//Pr. Luis A. Núñez\\

(2 Reyes 6:24-25, 2 Reyes 7:1-20)
El Señor nos muestra de muchas maneras estas dos fases en la humanidad: La condenación y la salvación. La condenación es el estado en el que se encuentra la humanidad desde Adán, sin esperanza, una humanidad separada de Dios, destituida de la gloria de Dios (Rom. 3:23). Podemos ver esta misma condición en la esclavitud del pueblo en Egipto, ellos vivían en condenación y sin esperanza y a propósito del texto bíblico que compartiremos al inicio, también fue la condición de la ciudad de Samaria, sitiada por los Sirios y la gente destinada a morir sin esperanza. Respecto a la salvación, al igual que sucedió en Egipto, es sobrenatural. A través de las plagas, Dios ofrece salvación. Esta historia esta plenamente relacionada con la salvación que apunta a la obra de Cristo.
Un detalle interesante en la historia del sitio de la ciudad de Samaria, es que menciona que el precio de una arroba de flor de harina y dos arrobas de cebada es un ciclo, esto porque la flor de harina y la cebada están relacionadas con Cristo, la flor de harina habla del sacrificio de Cristo, de la misma forma que la cebada. Con ellas se hacia el pan de los pobres. Además es muy común leer “el ciclo del santuario”, que era la medida que definía el precio o valor de la ofrenda. En conclusión, la señal que da el profeta de la salvación de Samaria está relacionada con un anuncio profético de la salvación de Cristo. Otro detalle es que son cuatro los leprosos que gritan “Salvación”, el mismo número de evangelios que describen a Cristo y nos muestran la slavación en Cristo. Además vemos que el problema de este principe es no creer y por eso muere ¿entiendes esto? la muerte está asociada al no creer, por no creer el pueblo de Israel que salió de Egipto murió en el desierto.
No podemos callar
“Luego se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos; y si esperamos hasta el amanecer, nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues, ahora, entremos y demos la nueva en casa del rey” (2 Reyes 7:9)
Es hora de dar buenas noticias y nosotros callamos. Veamos cómo en esta historia callar se relaciona a maldad. La experiencia de encontrar comida y ropa, en otras palabras de encontrar salvación, los anima a no quedarse callados y que asuman un compromiso, de anunciar esta noticia a los demás. Definitivamente fue un desafío, pues cómo creerían los guardias a estas personas, pero ellos gritaron, no se conformaron. Esto está ligado a propósito.
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación” (2 Corintios 5:17-18)
Presta atención a esto, el “ministerio de la reconciliación” es el propósito que tenemos en esta tierra y que puede ser cumplido a través de la expresión de quienes somos en Cristo. Entendamos bien, tu propósito no es que seas nueva criatura, porque ya eres nueva criatura en Cristo, el propósito para ti no es que seas santo porque ya eres santo, sino más bien el propósito es que seas ministro de la reconciliación, es decir, tu responsabilidad es expresar lo que eres en Cristo y esta expresión te permitirá cumplir el propósito que es predicar el evangelio, llevar a las personas a creer en la obra consumada. La expresión de tu nueva naturaleza te llevará al cumplimiento del propósito, sin embargo, la expresión de tus concupiscencias, que son los hábitos carnales, detendrá el cumplimiento del propósito. Por ejemplo, si sigo siendo un pastor, líder o miembro de la iglesia, pero dado al alcohol, dado a las drogas, aun con mal carácter, mal esposo, iracundo, mujeriego, adultero, mentiroso, dado a fiestas mundanas, a las jurcas, jefe aun del sindicato de yunsadas (carnavales), etc., no podré ser eficiente en el cumplimiento del propósito, como un “ministro competente”. Entonces mi responsabilidad es expresar lo que soy en Cristo, que me permitirá finalmente cumplir el propósito. Observen este principio:
“Solamente oían decir: Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que en otro tiempo asolaba. Y glorificaban a Dios en mí” (Gálatas 1:23-24)
El hecho de ver quien fue Pablo y quien era ahora hacia que glorifiquen a Dios.
¿Cómo creerán si no hay quien les predique?
“Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio. Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:10-17)
Esta es una interrogante que nos lleva al compromiso ¿Cómo creerán si no hay quien les predique? somos responsables por las personas que estan a nuestro alrededor. Levantémonos para ser los atalayas para ellos, llevémosles a Cristo, asumamos todo desafío para que esta verdad sea compartida a ellos.
Cuidando del recién convertido
“Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor. Y el Señor le dijo: Levántate, y vé a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista. Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén; y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre. El Señor le dijo: Vé, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco” (Hechos 9:10-19)
Tenemos que cuidar de cada persona que se convierte haciéndole entender el propósito de Dios para su vida y llevándolo a la decisión del bautizo. Primero notemos que primero Ananías trató a Saulo como hermano, o sea le dio confianza. Esto fue muy importante pues probablemente Saulo se encontraba en medio de pensamientos de culpa y condenación por su participación en la matanza de cristianos. Era famoso por la muerte de Esteban. En segundo lugar, le explicó que es lo que le pasó, le mostró qué era la obra de Cristo, una salvación sobrenatural y finalmente lo llevó al bautizo, como un paso de fe, de confirmación de fe.

