Señales de los que aman su venida

//Pr. Luis A. Núñez\\

“Yo ya estoy próximo a ser sacrificado. El tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está reservada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4:6-8)

Pablo escribe esta última epístola, ya encarcelado en Roma, bajo la persecución de Nerón y próximo a morir, él sabe que será ejecutado. Observa, no dice “a los que desean su venida”, sino “a los que aman su venida” y es que muchas veces los deseos son circunstanciales, hoy puedes desear algo y mañana no, pero el amor nunca deja de ser, por es necesario amar su venida. Hay un propósito grande para ti  que es reinar con Él. Amar su venida es esperar ser parte de los acontecimientos futuros. José era alguien que, bajo la promesa de Dios, anheló ser parte de ella en el futuro.

“Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos” (Hebreos 11:22)

“Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob. E hizo jurar José a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos. Y murió José a la edad de ciento diez años; y lo embalsamaron, y fue puesto en un ataúd en Egipto” (Génesis 50:24-26)

Anhela con el fervor de quien ama, ser parte de los acontecimientos futuros. José no solo quería ser parte de un acontecimiento histórico, no solo quería ser un instrumento de bendición en el desarrollo de su vida, no, sino también quería ser parte de lo que vendría en el futuro. José no quería una tumba llena de la grandeza humana, él quería estar siempre en los propósitos de Dios, en el plan eterno de Dios.

Madurez es dejar de ser niño, ya hablamos acerca del “teknon” y “uios”. Una característica de madurez es dejar de pensar como niño, pues los niños solo piensan en el presente, no tienen visión de futuro. Hoy, por el creer en el amor perfecto de Cristo dejamos de ser niños para creer en el plan eterno.

¡Ama su venida y clama por ella! El Nuevo Testamento enfatiza su venida, Hebreos 11 muestra que los mártires de la fe esperaban su retorno. Aquí Pablo muestra por lo menos tres características de aquellos que aman su venida. 

  1.  Pelean la buena batalla

La palabra pelear viene del griego agonizomai, que significa también esforzarse, luchar, pelear. De allí viene la palabra agonizar, agonizar en realidad tiene el sentido de lucha por vivir que todo ser vivo manifiesta cuando está muriendo.  Pablo le dice a Timoteo “esfuérzate en la gracia que es Cristo”, obviamente no es esfuerzo propio (2 Timoteo 2:1). 

Algunos llaman a esta lucha “la batalla de la fe”, que implica varios escenarios. Una es la batalla de la fe en medio de un sistema llamado “mundo”. Nuestra fe siempre estará en oposición al sistema de este mundo. Nuestra fe es aquello en lo que creemos, creemos en Cristo, creemos en su Palabra, creemos en lo que Él nos enseñó. El sistema de este mundo ha creado y ha levantado una serie de filosofías, de enseñanzas, de modelos de vida, contra los cuales estamos en combate.

“Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio, y en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto de Dios” (Filipenses 1:27-28)

En medio de este combate no permitas ser intimidado, no te sientas disminuido por todos los que se oponen y usan muchas estrategias (burlas, confrontaciones). Judas 1:3 dice que esa lucha debe ser ardiente, agonizante.

“Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”

El segundo escenario, la batalla de la fe es contra los ataques del maligno. Tenemos una guerra espiritual, pero nuestra victoria es estar firmes en la fe.

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo” (1 Pedro 5:8-9)

Tambien La batalla de la fe  es contra nuestras emociones. Sabiendo que no eres solo tú, que muchos sufren como tú y vencen en el Señor.

Amamos su venida, amamos la razón de su venida, El vendrá para llevarnos, por eso luchamos con ardor una batalla agonizante, contendiendo ardientemente en las fuerzas de Dios, en su gracia.

  • Acaban la carrera

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”           (Hebreos 12:1-2)

Aquí Pablo nos muestra nuestra vida cristiana como una carrera y en esta carrera muchos llevan fardos encima suyo de los que tienen que despojarse. Fardos como la acusación y la condenación, pero teniendo revelación de que soy hijo amado me despojo de ese peso, de la falta de perdón, pero también me despojo del pecado que me asedia. No es solo correr, es terminar la carrera, pues muchos comenzaron la carrera, pero no la terminaron. No es como comienzas, es como terminas.

¿Cómo corremos esta carrera? con los ojos puestos en Cristo (cruzar el puente de durmientes). Observa algo, Jesús acabó su carrera. Él vino a morir por nosotros, a redimirnos, Él tenía delante algo que le producía gozo, que lo llevó a la cruz, su gozo era tu salvación, esa era su recompensa. En esta carrera Jesús continuó firme porque lo que el veía delante fue la recompensa de verte redimido, salvo ¡aleluya! Eso es lo que debemos ver ahora, por eso dice “puestos los ojos en Cristo”, en lo que Él hizo, en lo que somos por causa de Él.

Moises miraba la recompensa, es decir, él amaba lo que Dios tenia para su vida.

“Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón” (Hebreos 11:24-26)

Esperar las promesas te dan larga vida

“Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra;  Porque han visto mis ojos tu salvación” (Lucas 2:25-30)

Cuando anhelas las promesas hay una unción de vida.

  • Guardan la fe

La palabra guardar viene del griego apokeimai y era generalmente usada para el acto de separar un dinero y ponerlo en un pañuelo. Esto significa que guardar tu fe es el acto de proteger, de cuidar, de no exponer tu fe para que sea quebrada. Esa fue la oración del Señor Jesús por Pedro.

“Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:31-32)

Descargar Audio

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio