“Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó por tentarle, diciendo: Maestro ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:35-40)

Esta porción en la Palabra es la base de todo relacionamiento. Dios le da la importancia al relacionamiento ¿cómo podríamos amar a alguien si no aprendimos a amar a Dios? No podemos pensar en el relacionamiento sin el amor verdadero en toda area, tanto con los padres, amigos y principalmente con Dios.
En este tiempo Dios desea que muchos matrimonios sean de influencia, de mucha bendición y llenos de proposito. Hoy en día hay muchos matrimonios que se están rompiendo por falta de este primer fundamento que es el amor verdadero.
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2)
La Palabra nos motiva a entrar en el pensamiento de Dios. Él vive en medio del relacionamiento (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Esa es la base, un solo sentir. Quienes se relacionan adecuadamente con Dios son aquellos que entendieron esta base.
Los caminos de Dios no siguen la lógica del mundo, estamos llamados a caminar en la mentalidad de Dios, mentalidad que nos lleve a tomar las mejores decisiones para entrar en una relación y disfrutar de cada proceso hasta el matrimonio.
La pasión consecuencia del amor
“Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” (Apocalipsis 2:2-5)
En este tiempo muchos deseamos grandes relaciones sin considerar cómo está nuestra relación con Dios y por consecuencia, cómo está nuestra pasión en cada área en nuestras vidas. No podemos disfrutar de un buen relacionamiento sin antes aprender a disfrutar y deleitarnos en Dios. Muchos jóvenes llegamos, sin darnos cuenta, a un nivel de tibieza espiritual en nuestras vidas, a pesar incluso, de hacer muchas cosas para Dios, como cantar, evangelizar, liderar, congregar, pero no con el mismo amor, no con la misma pasión de antes, sino que se tornaron en robots creyentes. Todo lo mencionado es bueno, son cosas válidas las que están, pero eso se volvió algo religioso en sus vidas, pero dejó de ser la razón de sus vidas.
Algo que es la razón de nuestra vida es como el aire que respiramos, es la sangre que corre por nuestras venas, es nuestro propio corazón. Porque no es solo hacer cosas, es tener el corazón correcto y sin esto difícilmente podremos construir una base sólida para sostener una relación.
Algunos puntos importantes ante una relación
- Recuerda el propósito en una relación. Si estás buscando a alguien solo para pasar el tiempo o distraerte, estás en la dirección equivocada, pero si tu propósito es buscar tu complemento en Dios eso te dará grandes resultados.
- La belleza fisica importa, pero no es lo más importante. Recuerda que solo porque alguien es atractivo por fuera, no significa que también lo sea por dentro. Lo de adentro es lo que más influye en una relación saludable.
- Presta atención a la relación más importante, tu relación con Dios. Si esta relación está siendo descuidada ¿qué podrías esperar de tus otras relaciones?
- No tomes decisiones solo.
“Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; más en la multitud de consejeros hay seguridad” (Proverbios 11:14)

