//Pr. Luis A. Núñez\\
“Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían” (Lucas 5:1-7)
- Fuimos llamados a ver lo que no se ve
Esta porción de la Palabra nos muestra que Simón y los otros ya habían estado allí tratando de pescar y no había peces, esa era la realidad natural, sin embargo en ese momento el Señor les dice que es necesario ver con ojos de fe. Toda la noche habían trabajado y no encontraron nada y ahora el Señor les dice que vuelvan mar adentro, esto no tiene sentido, pues acaban de limpiar sus redes, algo que es muy trabajoso y cansado, sobre todo para quienes pasaron toda la noche trabajando y ahora tendrán que volver a ensuciarlas. Simón y compañía son conducidos a ver con fe lo que no se ve naturalmente, a hacer lo que parece vano. La fe siempre nos lleva a ver lo que naturalmente no se ve, así fue con Abraham, con José, con el pueblo de Dios en su salida de Egipto, etc. Toda nuestra vida crsitiana se basa en eso, es pues la fe llamar las cosas que no se ven como si fueran ¡aleluya!
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1)
“no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:18)
Un ejemplo negativo, a propósito de la fe, fue el deseo del pueblo de Dios de enviar espías a la tierra prometida, era señal de que querían ver para creer. Jesús le dijo a Tomás: “bienavuenturados los que sin ver creyeron” (Juan 20:29).
- El desafío de la fe es cuando el desánimo nos inunda
La Palabra nos narra que estaban lavando sus redes ¿te imaginas este acontecimiento? si pudiésemos hacerles una evaluación emocional a estos pescadores ¿Cuál sería el resultado? Primero, el 90% de los pescadores de ese tiempo vivían del día a día, salvo los que eran propietarios de varias embarcaciones (algo así como empresarios), esto ya de por si era un desgaste emocional ¿Qué llevarían a casa? es obvio pensar que el resultado de este test sería frustración y cansancio. Estas dos condiciones son los dos componentes principales o el caldo de cultivo perfecto para ser atacados en nuestra mente, es en medio de ellas donde pensamientos, aparentemente nuestros, afloran, digo aparentemente porque la mayoría de ellos vienen del maligno, porque el campo de batalla ahora es nuestra mente.
En la parábola del buen sembrador el Señor nos dice que cuando la semilla, que es la Palabra, fue lanzada, una parte cayó en el camino, refiriéndose al corazón, es decir, la mente y vinieron las aves, que representan al maligno y robaron esa palabra, pues la manera como el maligno roba la palabra no es produciendo amnesia, sino colocando duda, mostrándonos aparentemente la realidad, por eso dice la Palabra:
“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne. Porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas de parte de Dios para la destrucción de fortalezas; destruyendo consejos, y toda altura que se levanta contra la ciencia de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia del Cristo. Y estando prestos para castigar a toda desobediencia, cuando vuestra obediencia fuere cumplida ¿Miráis las cosas según la apariencia? El que está confiado en sí mismo que es de Cristo, esto también piense por sí mismo, que como él es de Cristo, así también nosotros somos de Cristo” (2 Corintios 10:3-7 RV2000).
La Biblia nos muestra que hay fortalezas que se levantan contra el conocimiento de Dios, que ha sido formado en ti, ese conocimiento se centra en el amor de Dios por ti a través de Cristo. El plan del maligno es levantar fortalezas para destruir ese conocimiento que es la base de nuestra fe. Quien deja de creer en el amor de Dios, que llevó a Cristo a la cruz en tu lugar y que por la fe te salvó, perdió toda firmeza, perdió fuerza y es invadido por la angustia, por el miedo, por la desesperanza. Quiero que imagines una batalla, en la que el maligno, usando esta pandemia, lanza dardos de fuego, dardos de miedo ¿quiénes son alcanzados y heridos? ¿será que son alcanzados los que Dios no cuida? un pensamiento absurdo ¿será que son a los que Dios les dio la espalda? eso jamás acontece, aunque algunos creen erradamente de esta forma. La Biblia dice que Dios nos otorgó una armadura de guerra y entre los elementos de esta armadura está el escudo de la fe, entonces entendemos que quienes fueron heridos no usan la fe, perdieron la fe.
¿Como retomar nuestra fe? La palabra dice que llevemos cautivo todo pensamiento, es decir, las fortalezas malignas formadas en nuestra mente, como miedo, incertidumbre, etc, deben ser llevados cautivos a la obedicencia de Cristo, es la obediencia de Cristo la que nos dió vida, es la obediencia de Cristo la que nos dió la posición de hijos amados.
“Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos” (Romanos 5:19)
Los pensamientos del maligno dicen que cuando pecas pierdes la justicia, el amor de Dios y su cuidado, entonces te ves como alguien con muchas fallas y llegas a creer que todo depende de tu obediencia, sin embargo, la Palabra de Dios declara que todo depende de la obediencia de Cristo. La obediencia de Cristo es lo que nos hace justos, por eso Pablo dice que debemos llevar cada pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo, debemos enfocar nuestro pensamiento en la obediencia de Cristo. En el momento en que te enfocas en tu obediencia o la falta de ella, el enemigo toma ventaja en tu contra. El enemigo dirá: “Mira, has pecado, ahora ya no eres justo, ya no eres tan digno, no eres tan santo como para que Dios se preocupe de ti”, pero si nos enfocamos en la obediencia de Cristo, permaneceremos firmes sobre la base de que somos justos en Cristo ¿Significa esto que nuestra obediencia no es importante? ¡Claro que no! Más adelante el mismo Pablo dice que después de eso, estaremos listos para eliminar cualquier desobediencia, una vez que nuestra sumisión sea completa.
- La esperanza que nos encarrila en la fe
Todos lidiamos con incertidumbre que producen las noticias, las malas noticias y sé que una de ellas es oír acerca de hermanos en la fe que fallecieron o están en UCI, estas noticias intentan desestabilizarte, sin embargo, nosotros debemos tener una esperanza continua, toda prueba debe producir en nosotros ESPERANZA. Esta esperanza no nos debe avergonzar, el diablo va usar medios y personas para intentar avergonzar tu esperanza, porque sabe que esa esperanza es señal de nuestra fe, una fe basada en el conocimiento de su amor. Porque sabemos que ese amor fue derramado en nosotros es que tenemos esperanza. Entiende por favor, el propósito de las fortalezas malignas es destruir ese conocimiento, el conocimiento del amor de Dios para que pierdas la esperanza.
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:1-5)
Presta antención a estos versículos:
“En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración” (Romanos 12:11-12)
Es decir, debemos tener actitudes este tiempo, como no ser perezosos, ser fervientes, que significa apasionados, sirviendo al Señor y estar gozosos en la esperanza, sufridos en la tribulación y ser constantes en la oración ¡Esta es una vida piadosa! Hay tribulación, si, pero tenemos gozo en la esperanza, sea lo que sea yo espero en Dios y cuanto más espero, nuevas fuerzas tengo. Quien dejó de tener esperanza en Dios es porque las fortalezas en su mente ganaron terreno y destruyeron el conocimiento, la revelación que tenía del amor de Dios.
“El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Corintios 13:8-13)
Incluso la revelación que tenemos de su amor es apenas una parte de lo que en realidad es, en su tiempo conoceremos la totalidad de ese amor, pero ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, pero el mayor de ellos es la revelación de ese amor, porque a partir de la revelación del amor yo tengo esperanza y fe ¿comprendes esto? Toda fortaleza del maligno será levantada para destruir ese conocimiento y la única manera de vencer es llevar todo pensamiento cautivo a la obediencia de Cristo. Es tiempo de declarar cada dí, en cada momento, quién eres en Cristo, lo que tienes en Cristo ¡Aleluya!

