//Pr. Luis A. Núñez\\
“Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos” (2 Timoteo 1:9)

2 Timoteo fue escrito por el apóstol Pablo cuando estaba en una cárcel de Roma a vísperas de su muerte. No es un mensaje desesperanzador o donde él reclame porque perdió su tiempo por el Señor, ni para recordar lo que perdió, contrariamente, es un mensaje de aliento, de animar a permanecer firme en la fe y entender nuestro destino eterno.
Antes de los tiempos de los siglos
Dios es un Dios eterno y eso es impresionante, no podemos comprender plenamente la naturaleza de Dios, aquella naturaleza que trasciende el tiempo. Eclesiastés tuvo una revelación al respecto.
“Nada habrá que antes no haya habido; nada se hará que antes no se haya hecho ¡Nada hay nuevo en este mundo!” (Eclesiastés 1:9)
Es decir, tú y yo respondemos a un plan eterno, no eres una casualidad. Entonces, si confias en esta verdad, tendrás descanso pleno en tus días futuros. Tú existes en el corazón de Dios desde la eternidad y Él te amó con amor eterno
“Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia” (Jeremías 31:3)
No eres una casualidad.
Nos salvó, no por obras según su proposito y la gracia que nos fue dada en Cristo
Esta es una de las mayores afirmaciones de nuestra fe y de seguridad de vida eterna. Nuestra salvación no depende de lo que hacemos, de nuestro cambio de conducta, nuestra salvación es el resultado de lo que Cristo hizo. Cristo nos otorgó esa gracia, ese regalo, no por obras, pues no hay meritocracia en la salvación. Dios quiere que todos sean salvos, no quiere que alguien se pierda, Dios no es un Dios que trabaja en la inseguridad, en la incertidumbre, Él quiere que todos sean salvos y mostró a la humanidad, el camino para serlo, Cristo es el camino, un camino vivo y solo una condición pidió para que seamos salvos ¡Creer!
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9)
Cristo nos salvó, llevo sobre si nuestras maldiciones, Cristo se hizo maldición para que tú y yo fuésemos bendición.
“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9)
Nos llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo
Nos llamó, nos dio un propósito en esta vida, por eso hacemos lo que hacemos, predicamos el evangelio, edificamos la iglesia y este llamado no es conforme a nuestros talentos. Esa revelación te saca del merecimiento o de creer que tienes mérito alguno, algo de que jactarte y además, te saca de la acusación de creer que porque no tienes talentos no sirves. Dios te llamo por su gracia, Él es todo en ti.
“Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios” (Romanos 11:29)
Nuestro llamado es un propósito que es parte de nosotros. Es como la caparazón de una tortuga, la caparazón tiene el propósito de protegerlo, pero a la vez es parte de ella, es parte de ella misma, sin la caparazón muere la tortuga.
Nosotros fuimos llamados a un propósito y ahora ese llamado se ha convertido en un llamamiento santo, es parte de nosotros, moriremos haciendo esto, no es una opción más, es parte nuestra.

