Cristo como nuestro fundamento diario

//Pr. Eliud Cervantes\\

Sin título-1Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 1Co 3:9-14

Vivimos días en los cuales los hijos de Dios han desarrollado una vida cristiana muy inestable. Días en los cuales cualquier circunstancia, ya sea pequeña – el que hayan hablado mal de ti, o grande – una enfermedad, la pérdida de un ser querido, etc., hace que las personas abandonen el camino de la fe, dejen de participar de la célula o los cultos. Y la pregunta surge rápidamente: ¿Por qué? Ciertamente hay muchas posibilidades y argumentos; sin embargo, creo que lo que más afecta es la falta de revelación de quien es nuestro fundamento.

  1. Colaboradores de Dios

En este pasaje podemos ver en primer lugar que somos “colaboradores” de Dios. Entender que somos “colaboradores” es algo extremadamente importante para cada uno de nosotros como hijos de Dios. Esta palabra en el griego es “sunergós” que viene de dos palabras griegas, “sun” que es una preposición primaria que denota “unión, con o junto a” y “érgon” que quiere decir “trabajar, laborar como esfuerzo u ocupación”. Por tanto, “sunergós” nos habla de una unión tan estrecha a Dios para trabajar o laborar como esfuerzo u ocupación.

Muchos cristianos quieren trabajar para Dios, tienen deseo de hacer algo para Dios; pero sin este entendimiento de ser colaboradores de Él, ciertamente ese deseo pasará o acabará cuando las cosas no salgan como pensamos o en el tiempo que queremos que se den. La palabra de Dios dice en Ro 11:36,

“Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.”

Debemos aprender a reconocer de una vez por todas que no hay nada que por nosotros solos podamos hacer para nuestro Dios. Por tanto, debemos saber que ser colaboradores implica que la Obra de Dios exige una parte del hombre, su cooperación, inteligencia, planificación, trabajo, dedicación.

Este primer aspecto de ser colaboradores, tiene que ver principalmente con el liderazgo y por lo cual fuimos creados, lo cual involucra a todos nosotros, porque todos nacimos para liderar, para gobernar, Dios nos creó con ese propósito. “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree…” Gn 1:26

Pablo no dice que “estamos” colaborando con Dios, él dice que “somos” colaboradores de Dios. Esto nos habla de aquello que somos, de nuestra identidad en el Señor. Esa es una realidad que ya fue definida el día que fuimos creados, no será definida por las cosas que hagamos o dejemos de hacer. ¡Tú “eres” un colaborador de Dios! ¡Aleluya!

Por tanto, no hay más grande privilegio aquí en esta Tierra para una persona que ser colaborador de los cielos, ser colaborar de Dios. Es entender que estamos involucrados en una obra que no va perecer en nuestros días, que no va morir contigo, sino que va durar por toda la eternidad. Más adelante estaremos viendo la importancia de edificar según la dirección del Señor.

  1. La Labranza y el Edificio es de Dios

Luego que Pablo menciona de aquello que somos en Dios, colaboradores, el pasa a hablar sobre aquello que hacemos como colaboradores de Él, en lo cual también estamos involucrados, porque nosotros somos parte de esa obra.

Algo que debemos saber en la edificación es que por un lado somos colaboradores de Dios, pero por otro lado somos materiales de la edificación o la obra en sí misma. Por tanto, no podemos dejar de tener esa visión doble dentro de la Obra del Señor.

Cuando Pablo habla de “labranza y edificio”, se está refiriendo a la Iglesia. La iglesia es una labranza, es un edificio. Sin embargo, la labranza como el edificio, que son una misma cosa y que representan a la Iglesia, son de Dios.

Hay dos cosas que afectaron terriblemente la Iglesia a lo largo de toda su historia. Por un extremo, y el más peligroso, está el tener pastores, líderes, colaboradores que creen que la Iglesia es suya. Es por eso que ellos hacen y deshacen de la manera que desean. Manipulan a su rebaño a su antojo, ellos determinan qué tienen que hacer los miembros según sus propios deseos egoístas y mezquinos. Sus objetivos son apenas satisfacer esos deseos y cumplir sus caprichos.

Pero, por otro extremo, lo cual también es errado, está los miembros que creen erradamente al pensar que los “colaboradores” lo son todo, que sus vidas le pertenecen a ellos. Es por eso que Pablo hace una afirmación categórica en el v.5 “¿Qué pues es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído…” Debemos entender que nuestro servicio es en primer lugar para el Señor. Le pertenecemos a Él. Él nos compró con alto precio, precio de sangre. Los colaboradores, apenas somos servidores del Señor, al cual nuestra vida también la pertenece.

  1. El fundamento es Jesucristo

Toda construcción comienza con un fundamento, sin ella no tendremos una obra que prevalece. Un edificio será sólido tanto como lo sea su fundamento. ¿Qué es un fundamento? El fundamento es algo estable, firme, es la base de toda construcción. El apóstol Pablo nos dice que el fundamento es Cristo. Creo que todos sabemos lo que significa de manera teológica el significado que Cristo es el fundamento. Sabemos que Cristo es nuestro fundamento desde el día que recibimos a Cristo en nuestro corazón, por ocasión del nuevo nacimiento. Él es el inicio, lo primero de nuestra vida cristiana.

Sin embargo, en esta oportunidad mi deseo es que podamos ver a Cristo como nuestro fundamento de manera práctica, en nuestro día a día. Tener a Cristo como nuestro fundamento nos habla de poder ver a Cristo en el día a día, que Él sea la base en todo que hacemos, que Él sea nuestra seguridad, sustento, nuestra paz.

Un mundo de aflicción

La palabra del Señor en Juan 16:33 dice: “…En el mundo tendréis aflicción…”. Lo cierto es eso, este mundo está lleno de circunstancias difíciles desde el día que el hombre pecó. Con el pecado vino la enfermedad, la muerte, las tribulaciones, etc,. Vivimos enfrentando esto todos los días en la familia, en el trabajo, en el estudio y también en la vida de la Iglesia.

Ser cristianos no nos libra de enfrentar tales circunstancias; sin embargo en Cristo Jesús podemos estar seguros delante de cualquier circunstancias.

Para poder entender esto de manera práctica, me gustaría colocarles un ejemplo. Hoy en día vivimos días donde la tierra constantemente se está moviendo y los terremotos son más frecuentes. Imaginemos que la tecnología avanzó y ahora se puede saber cuando va acontecer un terremoto y en que lugar y las noticias dicen que al medio día del día siguiente habrá un terremoto de 8,0 grados en la escala de Richter. ¿Dónde esperarías ese momento crucial? ¿estarías en tu casa o saldrías a un lugar seguro? Ciertamente todos evacuaríamos a un lugar seguro. Pero, ¿qué sucedería si tu casa fuese construida para soportar un terremoto de 10,0 grados? Ciertamente los que conocen ese dato sobre la construcción quedarían en casa tranquilos; pero los que no conocen, aunque la casa no va caer, saldrían asustados de ese lugar.

Es lo mismo que sucede con muchos cristianos. Delante de las circunstancias adversas lo que va hacer la diferencia va ser tu entendimiento y revelación sobre quién estás viviendo.

No hay otro fundamento – v.11

La palabra del Señor dice que no hay otro fundamento. Sin embargo, el hombre es especialista en colocar a su vida fundamentos sobres los cuales tiene seguridad, paz, alegría, satisfacción, etc. Pero la verdad es que no hay otro fundamento, el único fundamento es Cristo. Solo en Él tendremos seguridad delante de cualquier circunstancia.

Ya estás sobre el fundamento – v.11

El fundamento ya está puesto sobre tu vida, por eso Pablo escribe en pasado. La verdad es que todos nosotros, los hijos de Dios, ya estamos sobre el fundamento, pero lo que hace la diferencia es esa revelación diaria que YA estamos sobre ese fundamento. Nunca saldremos de ese lugar, queramos o no. Él mismo dijo: “…he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” Mt 28:20

Preguntas para compartir:

  • ¿De qué manera podemos ser colaboradores de Dios?
  • ¿Qué circunstancias difíciles estás enfrentando?
  • ¿Qué fundamentos crees que has colocado sobre tu vida?

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