Cuando los días son difíciles (Parte II)

//Pr. Luis A. Núñez\\

“Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1) 

“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados” (Efesios 5:1) 

Cuando el Señor Jesús vino e inicio su ministerio la sociedad enfrentaba una convulsión social terrible, había explotación, miseria, injusticia social, pobreza extrema, sin embargo Él no levantó grupos de insurgencia, grupos de protesta, ni de lucha armada. En el tiempo en el que Pablo ejerció el ministerio a estos problemas ya existentes se sumó la persecución a los cristianos, en ese tiempo también fue llamado plaga y promotor de sediciones.

“Cinco días después, descendió el sumo sacerdote Ananías con algunos de los ancianos y un cierto orador llamado Tértulo, y comparecieron ante el gobernador contra Pablo. Y cuando éste fue llamado, Tértulo comenzó a acusarle, diciendo: Como debido a ti gozamos de gran paz, y muchas cosas son bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia, oh excelentísimo Félix, lo recibimos en todo tiempo y en todo lugar con toda gratitud. Pero por no molestarte más largamente, te ruego que nos oigas brevemente conforme a tu equidad. Porque hemos hallado que este hombre es una plaga, y promotor de sediciones entre todos los judíos por todo el mundo, y cabecilla de la secta de los nazarenos” (Hechos 24:1-5)   

Primero fue una acusación maliciosa para que lo apresaran porque para los romanos la palabra sedición era escandalosa y Felix, el gobernador, era famoso por aplacar revueltas con horror. En realidad fue calumnia, leamos la defensa que él mismo presenta:

“Habiéndole hecho señal el gobernador a Pablo para que hablase, éste respondió: Porque sé que desde hace muchos años eres juez de esta nación, con buen ánimo haré mi defensa. Como tú puedes cerciorarte, no hace más de doce días que subí a adorar a Jerusalén; y no me hallaron disputando con ninguno, ni amotinando a la multitud; ni en el templo, ni en las sinagogas ni en la ciudad; ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan. Pero esto te confieso, que según el Camino que ellos llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas; teniendo esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos. Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres. Pero pasados algunos años, vine a hacer limosnas a mi nación y presentar ofrendas. Estaba en ello, cuando unos judíos de Asia me hallaron purificado en el templo, no con multitud ni con alboroto. Ellos debieran comparecer ante ti y acusarme, si contra mí tienen algo. O digan éstos mismos si hallaron en mí alguna cosa mal hecha, cuando comparecí ante el concilio, a no ser que estando entre ellos prorrumpí en alta voz: Acerca de la resurrección de los muertos soy juzgado hoy por vosotros” (Hechos 24:10-21) 

Somos protagonistas de otra revolución, la revolución de la gracia, la revolución del favor de Dios, del perdón inmerecido, la revolución del amor. Por favor volvamos a la historia de los discípulos camino a Emaús de Lucas 24:13-35. Hemos podido ver como los dos discípulos pasaron por un momento de crisis y por causa de estar desmotivados, decepcionados, su fe dejó de ser firme y decidieron renunciar a un futuro glorioso en Cristo, por lo cual el propio Señor les dijo “insensatos”. Debemos entender lo peligroso que es entrar en una fase así, por causa de ello enfrentaron algunos problemas serios y es bueno para nosotros meditar en ellos.

Perdieron la visión  

El Señor Jesús siempre los invitó a tener una visión de un futuro glorioso y de lo que significaba la obra de redención, por eso el apostol Pablo dice:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20) 

“Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz”       (2 Pedro 3:13-14)

Tener visión es más o menos así, ver de manera panorámica una demanda o un llamado de Dios; es como la riel de un tren, una vez dispuesta la riel vamos a alinear nuestra vida en eso. Un buen ejemplo de esto es lo que leemos en Génesis 22:4-5, Dios le mostró a  Abram una visión, la visión de una gran descendencia y esta le permitió creer aun en los momentos mas difíciles, en los momentos de crisis.  

“El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia” (Romanos 4:18-22)

A Abraham se le dio una visión y aun cuando las circunstancias decían que no, él miraba la visión y eso le permitía creer. Las circunstancias siempre se opondrán a la visión que Dios te dio, pero ten fe en lo que Dios determinó. Cuando su hijo finalmente nació y luego creció, Dios pidió que lo sacrificara y él accedió, pero ¿qué es lo que hizo que creyera que volvería con su hijo? fue su fe en lo que Dios ya había determinado.

“Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir” (Hebreos 11:17-19) 

En Mateo 16:13-17 vemos como Jesús les enseñó a sus discípulos que Él era más que un profeta, Él era el mesías, el Salvador, pero algunos, en este caso, Cleofas y su compañero, perdieron la visión y fruto de sus decepciones, de sus desmotivaciones, lo vieron solo como “un profeta poderoso”.

“Oyó el rey Herodes la fama de Jesús, porque su nombre se había hecho notorio; y dijo: Juan el Bautista ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes. Otros decían: Es Elías. Y otros decían: Es un profeta, o alguno de los profetas” (Marcos 6:14-15)

Ellos perdieron la visión, el rumbo, estaban con los ojos cerrados, Jesús estaba a su lado, pero no podían reconocerlo. La visión determina todo en nuestra vida ¿Cuál es la visión que tenemos de iglesia?

  • La iglesia es el cuerpo de Cristo

“Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Colosenses 1:18) 

  • La iglesia es una edificación espiritual 

“Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Pedro 2:5)

  • La iglesia es el lugar de ejercicio de nuestro ministerio

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11-12)

  • La iglesia es el pueblo de Dios

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia” (1 Pedro 2:9-10)

La iglesia no es un grupo religioso, no es un grupo de restauración, la iglesia es el cuerpo de Cristo, por eso es que no tenemos parte con el sistema de este mundo donde es el diablo quien gobierna, sino que fuimos llamados a ser la expresión de su gracia, de su amor, a través del evangelio de Cristo. Somos piedras de esa edificación, eres una piedra en la construcción de ese edificio vivo; la iglesia es el lugar donde somos capacitados para el ejercicio de nuestro ministerio, el ministerio de la reconciliación. Somos la expresión de su pueblo, somos el pueblo de Dios.  

¿Cuál es la visión que tienes acerca de la evangelización? ¿Es solo ganar adeptos para la iglesia o es rescatar gente de la condenación eterma para ser salvos y libres de la esclavitud del pecado a través de Cristo? ¿Es pedir que la gente se cambie de religión o es rogar como si Dios mismo rogase “reconcíliense”? 

“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 2Co 5:20  

¿Cuál es la visión que tienes de la célula? ¿Es solo un grupo o es la extención de la iglesia, la vida de la iglesia aconteciendo cada día y en cada lugar?

¡Volvamos a Jerusalén! Ellos volvieron a Jerusalén y Jerusalén habla de estar juntos, de ser revestidos de su poder, de recibir dirección para la conquista de esta generación. Jerusalén habla de ser testigos de lo que Jesús dijo, Jerusalén habla de estar unidos en un propósito, en un llamado, habla de estar contagiados en una pasión.

Perdieron la alegría 

“Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra” (Salmo 66:1)

“Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sion cantando, y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas; tendrán gozo y alegría, y el dolor y el gemido huirán. Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno?” (Isaías 51:11-12) 

Nuestra alegría llega como fruto de saber que Dios es nuestro consolador. Otra traducción del verso 12 es: “¿Por qué tienes temor de lo mortal (virus) y de los hombres que son como el heno (temporales)? No dejes de soñar, no dejes de tener ilusión, no dejes de tener esperanza. El tiempo está en las manos de Dios, tu vida está en las manos de Dios, tu futuro está en las manos de Dios. Quien pierde la alegría del Señor pierde el placer de la adoración, pierde el placer de oír la Palabra, pierde el placer de estar en los cultos, en las células, alegría es satisfacción.

“Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría. Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado. Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno; pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello”  (1 Pedro 4:12-16)

El deseo de Dios es que estés delante suyo limpio, acepto y lleno de alegría. Todo esto es posible por causa de Cristo.

“Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén”          (Judas 1:24-25)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio