//Luis A. Núñez\\
Ezequiel 36:37
“Así ha dicho Jehová el Señor: Aún seré solicitado por la casa de Israel, para hacerles esto; multiplicaré los hombres como se multiplican los rebaños.”
(Ezequiel 36:37)

En esta promesa podemos ver dos principios que agradan a Dios. El primero es que Él desea que pidamos. El plan de Dios es multiplicar el rebaño, pero Él no lo hará hasta que alguien lo solicite y clame. El segundo principio que agrada a Dios es la multiplicación: Él quiere que pidamos que multiplique nuestro rebaño. Dios es un Dios de crecimiento y multiplicación. Todo lo que Dios creó y tiene vida se multiplica; la manera en la que avanzamos contra las puertas del infierno es a través de la multiplicación.
La voluntad de Dios para toda Su creación es la multiplicación. Después de crear al hombre y a la mujer, Dios los bendijo diciendo: “Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra” (Génesis 1:28). En cada semilla, Dios insertó el potencial para generar un bosque entero. Todo lo que es saludable y lleno de vida se multiplica.
En el libro de los Hechos podemos ver cómo la iglesia crecía. Primero hubo adición, pues Hechos 2:47 dice que el Señor añadía cada día a los que habían de ser salvos. Pero después, en Hechos 6:7, leemos que el número de los discípulos se multiplicaba y muchos obedecían a la fe.
En este año, cree en la multiplicación de tu célula, de tu red y de tu iglesia. Él multiplicó los panes y los peces. Los panes nos hablan de provisión; por eso, cree en la multiplicación financiera en este año. Los peces pueden apuntar a las personas. Recuerda que somos pescadores de hombres. Puede ser que hayas trabajado mucho y los peces no hayan venido, pero prepárate y lanza las redes, porque en el 2026 la pesca será maravillosa.
Pero el Señor también quiere multiplicar el aceite en las vasijas. El aceite apunta a la unción del Espíritu. El Señor va a añadirnos en todas las áreas, principalmente en la unción. Así como Eliseo, tendremos una unción doble; y en lugar de vergüenza, tendremos doble bendición. En nuestra tierra poseeremos el doble y tendremos alegría eterna (Isaías 61:7).
Los talentos también serán multiplicados. Tendremos nuevos líderes, nuevos anfitriones, nuevos discipuladores y nuevos pastores. Dios va a multiplicar aquello que tenemos en las manos. Dios siempre pregunta por lo que tenemos y no por lo que no tenemos. El mayor secreto del éxito es darle valor a lo que tenemos en nuestras manos.
Casi siempre pensamos que no tenemos la mejor formación, los mejores líderes, un local grande o recursos económicos suficientes. Pero Dios siempre toma lo que consideramos insignificante y hace de ello una solución.
Proclamamos con fe que este año será el año de la multiplicación. Ten grandes expectativas en tu corazón y deja que Dios te sorprenda.
Dale valor a lo que tenemos
¿Cuál ha sido el secreto de nuestra multiplicación? Creemos que el principal factor es darle valor a aquello que ya tenemos en nuestras manos. Le damos valor a lo que Dios nos ha confiado, incluyendo a las personas que Él nos envía. Aun los más simples entre nosotros son canales de multiplicación.
En 2 Reyes 4:1–7, una viuda endeudada busca al profeta Eliseo con desesperación. Eliseo le pregunta qué tenía en casa. La respuesta de la mujer es emblemática: “No tengo nada, sino una vasija de aceite”. Para ella, aquella pequeña vasija era insignificante. Para experimentar la unción de multiplicación, es necesario reconocer y darle valor a lo que Dios ya nos dio. Dios multiplica aquello que colocamos a Su disposición. La única cosa que no puede ser multiplicada es el cero. Felizmente, siempre tenemos algo con qué comenzar.
Tal vez, como aquella viuda, consideres tus recursos insignificantes; tal vez pienses que tu equipo o tus finanzas son equivalentes a cero. Sin embargo, en estos días tus ojos se abrirán para ver el inmenso potencial de los recursos que Dios te concedió.
La pregunta de Eliseo a la viuda es la misma que Dios te hace hoy: ¿qué es lo que tienes en tu casa? Dios siempre parte de lo que tenemos y no de lo que nos falta. Nuestra tendencia, sin embargo, es enfocarnos en lo que no poseemos: no tenemos la mejor formación, no tenemos los líderes ideales, no tenemos un gran local de reunión ni recursos financieros abundantes. Pero Dios es especialista en tomar lo que consideramos insignificante y transformarlo en una solución poderosa.
La unción de multiplicación está reservada para aquellos que, como la viuda endeudada, reconocen su necesidad y se vuelven a Dios. Siempre habrá alguien con cinco panes y dos pececillos dispuesto a colaborar con el milagro del Señor en tu ministerio y en tu vida. Cree en las personas que Dios te confió; cree en el potencial de tu ministerio. Te invito a entrar en la unción de multiplicación que hará tu ministerio tan abundante como el aceite de la viuda.
Lo que has recibido puede generar lo que te fue prometido
En 1 Reyes 17:10–14, el profeta Elías es enviado a una viuda en Sarepta. Al llegar, le pide agua y luego un pedazo de pan. La mujer afirma que solo tiene un puñado de harina y un poco de aceite. Elías le pide que primero prepare pan para él. En ese acto de entrega, la harina y el aceite se multiplican. Cuando Dios te da la oportunidad de dar, en realidad está abriendo una puerta para que recibas. Este es el método divino: usar lo que ya tenemos. Dios nunca bendice la nada, pues nada multiplicado por cualquier número continúa siendo nada.
En Éxodo 3 y 4, Dios llama a Moisés para el ministerio y le pregunta qué tenía en la mano. Moisés responde que tenía un bordón. Dios declara que por medio de ese simple cayado se realizarían grandes señales (Éxodo 4:17). En el versículo 20, aquel objeto es llamado “el bordón de Dios”. Antes era solo un bordón en las manos de Moisés; ahora es el bordón de Dios.
Dios nunca pide lo que tú no tienes. Él siempre pregunta por lo que tienes en tus manos o en tu vida. Entrégalo al Señor y Él lo multiplicará. Comienza a usar lo que ya posees.
La bendición sobre la multiplicación
La primera bendición mencionada en las Escrituras está en Génesis 1:28, y es una bendición de multiplicación: “Sed fecundos y multiplicaos”. La multiplicación permanece en el corazón de Dios, cuyo propósito es tener muchos hijos semejantes a Cristo.
Creemos que este año nuestras células se multiplicarán; será una explosión de crecimiento. La bendición ya está sobre nosotros. Creemos también en un gran milagro económico. Muchas iglesias aún enfrentan escasez de recursos, pero esa historia está por cambiar.
La gratitud como catalizador de la multiplicación
“Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió…”
(Juan 6:11)
La gratitud mueve el poder de Dios. Lo opuesto a la gratitud es la murmuración. Aquel día había apenas cinco panes y dos peces. ¿Te imaginas al Creador de todas las cosas siendo agradecido por tan poco? Cuando agradecemos por lo poco, lo poco se vuelve mucho.
Es notable que la oración poderosa no fue de autoridad ni de fe, sino de acción de gracias. Jesús no ordenó que los panes se multiplicaran; simplemente agradeció. Juan 6:23 confirma que el milagro ocurrió después de la oración de gratitud.
Cuando somos agradecidos, abandonamos la mentalidad de merecimiento de la ley y abrazamos la gracia. El favor de Dios se multiplica. Cree en la multiplicación para este año.
La multiplicación de lo que está en nuestras manos
Concentra tu atención en aquello que ya posees. En el camino de Dios, Él siempre usa lo que tienes. La multiplicación por cero es cero. Usa los líderes que tienes y los recursos que Dios te dio.
No limites la bendición de Dios. El profeta instruyó a la viuda a pedir muchas vasijas, no pocas. El aceite cesó no porque la fuente divina se agotará, sino porque las vasijas se terminaron. Ella limitó la bendición por su capacidad de recibir. Mientras había vasijas, el aceite seguía fluyendo. No limites la bendición de Dios en tu vida.
El milagro no sucedió cuando el aceite estaba en la vasija, sino cuando fue derramado. Derramar simboliza nuestra ofrenda. Cuando liberamos lo que tenemos, el recurso se multiplica. Cuanto más te derramas, más serás lleno. Así funciona la economía de Dios.
La unción trae multiplicación
En Ezequiel 47:1–7 vemos aguas que fluyen del templo, representando el poder de Dios. Primero cubrían los tobillos, luego las rodillas, después los lomos, hasta convertirse en un río imposible de cruzar caminando.
Cuanto mayor es la necesidad, mayor es el flujo del poder de Dios. Donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia. La unción se multiplica cuando fluimos como ríos.
En el libro de los Hechos vemos la progresión:
- Adición: Hechos 2:47
- Multiplicación: Hechos 6:1
- Gran multiplicación: Hechos 6:7
Prepárate para vivir un tiempo de multiplicación en todas las áreas de tu vida y ministerio. Este será el año de la multiplicación.

