Ayuno de 21 días “Creyendo en la restitución”

//Pr. Luis A. Núñez\\

“Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:16-18)

Es interesante, el Señor Jesús en este capítulo está dando una serie de enseñanzas acerca de las actitudes que debemos tener en referencia a la ofrenda, una disciplina espiritual como la oración y finalmente llega a las instrucciones sobre el ayuno. Esta es la única vez que le vemos enseñando sobre el ayuno, ya que en otras él solo demanda ayunar. De hecho, la práctica del ayuno en el pueblo de Israel era una disciplina continua. El Señor Jesús no enseña algo nuevo, sino que les instruye acerca de la diferencia, en actitud, al ayuno del Antiguo Testamento.

Ayuno es mostrarse ante Dios

El versículo 18 nos muestra que el ayuno es una disciplina relacional con Dios, es una expresión delante de Dios, no delante de los hombres, es decir, no es una actividad que te brinda status ante los hombres, por tanto, el Señor te dice “no te muestres a los hombres, sino muéstrate ante Dios”, entonces ¿qué es lo que debo mostrar a Dios con el ayuno? o también podemos preguntarnos ¿cómo me muestra el ayuno delante de Dios? es simple, nos muestra como hombres o mujeres con plena dependencia, indefensos, que solo le creen y esperan en Él,  porque Dios lo conoce todo. El principio es simple, funciona como la oración. Muchos se preguntan, si Dios conoce todo ¿por qué debemos orar? pues simplemente ora quien tiene fe, solo el que cree puede orar, por tanto, la oración es un recurso que tenemos para expresar fe, solo quien ora puede expresar que cree, así es también con el ayuno, es una expresión de fe, de confianza, de descanso en Dios.

Por lo tanto, en el ayuno debemos tener algunas actitudes, las misma que podemos ver en el ayuno de Daniel.

1. La actitud de disponerse a entender (Daniel 10:12)

 “Entonces me dijo: “Daniel, no temas, porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte (hacerte dócil, manso) en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido”

Es tan interesante que la Biblia nos declare que desde el día que Daniel se dispuso a “entender y hacerse dócil, manso”, fueron oídas sus oraciones. Estos son dos componentes maravillosos que deben dar comienzo a nuestro ayuno y quizás esta es la parte más crucial en la vida de muchos cristianos, pues a veces estamos dispuestos a muchas cosas menos a entender, a hacernos dóciles, quebrados. Justamente por esta tendencia, la Biblia dice que seamos prontos para oír y tardos para hablar, siempre estamos listos para emitir juicios antes de entender. El humillarnos está relacionado a nuestra posición delante de Dios, mira lo que dice Santiago 4:6: 

“Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”

Ser humilde es reconocer quienes somos delante de Dios, es expresar simplicidad, reconocimiento, además es necesario expresar humildad los unos con los otros. Cuando nos disponemos a entender, quiere decir que nos disponemos a creer. Tú sabes que la incredulidad es soberbia y trae como resultado la desobediencia. Es por eso que el primer pecado de Adán y Eva no fue la desobediencia en sí, sino la incredulidad. Si entendemos cómo surgió el primer pecado del hombre, podremos entender cómo surgen los otros, pues el principio del pecado es el mismo (Génesis 3:1-6).

El primer pecado no fue terrible, desde el punto de vista de la apariencia, no fue obsceno, ni escandaloso. Adán y Eva solo comieron del fruto, nada más que eso, aparentemente. El primer pecado dio origen a todos los otros, pues el principio que lo gobernó gobierna todos los otros, aunque puedan surgir de formas diferentes. El primer pecado fue el de la incredulidad. Eva prefirió creer en lo que el diablo dijo a creer en lo que Dios había dicho. Dios dijo: “si comes, vas a morir”, luego el diablo vino y desmintió a Dios, diciendo: “es cierto que no moriréis”. Debemos entender que delante de ti tienes dos afirmaciones: la de Dios y la del diablo ¿Cuál escoges creer?” El pecado de la incredulidad, atenta contra el carácter de Dios, pues hace de Dios un mentiroso.

Dios dice: “en todo fuisteis enriquecidos“, pero el incrédulo dice: “soy pobre”. Dios dice: “cargué en la cruz tu enfermedad, pero el incrédulo dice: “tengo miedo de morir de cáncer”. Dios dice: “he aquí os doy autoridad sobre serpientes y escorpiones”, pero el incrédulo dice: “yo no tengo el don de expulsar demonios; eso es solo para pastores”. Percibe que hay muchas formas sutiles de decir que Dios es mentiroso. No siempre somos descarados, sino que en la mayoría de las veces somos sutiles. Por eso este ayuno será un tiempo de pedir a Dios revelación para entender.

  1. Debemos disponernos a entender quiénes somos

“Porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gálatas 3:26)

“Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gálatas 4:7)

Si Dios dice que somos sus hijos lo somos, no por lo que haces, sino por lo que eres. La Biblia dice que somos embajadores de Cristo, dice que somos ministros de la reconciliación, dice que somos reyes y sacerdotes, dice que somos la luz y sal de este mundo.

  • Tenemos que disponernos a entender los tiempos en que vivimos

Es necesario que entendamos si nuestras luchas son apenas naturales o son espirituales para enfrentarlas y orar por ellas.

  • Tenemos que disponernos a entender cuál es el propósito para nuestras vidas

Debemos entender que estamos en el tiempo cierto, en el lugar cierto ¡Aleluya! Dios cuenta con nosotros para el desarrollo de sus planes.

2. La actitud de disposición a no contaminarse

“Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligara a contaminarse” (Daniel 1:8)

Daniel era uno de los jóvenes escogidos para servir en la corte del Rey junto con otros, esto cuando Judá fue tomada por los Babilonios. En esa oportunidad Daniel aprendió que la gracia de Dios estaba con él, cuando se dispuso a no contaminarse con la comida del Rey. Aconteció un gran milagro en su vida, pues no desfalleció a pesar de comer solo legumbres y beber solo agua.

La palabra contaminar en nuestro idioma significa alterar la pureza de un producto, de manera nociva o infecciosa. Es decir, nunca podemos decir “he contaminado mi corazón de amor”, pero si podemos decir “he contaminado mi corazón de odio”. Esta debe ser la dispocisión de nuestros corazones, que nada contamine nuestra vida, no solo con practicas pecaminosas mundanas, sino también con actitudes sutiles y aun murmuraciones en medio de la iglesia.

“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminado”    (Hebreos 12:15)

Tenemos que tener presente que esto es serio, tanto para quien tiene el corazón lleno de amargura como para los demás, porque puede contaminar a otros. Por eso antes de hablar reflexiona primero, cuidado con transmitir amargura a tus hijos hacia tu esposo o esposa o amargura a algún líder y esa advertencia es también para los que escuchan, cuidado, no te dejes contaminar. Hay algunos que están amargados con alguien, pero no necesariamente por ellos mismos, sino que han recibido amargura de parte de otros. Lo curioso es que en algún momento los primeros solucionan su problema y tú te quedas con el enojo. Cuantos han salido de la iglesia enojados con el pastor, no por ellos, sino porque su hermano o hermana les contaminó con amargura el corazón por lo que el pastor “le hizo” ¡mucho cuidado!

“Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y entended:No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre”  (Mateo 15:10-11)

Noten que la Palabra dice que la lengua contamina el cuerpo y en Mateo Jesús dice que lo que sale de la boca es lo que contamina. Debemos tener la actitud de cuidar lo que sale de nuestra boca, las maldiciones, los insultos, los apodos, las injurias, las manifestaciones de orgullo, tenemos que tener la disposición de no contaminar nuestro cuerpo, ni el de los otros con nuestras palabras.

3. La actitud de disponerse a ser fiel, aun en medio de las circunstancias

Históricamente el príncipe Belsasar asume el reinado de los babilonios en lugar de su padre Nabucodonosor. Un día hace una fiesta para mil príncipes y hace traer los vasos de oro que habían sido traídos del templo de Jerusalén y comenzaron a beber con sus mujeres y concubinas. En medio de este suceso aparece unos dedos que realizan una escritura en la pared, que posteriormente sería interpretado por Daniel, ya que nadie más podía hacerlo. Este escrito decia que sería el fin del reinado de Belsasar y fue así, pues esa misma noche murió. Luego asume el reinado Darío, este decide organizar su reino de manera diferente y levanta ciento veinte sátrapas (gobernadores de una provincia) y tres gobernadores, entre los cuales estaba Daniel. Los sátrapas tenían que rendir cuenta a los gobernadores, es decir, debían sumisión a Daniel, entre otros. Daniel demostró ser mejor que todos ellos y el rey pensaba colocarlo por encima de todos, esto hizo que los demás buscaran el modo de acusarlo, pero no podían porque era un hombre íntegro, así que encuentran una forma. Proponen a Darío que, por el espacio de treinta días, cualquiera que se postrase para pedir a cualquier dios u hombre que no sea el propio rey sea echado al foso de los leones. El rey Darío firmó y selló el edicto.

“Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa; abiertas las ventanas de su habitación que daban a Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, oraba y daba gracias delante de su Dios como solía hacerlo antes” (Daniel 6:10)

Daniel fue echado al foso de los leones y aunque el rey Darío quiso evitarlo, no podía porque ya había dado la orden y según su costumbre, ni el mismo rey podía revocar un edicto sellado. Al día siguiente se levantó temprano, fue y encontró que Daniel estaba vivo, se alegró y alabó a Dios y luego mandó que todos los que habían acusado a Daniel fueran echados a la misma fosa, siendo devorados por los leones.

4. La actitud de disponerse a orar por su pueblo

“Volví mi rostro a Dios, el Señor, buscándolo en oración y ruego, en ayuno, ropas ásperas y ceniza.Oré a Jehová, mi Dios, e hice confesión diciendo: “Ahora, Señor, Dios grande” (Daniel 9:3-5)

Daniel reconoció que estaban sufriendo la consecuencia de su pecado, de su alejamiento de Dios y justamente por eso estaba ayunando. La cuestión del infierno o la condenación eterna de las personas es una cosa seria. Esta determinado celestialmente la condena de un mundo que no acepta la redención.

El que en él cree no es condenado; pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18) Percibe lo que dice la Biblia, dice “ya ha sido condenado”. Estando determinada la condena, ahora nuestra labor es hacer algo, si es posible algo creativo para que la gente crea. Pienso que el propósito del maligno es crear resistencia en las personas para que nosotros desistamos, pero ¿Cuántos podemos asumir el compromiso en este ayuno de no desistir de nadie? Insistir, ayunar, orar y buscar en Dios la mejor estrategia para alcanzarlos.

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