El ministerio que se nos confió

// Pr. Luis A. Núñez \\

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”                            (2 Corintios 5:17-20)

  1. Una nueva naturaleza 

El versículo 17 expresa una realidad tremenda, una realidad que debe ser una constante revelación, una verdad que debe ser constantemente recordada y expresada. Este es uno de los fundamentos por el cual decimos que el cristianismo no es un cambio de actitud, el cristianismo es un cambio de naturaleza que se manifiesta con cambio de actitudes.

Es por causa de tu nueva naturaleza que las cosas viejas pasaron y ahora hay una nueva expresión de vida. “Todas son hechas nuevas”, es decir, todo lo que haces ahora tiene una nueva fuente, una nueva naturaleza, por eso dice que todo es nuevo. Desde que te convertiste la mayoría de tus rutinas siguieron siendo las mismas, pero todas estas han adquirido una nueva perspectiva, porque la fuente es nueva. Tus estudios, tu vida matrimonial, todo pensamiento, todo proyecto ahora tienen una nueva perspectiva, ahora nacen de una nueva fuente, de una nueva naturaleza.

Es por eso que ahora el pecado no es compatible con tu nueva naturaleza. Observa una vez más esto, tu espíritu fue regenerado, tu alma está siendo transformada y tu cuerpo tiene que ser disciplinado, pero ¿por qué el cuerpo tiene que ser disciplinado? porque en la carne se formaron hábitos de pecado, ahora estás en un proceso en los cuales estos son eliminados, sin embargo, el Señor nos muestra que por causa de Él y de su obra consumada somos nuevas criaturas. Por eso dice la Palabra:

“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:16-25)

Debemos vivir conforme a los que ahora somos, seres espirituales.

  1. Un encargo celestial

Toda esta verdad, toda esta obra proviene de Dios.

“Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación” (2 Corintios 5:18) 

Una vez más aclara que la obra de redención, la obra de salvación fue hecha por Dios, no tiene que ver con alguna cosa que hicimos, es decir, la reconciliación es obra de Él mismo ¿Por qué? el verso 19 nos muestra que es la expresión de su amor relatada en Juan.

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16)

Ese gran amor hizo que Dios no tomara en cuenta nuestros pecados y nos reconcilie con Él por la obra de Cristo en la cruz. Cristo abrió el camino hacia el Padre nuevamente, por eso dice que Él es el camino y Hebreos dice que Él es el camino vivo, por el cual el velo del templo se rasgó. Él nos transformó de enemigos a hijos y por causa de eso nos da un encargo celestial.

“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne” (Hebreos 10:19)

La segunda parte de este versículo dice: “y nos dio el ministerio de la reconciliación” y lo triste es que esta parte es comúnmente ignorada por la mayoría de cristianos. Este encargo, este mandato, esta expresión de la voluntad de Dios, ha sido fácilmente negociable ¡eso es impresionante! Quiero que veamos una vez mas los versículos 18 y 19:  

“Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación” (2 Corintios 5:18-19) 

Es tremendamente serio lo que se nos muestra aquí, el Señor dice que hay un ministerio llamado el de la “reconciliación”, Dios nos confió este ministerio para su ejecución y para desarrollarlo, nos encargó como parte de nuestra nueva naturaleza la “palabra” de esa reconciliación, el evangelio de Cristo, que no es sino el mismo Cristo, que es la Palabra. Es decir, que la misma Palabra de reconciliación que es Cristo o la obra de Cristo, fue colocada como parte de nuestra naturaleza y cuando hablamos de Él y de esa obra desarrollamos el ministerio.

Una señal de esta verdad, de como la “Palabra” de reconcilación está dentro de todos nosotros, es como los nuevos convertidos inmediatamente comienzan hablar de Cristo a las personas, porque es parte ahora de su nueva naturaleza, el problema es luego, cuando los cristianos dejan de tomar conciencia o poco a poco le restan la importancia a esta verdad y no ejercen este ministerio, es decir, no hacen parte de su servicio día a día, no hacen de esta expresión en su nueva naturaleza parte de su vida.

En nosotros esta la Palabra de reconciliación que es Cristo y el servicio que Dios nos entregó y confió es hacer que las personas vengan a Dios a través de Cristo, ese es el ministerio que Dios nos confió a todos. Predicar el evangelio no es un proyecto de la iglesia local, no es un proyecto del pastor, no es un proyecto sistematico para cambiar de religión a las personas, no es un proyecto de moralización de esta sociedad, es un proyecto celestial, que Dios mismo nos confió como parte de nuestra nueva naturaleza.

  1. El ruego de Dios

Si observamos el verso 20 veremos algo que nos conmueve tremendamente.

“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios” (2 Corintios 5:20) 

Primero que por causa de tener una nueva naturaleza y habernos confiado este ministerio somos embajadores de Cristo y nuestra actitud frente a las personas es la misma que Dios  tiene y ¿cuál es esa actitud? para entender debemos comprender que el ruego es la actitud intensa que alguien tiene para conseguir un efecto en otra persona, rogar habla de insisitir, habla de tocar el corazón de la otra persona y es exactamente lo que este versículo nos dice que Dios hace, es decir, la actitud de Dios no es arrogante, no es despectiva, sino contrariamente es insistente, es perseverante, es continua.

Predicar el evangelio es parte de nuestra nueva naturaleza, no es opcional como si fuera una faena organizada por la iglesia, sino es un encargo celestial, que debe ser ejercido con firmeza e insistencia, todos nosotros. Es algo por lo cual daremos cuenta un día a Dios, porque Él nos confió esa responsabilidad. Noten el versículo 21:

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21)

Es como si Dios nos volviera a recordar que por causa de su obra somos justicia de Dios en Cristo y por causa de eso es que tenemos ese ministerio y debemos rogar como si Dios mismo rogase “reconcíliense”.

Estamos viviendo momentos difíciles, mucha gente esta muriendo aun y no sabemos lo que ira a acontecer, pero por encima de las circunstancias vivamos como los embajadores de Cristo que somos, esto son los tiempos para eso, esta es la oportunidad que tenemos de servir a Dios.

El apóstol pablo hace una declaración y luego una pregunta:

“porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (Romanos 10:13-14)

Vamos a hacer de estos días días para ejercer nuestro ministerio, de responder a lo que Dios nos confió ¡aleluya!

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