//Pr. Eliud Cervantes\\

La sabiduría de Dios es mayor que la sabiduría del mundo
En el mundo encontramos sabiduría, y es posible alcanzar cierto grado de éxito o prosperidad al aplicar estos principios de sabiduría natural a nuestra vida, pero por útil que pueda ser la sabiduría humana, la Palabra nos muestra algo mucho mayor.
La Biblia nos dice que cuando Dios le dio a Salomón su sabiduría, «Era mayor la sabiduría de Salomón que la de todos los orientales, y que toda la sabiduría de los egipcios.» (1 Reyes 4:30).
Aquí encontramos dos puntos notables. Primero, los pueblos del Oriente y Egipto poseían sabiduría, aunque no conocían a Dios. Y segundo, la sabiduría de Dios es mucho mayor a la sabiduría del mundo. Cuando Salomón recibió la sabiduría del Señor, esta lo elevó por encima de todos. No solo fue considerado el hombre más sabio de su tiempo, sino que esa sabiduría también le trajo tal favor y prosperidad que se convirtió en el hombre más rico de toda la historia.
La sabiduría humana también tiene sus límites
A pesar de todos sus beneficios, solo puede operar en el ámbito de lo visible. La ciencia, la medicina y la tecnología son valiosas, pero permanecen confinadas al mundo visible. Por eso el apóstol Pablo nos recuerda: “no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:18).
Entonces, que algo sea invisible no significa que no sea real. Por ejemplo: la paz que tranquiliza tu corazón, el favor que abre puertas, la alegría son bendiciones que no vemos pero que son reales. Inclusive, a pesar de todo nuestro acceso a la inteligencia artificial, la sabiduría humana no puede llevarnos a conocer a Dios .
“Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” (1 Corintios 1:21)
Dios, en su sabiduría divina, eligió lo que el mundo considera necio para que portara el mayor poder de todos: el Evangelio. No llegamos a conocerlo apoyándonos en nuestro intelecto, se requiere la revelación del Espíritu para comprender el evangelio.
Por eso debemos volver constantemente a la palabra predicada, y al mensaje de Cristo crucificado. Es por medio de esta palabra que somos salvos, sanados y liberados. ¡Y es por medio de esta palabra que lo conocemos verdaderamente!
¿Tiempos difíciles? El hombre busca poder y sabiduría
Es interesante que cuando surgen problemas, ya sea en la salud, las relaciones, el trabajo o las finanzas, las personas suelen reaccionar de dos maneras. Algunos dicen: “Necesito un milagro… Necesito que Dios haga algo”. Otros piensan: “Si alguien pudiera ayudarme a entender lo qué está pasando”. Estas dos respuestas no son nuevas. El apóstol Pablo se refirió precisamente a esta búsqueda de poder y sabiduría cuando escribió:
“Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; 23 pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura” (1 Corintios 1:22-23)
Los judíos buscaban señales. Para la mentalidad judía, la idea de un Cristo crucificado era un obstáculo. Esperaban un Salvador que viniera con fuerza visible y demostraciones milagrosas de poder, no alguien que colgara en una cruz. De hecho, según la ley, cualquiera que fuera colgado en un madero era considerado maldito (Deuteronomio 21:23). Lo que no podían ver era que el Señor cargó con esa maldición por ellos, para que sus bendiciones vinieran sobre ellos. Buscaban milagros, pero no captaron el fundamento mismo de todo milagro: la cruz.
Por el contrario, los griegos buscaban la sabiduría y el conocimiento. Valoraban el intelecto, la razón y la lógica, y aún lo hacen hoy. Por eso, para los griegos, el mensaje de salvación mediante un Cristo crucificado parecía absurdo. No encajaba con sus ideales de grandeza o fuerza. Lo que no podían ver era que la cruz no era una locura, sino la sabiduría de Dios revelada en humildad y amor .
Querido Radical Libre, sea cual sea la situación que estés enfrentando hoy, recuerda esto: Si necesitas un milagro, Jesús es el poder de Dios. Si necesitas dirección, Él es la sabiduría de Dios. Y todo fluye de un solo lugar: la obra consumada de la cruz.
Por medio de la cruz podemos recibir gratuitamente todo lo que necesitamos
Dios no pasó por alto nuestro pecado; lo juzgó plenamente en su Hijo en la cruz. Allí, la justicia se satisfizo y el amor de Dios se derramó sin medida. Ahora, la palabra griega para “salvado” en el Nuevo Testamento es sōzō , que abarca más que solo la salvación y el perdón de pecados. Habla de sanidad, liberación, protección y plenitud en cada aspecto de nuestra vida. Así que, gracias a que nuestro Señor Jesús cargó con el juicio que merecíamos y tomó nuestro lugar en la cruz, ahora podemos recibir libremente todas las bendiciones que el cielo nos ofrece.
Sin embargo, aquí es donde muchos creyentes luchan. Hay algo en nuestra naturaleza humana que se resiste a recibir lo que no hemos ganado. Necesitamos reconocer que lo que recibimos gratuitamente no fue barato. Le costó todo a Jesús. Por eso, lo más humilde que podemos hacer es simplemente recibirlo con gratitud.
Entonces, ¿cómo recibimos lo que Jesús pagó en su totalidad para que lo disfrutemos?
“Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres… lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios… y lo que no es, para deshacer lo que es” (1 Corintios 1:25–28)
Aquí podemos ver que Dios provee la plenitud de sus bendiciones a través de lo que el mundo a menudo pasa por alto. La cruz puede parecer insignificante. La palabra predicada puede parecer simple. Pero estos son los canales por los cuales el poder y la sabiduría de Dios se liberan en nuestras vidas.
¡En Cristo está el poder y la sabiduría para nosotros hoy!
Hoy, tenemos lo que tanto judíos como gentiles buscaban: poder milagroso y sabiduría divina. Tenemos el poder de Dios, que Él infunde en nuestras situaciones para transformarlas y obrar milagros. Y tenemos a Cristo mismo, la sabiduría de Dios, quien nos guía con una visión que trasciende el entendimiento humano. En Cristo, no estamos limitados a uno u otro: ¡estamos llamados a caminar en ambos!
Hay momentos en que el Señor nos da sabiduría para afrontar lo que estamos atravesando. Quizás no sepas cómo afrontar un desafío en el trabajo, pero después de orar al respecto, la solución se aclara. Es como si se te encendiera una luz. Esa es la sabiduría de Dios en acción, revelada por el Espíritu Santo, pero también hay momentos en que la sabiduría por sí sola no basta. Es entonces cuando necesitas el poder de Dios para obrar un milagro. Por eso necesitamos ser guiados por el Señor cada día. Nadie sabe qué nos deparará el mañana. Podrías ser la persona más inteligente y capaz de la sala, y aun así sentirte impotente ante lo que te espera. Pero hay Uno que lo ve todo. Él conoce el fin desde el principio, y el principio desde el fin. Radical Libre, todo lo que necesitas ya es tuyo en Cristo. Así que esta semana, acércate a Él, deja que Él te guíe, momento a momento, te dará la gracia para hacerlo y te guiará a través de cada situación ¡¿Amén?!
Preguntas para compartir:
- ¿Cuál es la diferencia entre la sabiduría del mundo y la sabiduría de Dios?
- En tiempos difíciles ¿qué es lo que el hombre normalmente busca?
- ¿Por qué hoy podemos tener acceso al poder y a la sabiduría de Dios gratuitamente?

