fue brutalmente golpeado y molido una y otra vez durante su juicio y su crucifixión. Solo le crucificaron “cuando al fin se cansaron de hacerle burla…” (Mateo 27:27-31 NTV).
Nunca podremos imaginar o entender completamente la horrible tortura, la degradante humillación y el dolor tan insoportable que nuestro Salvador soportó por nosotros. Él padeció para que tú y yo no tuviéramos que sufrir el azote de la enfermedad de nuestro cuerpo. ¡Por los azotes que él sufrió, nosotros somos sanados! ¡Aleluya!
Él llevó todas las condiciones en cada parte de su ser
“Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. Ninguna cosa comeréis de él cruda, ni cocida en agua, sino asada al fuego; su cabeza con sus pies y sus entrañas” (Éxodo 12:8-9)
No hay exclusiones ni condiciones para el poder sanador de Dios, porque no hay exclusiones de ningún tipo en la obra terminada de Cristo. ¡Su cobertura lo abarca todo y es perfectamente exhaustiva, y todas las condiciones han sido cubiertas!
Quiero resaltar una poderosa verdad en los versículos anteriores. ¿Por qué Dios mencionó específicamente que el cordero debía ser asado al fuego con la cabeza, las piernas y las entrañas? Creo que Él quiere que veas que Jesús, tu Cordero Pascual, llevó todas las condiciones en cada parte de tu cuerpo. No hay enfermedad, lesión o dolencia que Él no haya cargado en Su propio cuerpo en la cruz.
Los israelitas habían vivido en esclavitud bajo la opresión cruel y estresante de sus amos y el horror del infanticidio. Quizá algunos de ellos padecían trastorno de estrés postraumático o sufrían ataques de pánico recurrentes. Quizá algunos tenían dolor crónico y discapacidades físicas por haber sido tratados brutalmente por sus amos. Pero cualquiera que fuere la condición que pudieran haber padecido, creo que ellos fueron sanados mientras comían la cabeza, las piernas y las entrañas asadas del cordero.
Cualquiera que sea la aflicción que puedas tener en cualquier parte de tu cuerpo, quiero que sepas que Jesús llevó todas las afecciones en la cruz. Hoy, te aliento a recibir la
Santa Comunión recordando el perfecto amor de nuestro Señor Jesús y lo que Su obra consumada ha logrado por ti. Tu parte es seguir participando del canal de salud divina que Él te ha dado hasta que veas la manifestación de tu victoria.
Dios quiere que tu familia sea salva
“Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:31)
A través de la Obra de la Cruz fuimos salvos, pero cuando Dios te salvó, Él no solo te tenía en mente a ti. Tenía a toda tu familia en mente. Por eso Su Palabra dice: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”. Ahora, esto no significa que una vez que crees en Jesús, los miembros de tu familia sean automáticamente salvos. Lo que significa es que has abierto una gran puerta para que Dios se mueva en la vida de tu familia y toque a todos los miembros de tu familia.
Así que no te preocupes por tus padres o abuelos que no son salvos. Dios sabe cómo llegar a ellos. Incluso hasta el último momento, Dios se acercará a los miembros de tu familia que no sean salvos. Jesús encontrará todas las excusas para salvar a una persona. El deseo de Dios es que toda tu familia sea salva.
Mira la obra completa en todas tus necesidades
“Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu” (Juan 19:30)
Por tanto, celebrar la Santa Cena, nos lleva a vivir debajo de una Obra consumada, completa. La pregunta es: ¿Qué ves cuando se trata de la sanidad de tu cuerpo enfermo, la restauración de tu matrimonio fracasado o la liberación de tus problemas financieros? ¿Ves una obra finalizada o una obra que aún no se ha completado?
¡Dios quiere que sepas que lo que necesitas desesperadamente que Él haga, ya se ha hecho! La obra finalizada de Jesús en la cruz satisfizo tanto el corazón del Padre que desde el trono en el cielo vino el pronunciamiento: “Hecho está” en respuesta al clamor de Jesús: “¡Consumado es!” en la tierra. Así que Dios quiere que tengas esta revelación de que todo lo que sea que necesitas que Él haga por ti, ya se ha hecho porque Jesús lo ha logrado todo por ti.
No te preocupes por lo que ves o sientes, o por la presencia de informes contradictorios. Estos son síntomas mentirosos y que aunque puedan parecer muy reales, son temporales y no la verdad. La Palabra de Dios es la verdad y permanecerá porque es eterna.
La pregunta es: ¿Qué dices tú?

