//Pr. Luis A. Núñez\\
“…ahora te envío, para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26:17-18)
Pablo está ante el rey Agripa y declara la misión que le encomendó el Señor Jesús que es la predicación del evangelio para que las personas se conviertan, sean salvas, pasando de las tinieblas a la luz, de la esclavitud de Satanás a la vida con Dios y como consecuencia de esa fe en Cristo, en la obra redentora, en la obra consumada, recibir por la fe dos cosas importantes: perdón de pecados y herencia entre los santos (Herederos de toda bendición, herederos del Reino). Veamos primero lo siguiente:
Inicio del pecado
Desde Adán el pecado entró en el hombre y por causa de esto la muerte.
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12)
Desde allí toda la humanidad heredó la naturaleza de pecado, una naturaleza que lo separó de Dios, porque Dios es santo, santo santo.
“Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23)
“Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; (se arruinaron) no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:10-12)
Toda la humanidad fue condenada a morir lejos de Dios.
La obra perfecta
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos) y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:4-6)
¿Cómo hizo esto?
“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas” (1 Pedro 2:24-25)
La palabra “muertos” es una palabra particular en el griego para para definir “ausente”, es como si en nuestro lenguaje dijéramos “ya fue”; entonces este versículo está diciendo que Él murió en la cruz llevando nuestros pecados para que nosotros “estando ausentes de pecado”, ahora vivamos en la justicia, somos declarados inocentes (justificados).
Dios mismo había prometido esto en el Antiguo Testamento
“Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados” (Romanos 11:27)
Sus planes son perfectos, Cristo es la muestra de su amor eterno por nosotros.
“Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén” (Romanos 16:25-27)
Primera conclusión
Cristo llevó nuestros pecados en la cruz librándonos de toda condenación y maldición y nos purificó de todo pecado, perdonándonos de todos ellos en la Cruz. Por supuesto, cuando Cristo murió en la cruz tú y yo no habíamos nacido y aun no habíamos pecado, pero fuimos perdonados, es que Él es la fuente de perdón, en Él siempre encontraremos perdón.
“En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7)
Aquí el uso del verbo perdonar no es en pasado, sino en presente continuo, es decir, “en quien estamos siendo perdonados” ¡Aleluya! Por eso decimos que Él nos perdonó los pecados pasados, presentes y futuros. En Él tenemos perdón continuo.
¿Cómo afecta esta verdad nuestra vida?
“Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungirle. Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepulcro, ya salido el sol. Pero decían entre sí: ¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande. Y cuando entraron en el sepulcro, vieron a un joven sentado al lado derecho, cubierto de una larga ropa blanca; y se espantaron. Mas él les dijo: No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron. Pero id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis, como os dijo” (Marcos 16:1-7)
“Y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas a los once, y a todos los demás. Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas a los apóstoles. Mas a ellos les parecían locura las palabras de ellas, y no las creían. Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido” (Lucas 24:9-12)
¿Pedro no era discípulo? Claro que lo era, entonces ¿por qué Jesús dijo “a los discípulos y a Pedro? es que Pedro había sido perdonado. Pedro dijo: “¿Me quiere ver a mí?”. Entonces salió corriendo para comprobar lo que escuchó, no podía creer que después de todo lo que hizo lo quería ver, contaba con él, estaba perdonado ¡Gloria a Dios! no hay nada que no pueda ser perdonado por Él, porque Él es Amor. Solo cree en su perdón y confía en Él y líbrate de toda acusación.
La vida victoriosa radica en creer en su gracia, en su perdón
El perdón es la muestra de su gracia; no es permiso para seguir pecando. El perdón completo de pecados nos muestra su amor por nosotros cada día y la oportunidad que tenemos en Él de vivir en su voluntad. Para aceptar el perdón debes saber que eres amado por Dios. En el libro de Juan, en varias oportunidades, dice: “El discípulo a quien Jesús amaba” (Juan 21:7), pero esta expresión no hay en los otros evangelios, es decir, el propio apóstol se llamaba así mismo “el discípulo a quien Jesús amaba” y esta es la victoria sobre toda acusación, sobre todo desafío, entender que eres el discípulo amado de Jesús, tú eres el amado de Jesús.
“Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas y cuyos pecados son cubiertos” (Romanos 4:7)

