El deseo de la herencia

//Pr. Luis A. Núñez\\

“Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados”    (Hechos 20:32)

En este versículo el apóstol Pablo nos encomienda a Dios y además añade que nos entrega a la palabra de su gracia, una palabra que tiene poder para dos cosas: Para que seamos edificados y otra para que podamos experimentar la herencia con todos los que expresaron lo que son (santificados), la herencia de vida abundante y la herencia del Reino con todos los vencedores. La palabra de la gracia tiene ese poder porque nos lleva a creer en que aun sin merecerlo recibimos bendición y fuimos limpiados de toda maldad, hechos justos y santos.  

    Muchos piensan que el pecado es el mayor problema en la vida del creyente, pero el mayor problema es un corazón indiferente a la herencia del cielo, por eso se nos muestra en Hebreos 12:16-17 lo siguiente:

“No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas”

La herencia es para los hijos 

“Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26:18)

   El Señor le dijo a Saulo: “¿por qué me persigues?” y luego le dice que lo llamó para abrir los ojos de las personas, que estos se conviertan y así reciban el perdón y la herencia, es decir, lo llamó para predicar el evangelio de salvación por medio del cual los que creen dejan de ser enemigos para tornarse hijos. La herencia es para los hijos, desde el momento en que te conviertes eres constituído heredero de Dios y coheredero con Cristo.

“Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gálatas 4:7)

No hicimos nada para ganar esa posición, solo creer en lo que Él hizo, fue Él quien nos colocó en la posición de herederos.

“Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz” (Colosenses 1:12)

Una parte de esa herencia es la vida eterna, que ya la tenemos, que ya la disfrutamos, otra parte es la vida en abundancia, la vida plena y victoriosa, es la condición de reinar en vida, siendo libre de toda esclavitud, pero otra parte de esa herencia es el Reino.

“Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios” (Efesios 5:5)

La herencia es reinar con Cristo en el milenio, ser un vencedor es parte de esa herencia.

“Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (Santiago 2:5)

El deseo de la herencia es una señal de quienes lo aman. 

El impacto del deseo de la herencia

  Veamos como el deseo por la herencia puede transcender en el tiempo y puede definir un futuro. 

Las hijas de Zelofehad  Me gustaría compartir algo precioso sobre las hijas de Zelofehad. Incluso viviendo en el tiempo de la ley, tiempo en el que las hijas no tenían derecho a la herencia, mostraron un corazón anhelante a recibir la herencia y el Señor las honró por ello.

  “Luego vinieron las hijas de Zelofehad, hijo de Hefer, hijo de Galaad, hijo de Maquir, hijo de Manasés, entre las familias de Manasés, hijo de José. Estos son los nombres de sus hijas: Macla, Noa, Hoglah, Milca y Tirza.  Se pararon ante Moisés, y ante el sacerdote Eleazar, y ante los príncipes, y ante todo el pueblo, a la puerta del tabernáculo de la congregación, diciendo: Nuestro padre murió en el desierto, y no estaba entre los que se reunieron contra ellos. Jehová en el grupo de Coré; pero él murió en su propio pecado y no tuvo hijos. ¿Por qué se debe sacar el nombre de nuestro padre de su familia porque no tenía hijos? Danos posesión entre los hermanos de nuestro padre. Moisés llevó su causa ante el SEÑOR. Y el SEÑOR dijo a Moisés: Las hijas de Zelofehad hablan justicia; Seguramente les darás una posesión de herencia entre los hermanos de su padre, y harás que hereden la herencia de su padre. Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Cuando un hombre muera y no tenga hijo, harás que su herencia pase a su hija. Y si no tiene hija, dará su herencia a sus hermanos. Pero si no tiene hermanos, le darás su herencia a los hermanos de su padre. Si tu padre tampoco tiene hermanos, darás tu herencia al pariente más cercano de tu familia, para que la tenga; Esta será una prescripción apropiada para los hijos de Israel, como el SEÑOR le ordenó a Moisés”       (Números 27:1-11)  

a.  Querían recibir sin tener derecho    Las hijas de Zelofehad querían recibir la herencia, pero en aquellos días solo los hombres recibían la herencia. Ellas no tenían hermanos, pero ellas querían recibir la herencia y no fueron indiferentes. Zelofehad de la tribu de Manasés no tenía hijos varones y según la práctica tradicional, su propiedad pasaría a sus hermanos, tíos u otros parientes varones (Levítico 25:47-49), pero frente a esta realidad las hijas de Zelofehad se quejan de que el nombre y la memoria de su padre desaparecerían de Israel y piden que ellas reciban la tierra que correspondería a su padre. Algo interesante es que ellos aun no habían entrado en Canaán, ellas hicieron esa solicitud por fe, anticipándose a la conquista de la tierra prometida y querían conservar la porción que correspondería a su familia.

 En la ley el Señor no se dijo nada sobre esta situación y es por eso que el Señor agrega una ley, debido a la solicitud de las hijas de Zelofehad. Sabían que no tenían derecho. Cada vez que crees sin merecer, entras en el territorio de la gracia de Dios. En el Antiguo Testamento había la gracia de Dios para aquellos que creían. Ellas querían lo que Dios les había dado, no permitieron que los obstáculos las detuvieran. Para nosotros, nuestra herencia, es todo lo que se describe en el primer capítulo de Efesios. Dios nunca decepciona a la fe, porque solo la fe puede honrarla por completo.               

El Señor establece una nueva ley: si un hombre muriera sin hijos, entonces la herencia sería dada a las hijas o a la hija. Dios estableció esto debido a las hijas de Zelofehad. Ellas tenían una fe audaz y todas las hijas después de ellas en Israel ahora podían recibir la herencia en las mismas condiciones.  

b.      Desear la herencia de Dios involucra el cumplimiento del propósito de Dios  La pasión de alguien por la herencia de Dios puede ir aún más lejos, veamos:   

Primero  El último rey de Judá fue Jeconías (2 Reyes 25:27-30). Era un rey tan malvado que Dios pronunció una sentencia sobre él. 

¡Tierra, tierra, tierra! oye palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová: Escribid lo que sucederá a este hombre privado de descendencia, hombre a quien nada próspero sucederá en todos los días de su vida; porque ninguno de su descendencia logrará sentarse sobre el trono de David, ni reinar sobre Judá” (Jeremías 22:29-30)

 El Señor dice que ningún descendiente de Jeconías se sentaría en el trono de David, pero también el Señor dijo que el trono de David sería eterno. Hoy el Señor Jesús está sentado a la diestra del trono de Dios. Este trono no es el trono de David, pero regresará para sentarse en el trono de David. Desde los días de Jeconías hasta el día de hoy no hay reyes en Israel.

Segundo   Hay dos genealogías de Jesús en los evangelios, una está en Mateo y otra esta en Lucas. La genealogía de Mateo es la genealogía de Jesús en la línea de José, a través de Salomón como descendiente de David y la genealogía de Lucas es la que describe la genealogía de Jesús en la línea de María, a través de Natán hijo de David, por ambas líneas Jesús sería naturalmente descendiente de David, con derecho a sentarse en el trono de David, pero por la línea de José pesaba la maldición de Jeconías, que ningún descendiente de él se sentaría en el trono de David, pero por la línea de María no existía ese problema y esto gracias a que, hace algún tiempo, unas muchachas no dejaron de desear la herencia y lucharon por ella, si eso no hubiera acontecido Jesús no podría reclamar la herencia del trono cuando venga, un deseo de herencia abrió la puerta para el cumplimiento del propósito.                

Ningún judío hoy puede reclamar el trono de David o su linaje real. En el año 70 DC todos los registros genealógicos fueron destruidos por los romanos cuando incendiaron Jerusalén. La única genealogía conservada está escrita en las páginas del evangelio. Entonces cuando el Señor regrese, puede reclamar el trono porque está demostrado su linaje. Tenemos muchas luchas, muchos obstáculos, muchas adversidades y todas nos pueden invitar a no desear nuestra herencia, a renunciar a ella o pasar a ser indiferente, no podemos caer en esa terrible tentación, sobre todo debemos desear nuestra herencia, una herencia no solo ligada a nuestro futuro, sino a la historia de toda una generación, una herencia de vida abundante. Todas las voces pueden decir ¡cállate! como los discípulos ante el ciego Bartimeo (Marcos 10:46-52), pero como este ciego, no te calles, sino grita más fuerte aun, grita por tu herencia ¡Aleluya!

1 comentario en “El deseo de la herencia”

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