Somos hijos amados

//Pr. Eliud Cervantes\\

Todas las cosas en este mundo atacan la verdad de que somos amados de Dios. Todo nos lleva a sentir que no somos importantes ni amados, a ser sólo un rostro más en la multitud, un número más en las estadísticas. Sin embargo, la verdad es que nuestro Padre nos conoce por el nombre y nos ama, sabe cuántos cabellos tenemos en la cabeza porque nos ama.

Jesús venció la acusación de los fariseos y la traición de los hombres porque sabía que era amado. Cuando creemos que no somos amados pensamos que nuestras fallas cambian el amor de Dios por nosotros, siempre que esto sucede, nuestra fe se vuelve más débil. No es difícil creer que somos amados cuando actuamos correctamente, pero la prueba de la fe es creer en el amor de Dios cuando fallamos.

No sabemos cuántas veces el Padre haya declarado que Jesús era su hijo amado en quien tenía todo su placer, pero está registrado que lo hizo el día su bautismo y el de su transfiguración.

“Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”         (Mateo 3:16-17)

 El día del bautismo el cielo se abrió para Jesús. Necesitamos tener claro que el cielo se abre únicamente para Él. Si traes a Jesús a tu vida, entonces el cielo se abre sobre ti; si traes a Jesús a tu matrimonio, el cielo se abre sobre tu matrimonio; si traes a Jesús a tu negocio, el cielo se abre sobre tu empresa. El cielo no está abierto para nosotros, lo está solamente para Jesús, si estamos en Él y Él en nosotros, el cielo estará abierto para nosotros.

Hasta ese momento Jesús no había hecho nada, ningún milagro, pero ya era amado. Así como Él, no somos amados por algo que hayamos hecho, sino únicamente porque somos hijos.

Luego el Señor fue llevado al desierto para ser tentado por el diablo, en este momento el enemigo le dijo:

“Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan” (Mateo 4:3)

Observa que no dijo: “Si eres hijo amado de Dios, di que…”. Omitió el “amado” porque sabe que cuando entendemos que somos amados, la tentación pierde completamente su poder.

Sabemos y creemos que somos amados 

Una cosa es saber que Dios nos ama, otra cosa es creer que de hecho nos ama. No es suficiente saber que somos amados también necesitamos creerlo. Finalmente, no es la verdad que libera, sino el conocimiento de la verdad (Juan 8:32). Sin embargo, después de conocerla es necesario responder creyendo.

“Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él” (1 Juan 4:16) 

Es por esto que Juan dice que hemos conocido y creído en el amor que Dios tiene por nosotros. No basta conocer, necesitamos creer que somos amados.

“En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio; pues como él es, así somos nosotros en este mundo” (1 Juan 4:17) 

La expresión “día del juicio” también podría traducirse como “día de la crisis”. La persona que cree que es amada permanece firme cuando viene el día malo pues sabe que es amada y por eso permanece tranquila en medio de la lucha.

“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor” (1 Juan 4:18) 

La palabra “castigo” aquí es se refiere al miedo de la condenación de Dios. Si tienes miedo del futuro, miedo de no tener lo suficiente, miedo de perder a alguien o miedo de quedar enfermo, entonces no te has afirmado en el amor porque el verdadero amor hecha fuera el miedo.

Nuestro amor ciertamente es imperfecto, por lo tanto, el perfecto amor no se refiere al nuestro sino al amor de Dios por nosotros. Cuando sabes y crees en cuán amado eres, el miedo es echado fuera. “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Amamos porque Él nos amó primero, nuestro amor es apenas el reflejo del conocimiento que tenemos de cuán amados somos.

Declara que eres amado 

En Apocalipsis 2:4 vemos una reprensión a los hermanos de la iglesia de Éfeso porque habían abandonado el primer amor. Muchos enseñan que el primer amor es ese amor inicial que tuvimos hacia el Señor cuando nos convertimos, lo cual no es incorrecto, pero hay algo aún más precioso.

En 1 Juan 4:18 dice que le amamos apenas porque Él nos amó primero. Entonces, el primer amor no es el mío, sino su amor por mí. Abandonar el primer amor es olvidar cuánto el Padre nos ama. El punto central es el amor de Dios por nosotros, no nuestro amor por Él. Nuestro amor por Él es apenas una respuesta al amor que recibimos. Cuando entendemos que somos amados, lo amamos.

Cosas buenas suceden con el que sabe y cree que el Padre lo ama. Su autoestima siempre estará en un terreno estable pues no depende de su posición, de su clase social, de su profesión o de su nombre. Nunca te gloríes en tu amor por el Señor, sino gloríate en cuánto Él te ama. 

No comas el cordero crudo

En el Antiguo Testamento, cuando el pueblo iba a ofrecer una ofrenda pacífica, normalmente era un cordero. De ese cordero eran separados el pecho y el muslo, que eran asados y dados al sacerdote. El pecho era mecido delante del Señor y simboliza el amor de Cristo. El muslo (espaldilla, en algunas traducciones) es la parte más fuerte del cuerpo y representa el poder de Cristo, el muslo debía elevarse delante de Dios. Cuando tenemos una ofrenda mecida y otra elevada obtenemos la imagen de la cruz.

“El sacerdote quemará la grasa en el altar, pero el pecho será para Aarón y sus hijos. Al sacerdote se le dará, como contribución, el muslo derecho del sacrificio de comunión […] Porque de los sacrificios de comunión que ofrecen los israelitas, yo he tomado el pecho mecido y el muslo para dárselos, como contribución, al sacerdote Aarón y a sus hijos. Este será un estatuto perpetuo entre los israelitas” (Levítico 7:31-32, 34 NVI)

Esta es la comida de los sacerdotes. Somos esos sacerdotes y nos alimentamos del pecho, es decir del amor del Señor y también de su muslo que es su poder. Amor y poder son nuestra dieta espiritual y la tenemos porque nos alimentamos de Cristo.

Sin embargo, el cordero no podía comerse crudo, sino asado en el fuego. Aquí el fuego apunta para la ira del juicio de Dios sobre el pecado. Cuando Cristo estaba en la cruz soportó el fuego de la ira de Dios. Es por eso que Jesús exclamó: “¡Tengo sed!” (Juan 19:28); porque estaba siendo quemado por el fuego del juicio de Dios.

¿Qué significa comer el cordero crudo? 

Hoy, aquellos que no creen en la redención de Cristo intentan comerlo crudo. Eso quiere decir que tales personas lo consideran como un buen ejemplo de hombre, pero no como la redención de Dios por nosotros. Eso es intentar comer el cordero crudo, como si no hubiese pasado por el fuego del juicio de la cruz.

Muchos no logran alimentarse del amor del Señor simplemente porque tratan de alimentarse del amor del Padre con la mirada en las circunstancias. No tratemos de ver el amor de Dios en las circunstancias, en cambio, miremos hacia la cruz. Dios prueba su amor por nosotros en la cruz y no a través de las circunstancias transitorias. 

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8) 

Vences cuando entiendes que eres amado 

“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37)

Nunca sabrás cuánto Dios te ama hasta que entiendas cuánto el Padre ama a Cristo. Debes entender cuán amado es Cristo y que, aun así, Dios Padre lo entregó para tenerte. Esto muestra cuán amado eres, Dios entregó lo más precioso que tenía para tenerte.

El punto central no es cuánto amas a Dios, sino cuánto Él te ama. Cuando entiendes que eres amado espontáneamente responderás con amor. Primero descubrimos cuán amados somos por causa del gran precio del Calvario, cuando lo entendemos, nuestra respuesta espontánea es amar al Señor. Lo amamos porque Él nos amó primero.

¿Cómo podremos liderar y enfrentar las guerras contra el enemigo si todavía tuviéramos dudas de que somos amados incondicionalmente? Jesús venció la acusación de los fariseos y la traición de los hombres porque sabía que era amado. No es difícil creer que somos amados cuando actuamos correctamente, pero la prueba de fe es creer en el amor de Dios cuando fallamos. La verdad es que el amor de Dios no se altera, si declaras en fe que eres amado por Dios en esos momentos, te llenarás de poder para vencer toda circunstancia ¡Aleluya!

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