La victoria sobre el desánimo

//Pr. Luis A. Núñez\\

En esta oportunidad quiero compartir respecto a la victoria sobre el desánimo y el cansancio. Uno de los desafíos que todos nosotros tenemos en nuestra vida es vencer el desánimo. El desánimo es aquella sensación de frustración que quita todo el placer de la vida. Las cosas continúan sucediendo a tu alrededor, pero tú simplemente te tornas indiferente a todo. El desánimo viene cuando las batallas se tornan mucho más largas de lo que esperábamos, las dificultades parecen demasiado grandes y aunque te has esforzado mucho, pareciera que nada sucede. Por ejemplo, muchos han orado por un hijo durante años y aún no experimentan ese milagro, otros han luchado por un matrimonio, pero las cosas parecen no cambiar o quizás has esperado por aquel ascenso en el trabajo o has creído en la liberación de aquel vicio con el cual has luchado por años, otros han orado por una enfermedad que les aqueja y están cansados de tanta espera, han sufrido y están cansados por la fatiga de la batalla. El resultado de todo lo mencionado ha sido el desánimo y cansancio del alma.  

Frente a todo esto, el apóstol Pablo dice que no debemos cansarnos de hacer el bien porque a su tiempo ciertamente cosecharemos.

“No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gálatas 6:9)

Has hecho las cosas correctas, pero no has visto los resultados que deseas, parece que todo lo que hacemos no produce ninguna diferencia, pero el Señor nos dice “No te canses, vas a cosechar. Quiero llenarte de coraje, pues el tiempo de la cosecha está llegando”. La exhortación es que no nos cansemos. El texto parece sugerir que el cansancio del alma es diferente al cansancio físico. El cansancio del alma está ligado a una decisión, es decir, nosotros nos permitimos quedar cansados cuando dejamos que ciertos tipos de pensamiento tengan espacio en nuestra mente.

¿Por qué nos cansamos de hacer el bien o de hacer las cosas de manera correcta? es porque no vemos el resultado, estamos esperando y no vemos la cosecha de nuestra siembra, pero Pablo dice que no debemos entregarnos al cansancio pues ciertamente cosecharemos si no desfallecemos. Allí está el problema, pues lo que inicialmente era solo cansancio puede transformarse en desfallecimiento y frustración si no es controlado.

No dejes que el desánimo te lleve a desistir, no permitas que pensamientos negativos te remuevan de tu posición. Algunos dicen: “Ya me cansé de esperar por ese milagro. Estoy desanimado para buscar esta bendición después de todo este tiempo”. Si tú permites que esos pensamientos llenen tu mente, tu desánimado y cansancio se agudizarán aún más, perderás el coraje. El desánimo no viene automáticamente, entra en nosotros cuando abrimos nuestra mente a ella. Eso es lo que David estaba enfrentando en 1 Samuel 30.  Él estaba haciendo las cosas de manera correcta, pero algo terrible aconteció. El profeta Samuel lo había ungido para ser rey cuando él tenía más o menos 16 o 17 años y ya habían pasado cerca de 13 años y David aún estaba deambulando en el desierto, sin un destino cierto. Un día David y 600 hombres que lo seguían volvieron de una batalla y encontraron su ciudad destruída, todos sus bienes habían sido quemados o robados y sus esposas e hijos habían sido llevados por el enemigo, ese ciertamente fue el momento más triste en la vida de David.

“Cuando David y sus hombres vinieron a Siclag al tercer día, los de Amalec habían invadido el Neguev y a Siclag, y habían asolado a Siclag y le habían prendido fuego. Y se habían llevado cautivas a las mujeres y a todos los que estaban allí, desde el menor hasta el mayor; pero a nadie habían dado muerte, sino se los habían llevado al seguir su camino. Vino, pues, David con los suyos a la ciudad, y he aquí que estaba quemada, y sus mujeres y sus hijos e hijas habían sido llevados cautivos. Entonces David y la gente que con él estaba alzaron su voz y lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar. Las dos mujeres de David, Ahinoam jezreelita y Abigail la que fue mujer de Nabal el de Carmel, también eran cautivas. Y David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues todo el pueblo estaba en amargura de alma, cada uno por sus hijos y por sus hijas; mas David se fortaleció en Jehová su Dios. Y dijo David al sacerdote Abiatar hijo de Ahimelec: Yo te ruego que me acerques el efod. Y Abiatar acercó el efod a David. Y David consultó a Jehová, diciendo: ¿Perseguiré a estos merodeadores? ¿Los podré alcanzar? Y él le dijo: Síguelos, porque ciertamente los alcanzarás, y de cierto librarás a los cautivos” (1 Samuel 30:1-8)

David aún no era rey, como Dios lo había prometido a través del profeta Samuel y aunque algún día sería rey, las circunstancias hacian parecer que esa promesa nunca acontecería. El profeta Samuel había muerto y Saúl aún era el rey, un rey controlado por el miedo y por la envidia, que persiguió a David por los siguientes años. Los capítulos anteriores muestran a David huyendo y escondiéndose junto con 600 hombres que se juntaron a él. David organizó a ese grupo de hombres desadaptados y despreciados en una fuerza de batalla llamada “los valientes de David”. En un momento de su vida, el estrés y la presión de todo lo llevaron al fondo del pozo y en su desesperación abandonó Israel y fue a buscar abrigo entre los filisteos. La crisis lo golpeó y para empeorar todo, como mencionamos anteriormente, David y sus hombres regresaron a Siglad, dónde habían dejado a sus familias y encontraron la ciudad destruida y sus esposas e hijos habían sido llevados por el enemigo.

¿Qué produce el desánimo?

En los versículos 4 al 6 vemos qué produce el desánimo y la falta de coraje, podemos ver tres actitudes:

  1. Reacción de desesperación (30:4)

Esta es probablemente la respuesta más común en la crisis. David y sus hombres lloraron hasta no tener más fuerzas para llorar. Es absolutamente normal llorar, más aún en situaciones así, pero no podemos dejarnos sobrecargar por la desesperación, eso drena toda nuestra energía, pues después de un tiempo de desesperación nuestras fuerzas se evaporan. Si alimentamos la desesperación, esta se puede convertir en autoconmiseración y la falta de coraje tomará cuenta de nuestro corazón.

  • Buscar a alguien para culpar (30:6)

¿Recuerdan cuál fue la reacción de los hombres de David? Ellos dijeron: “Todo es culpa de David, él es el líder, él debería haber planeado mejor sus acciones ¿por qué no dejó un grupo para guardar nuestras cosas cuando salimos a la batalla?”. Culpar a los otros es una manifestación de justicia propia, pues pensamos “yo soy muy bueno y no merezco esto. Este problema solo puede haber acontecido por culpa de otro”. Después que el hombre cayó, la primera cosa que hizo fue buscar un culpable. Adán dijo: “la mujer que me diste. Ella me dió el fruto”, en otras palabras, si Dios le había dado esa mujer, entonces Dios es el culpable. Cuando entramos en ese juego al final siempre culpamos a Dios.

  • Llenarse de rabia y amargura (30:6)

Toda amargura es contra Dios, pensamos que no merecemos sufrir porque somos buenos y según nosotros, Dios es injusto por permitir nuestro sufrimiento. David pudo haberse llenado de amargura contra Dios, pero él no actuó así. Por muchos años sus hermanos lo miraron con desprecio y pudo haberse llenado de tristeza y rencor, pero en vez de eso, fue a cuidar el rebaño de su padre. David cultivó una actitud de fe y alabanza, en lugar de amargura y resentimiento.

Muchas veces David tocó su arpa para que Saúl se sintiera aliviado de la opresión maligna, pero como pago Saúl intentó matarlo con su lanza varias veces. David podía haberse sentido frustrado, pues él estaba haciendo bien las cosas, pero recibió el mal como respuesta, él pudo quedarse fácilmente sin coraje y desanimado, pero continuó alabando al Señor. Cuando estamos todo el tiempo pensando en cuán injusta es una situación, perdemos la fuerza y luego nos desanimamos.

No estoy diciendo que nunca estarás desanimado, lo que quiero decir es que no permitas que el desánimo tome cuenta de tu corazón, no dejes que la fatiga de la batalla te aparte de la victoria, no pares de soñar, pues estás más cerca de la bendición de lo que imaginas.

Reanímate en el Señor

David estaba deprimido y sin coraje. Pienso que él estuvo tentado a decir al Señor: “Este es el fin de todo, estoy cansado. He hecho las cosas correctas por años y nada sucede”. Él podría haber desistido y ese sería el fin de la historia, pero nunca habría llegado al trono. En lugar de desistir, la Biblia dice que él se reanimó en el Señor su Dios, se levantó en fe y mientras los otros reclamaban y se llenaban de amargura, él se llenó de la fuerza del Señor.

Levanta la voz y confía, que mayor es aquel que está contigo que aquel que está en el mundo. Declara que tú eres fuerte en el Señor, que eres un ungido y que fuiste capacitado de forma sobrenatural para pelear la batalla de fe. Cuando hablas de manera correcta contigo mismo el coraje incrementa, la visión es alargada y el ánimo es recobrado.

Vístete con las ropas de justicia

La segunda cosa que David hizo fue pedir que le trajesen la estola sacerdotal. La estola era una pieza de ropa del sacerdote, una túnica hecha de lino. El lino es un símbolo de justicia de Cristo. Hoy nosotros somos sacerdotes reales y estamos vestidos con las vestiduras de justicia. Cuando rechazamos la justicia propia y nos vestimos con la justicia de Cristo por la fe, podemos vencer toda oposición del diablo. Cuando abrimos nuestra boca para declarar que confiamos que somos justicia de Dios en Cristo, somos habilitados para oír la dirección del espíritu que nos lleva a la victoria.

Tu victoria está a la puerta

Como David, tú puedes estar luchando desde hace mucho tiempo y la tribulación te llevó al cansancio y a un complicado momento en el que falta coraje, pero debes recordar que el propósito de Dios no cambió y su promesa va a cumplirse en tu vida como se cumplió en la de David. David no solo recobró el ánimo, sino que también persiguió al enemigo y trajo de retorno todo lo que ellos le habían robado, no solo a las familias, él recogió un gran botín de guerra. Lo más impresionante es que tres días después, el rey Saúl murió en batalla y algunos días después David fue levantado como rey de Israel, esto sucedió aproximadamente 13 años después que fuera ungido por Samuel. Cuando David enfrentó su mayor lucha, ese fue el momento en el que él estaba más cerca a ver el cumplimiento de la promesa. Cuando todo parece levantarse contra ti, la promesa está a las puertas, permanece firme, esa es la señal de que tu victoria está próxima.

Cuando enfrentamos una lucha por muchos años es fácil estar desanimado y cansado, no te canses de hacer el bien ni las cosas correctas, pues a su tiempo la cosecha llegará, no desfallezcas. Durante aquellos 13 años David tuvo que luchar contra la fatiga, el cansancio y la falta de coraje, esas cosas van a sucederte también. Muchas veces, en tiempo de lucha, de frustración, David lloró hasta no tener más fuerzas, pero él se levantó, se reanimó en el Señor. Haz esto ahora mismo, no desistas, pues la victoria está más cerca de lo que tú imaginas.

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