¿Debemos ayunar en el tiempo de la gracia?

//Pr. Eliud Cervantes\\

El ayuno camina al lado de la oración, sin oración, el ayuno pierde su sentido espiritual. Como la mayor parte de nuestros problemas, la comprensión del ayuno es básicamente una cosa de perspectiva. Si la perspectiva está mal, todo se convierte en malo. Es interesante que hay personas que no son tan maduras en la fe que no comprenden bien el ayuno.

Algunas personas hacen de la oración una obra de la ley. Piensan que serán aceptados por lo mucho que oran o se sienten condenadas cuando no oran. Eso es malo, pero no debemos dejar de orar solo porque algunos la usan de manera religiosa. Lo mismo se aplica al ayuno, muchos lo convierten en un tipo de negocio con Dios, lo que está fuera del evangelio; pero ni por eso debemos dejar de ayunar.

El ayuno puede ser definido como una oración intensificada. Si necesitamos orar, entonces es correcto también que ayunemos. El ayuno ciertamente es parte de la vida de un discípulo.

El cordón de tres dobleces

No tengo duda que el ayuno es una poderosa arma espiritual contra el infierno y un gran instrumento para edificar nuestra fe y ver el poder de Dios liberado. Cuando Dios coloca sueños en tu corazón que solo pueden ser alcanzados por el poder del cielo, entonces necesitas ayunar y orar. El ayuno libera la unción y el favor de Dios sobre sus hijos.

El ayuno no es simplemente estar sin comer, eso es dieta. También el ayuno no es algún tipo de penitencia practicada por fanáticos y tampoco es algo que es hecho solo por monjes que viven encerrados en algún monasterio. El ayuno es abstenerse de comida por un propósito espiritual.

En el capítulo 6 de Mateo, cuando Jesús daba la constitución del reino, él habló de tres cosas que todo discípulo haría y enseñó la manera correcta de hacerlo. Él dijo:

“Cuando, pues, des…” (v.2). “Y cuando ores…” (v.5). “Cuando ayunéis…” (v.16).

Ofrendar, orar y ayunar son las tres cuerdas de un cordón espiritual que no se rompe (Eclesiastés 4:12). Estas tres cosas, cuando la practicamos juntas producen solidez en la vida del discípulo.

Todos están de acuerdo con la oración, algunos ofrendan, pero muy pocos cristianos realmente poseen la disciplina del ayuno. Necesitamos recordar de que Jesús, que podía todas las cosas, tuvo que ayunar, mucho más nosotros tenemos que ayunar para subyugar nuestra carne.

¿Tenemos una comprensión clara del ayuno?

Antes de ayunar necesitas comprender claramente las bases del Nuevo Pacto. Sin eso, el ayuno se vuelve algo meramente religioso.

“Si crees que el ayuno es para tornarte más justo, aceptable o agradable a Dios, no es lo correcto” Fuimos justificados solo por la fe, confiados en la obra consumada de Cristo. Fuera de esa obra, nadie puede ser declarado justo delante de Dios. La justicia propia es una plaga que puede sacarte del favor de Dios. Si crees que vas a merecer algo de Dios después de ayunar, es mejor que entendamos bien primero lo que es el ayuno. Aprende primero a recibir las bendiciones de Dios únicamente por la gracia mediante la fe en la obra de Cristo.

“Si ayunas para tornarte más semejante a Cristo, no es lo correcto” Solo somos transformados cuando contemplamos a Cristo (2 Corintios 3:18). Es claro que si vemos a Cristo durante el ayuno, seremos cambiados, pero no tenemos que ayunar para contemplar al Señor.

“Si crees que el ayuno hace que estés más cerca de Dios, no es lo correcto” Tú ya eres uno con Dios. “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.” (1 Corintios 6:17). No es la comida o el ayuno que nos va acercar a Dios, fuimos acercados por la sangre de Jesús. “porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17). El reino de Dios no es comida, tampoco ayuno.

“Si quieres comprar la bendición de Dios con el ayuno, no es lo correcto” Él ya nos dio todas las bendiciones enteramente por la gracia, necesitamos simplemente creer que ya somos bendecidos con toda bendición espiritual en las regios celestiales en Cristo (Efesios 1:3). Todas las bendiciones, como la salvación, la salud, la libertad y la provisión nos viene por la gracia y solo por la gracia.

¿Para qué ayunar?

El ayuno es una estrategia espiritual destinada a canalizar y expresar nuestro deseo por Dios y nuestro santo descontentamiento con este mundo caído. El ayuno es para aquellos que no están satisfechos y desean disfrutar más del Señor. Es para aquellos que quieren más de la gracia de Dios. Para aquellos que se sienten verdaderamente hambrientos por Dios.

“El ayuno libera la unción, el favor y la bendición de Dios sobre sus hijos.”

Las Escrituras incluyen muchas formas de ayuno: persona y comunitario, público y privado, congregacional y nacional, regular y ocasional. El ayuno puede incluir la abstinencia de todo lo que es legítimo en sí mismo por causa de un algún propósito espiritual especial; pero el ayuno normal significa estar sin comer durante un periodo de tiempo especial (en nuestro caso serán 21 días), teniendo un propósito espiritual específico.

Existen muchos textos bíblicos que mencionan el ayuno, los dos más importantes están en el Evangelio de Mateo. El primero es Mateo 6:16-18, que sigue la secuencia con las enseñanzas de Jesús sobre la generosidad y oración. El ayuno es tan básico para el cristianismo como dar la ofrenda y orar a Dios. La clave aquí es que Jesús no dijo “Si ayunas…”, sino Él dijo “Cuando ayunéis…”.

El segundo texto está en Mateo 9:14-15. Allí está la respuesta si los cristianos hoy en día deben ayunar o no. La respuesta de Jesús es un retundo sí.

Cuando Jesús, nuestro novio, estuvo aquí en la tierra entre sus discípulos, fue un tiempo de fiesta; pero ahora que Él fue “quitado” de sus discípulos, por eso hoy ellos ayunan. Hoy el novio está ausente, por eso esperamos su regreso.

La palabra nos muestra que los primeros discípulos mientras adoraban al Señor y ayunaban el Espíritu Santo trajo una dirección para la Obra.

Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (Hechos 13:2)

Aquí podemos ver que el ayuno camina al lado de la oración. Sin la oración el ayuno pierde sentido espiritual.

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