No somos deudores

//Pr. Luis A. Núñez\\

Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos 8:12-13) 

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21) 

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos(huios) de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción (juiodesia), por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos(teknon) de Dios. Y si hijos(teknon), también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:14-17)

En esta oportunidad permítanme explicarles un poco estos versículos, introduciéndonos en el idioma griego y en su cultura. En esta porción se está usando dos palabras que se traducen como hijo: el huios (v.14) y el teknon (v.16), en otros versículos existen dos palabras más que se traducen como hijo, que en realidad hablan de las etapas del desarrollo, como el nepios y el paidon, los cuales más adelante solo nombraremos.

El huios es un nivel de hijo maduro y constituido y el teknon se refiere más que a solo una etapa del desarrollo, a descendencia, a ser hijo como un descendiente o alguien engendrado. En todos los evangelios y en las epístolas también se usa huios cuando se refiere a Jesús como hijo.  

La palabra adopción aquí viene del griego juiodesia que significa colocar como hijo. En el mundo occidental se piensa y entiende a la adopción solo como el hecho de tomar a un niño sin familia y hacerlo parte de la familia, sin embargo, en este contexto, Pablo hace alusión a una costumbre de los romanos, en la cual el padre declaraba a su hijo como hijo maduro. En los años de adolescencia de un muchacho, era su padre quien determinaba cuándo era tiempo para que él pasara de la niñez a la edad adulta, generalmente alrededor de los 14 años o un poco más. En una ceremonia pública y formal, habiéndole despojado de su toga infantil, se le presentaba ataviado con la toga virilis (toga de la virilidad), la marca de su ciudadanía y su derecho a votar en la asamblea. Cuando el muchacho estaba listo, comenzaba la procesión rumbo al Foro. El padre reunía a sus esclavos, sus empleados, clientes, parientes y amigos, usando toda su influencia para que la escolta de su hijo fuera numerosa e imponente. En el Foro se agregaba el nombre del muchacho a la lista de ciudadanos y se le extendían formalmente las felicitaciones. Finalmente, todos regresaban a la casa, donde concluían el día con una cena festiva auspiciada por el padre en honor del nuevo ciudadano romano.

En este contexto, se adoptaba como hijo a su propio hijo. Algunos usan el término filiación para explicar esto, es decir, cuando el hijo había madurado y alcanzado una edad, que la determinaba el propio padre, este lo “adoptaba”, es decir, lo elevaba a otro status. Por el nacimiento o por ser descendiente, el hijo era un teknon, pero la adopción lo convertía en huios. Con la adopción el hijo podía representar al padre, podía encargarse de la administración del negocio familiar, es decir, el nacimiento en la familia le daba derecho a la herencia, pero la adopción le hacía partícipe de la herencia, la adopción le daba una posición de madurez.

Llevando esto a una perspectiva espiritual, un teknon es alguien nacido de Dios, un teknon tiene la naturaleza de Dios, pero un huios tiene el carácter de Dios. Entonces si eres dirigido por el Espíritu eres un huios. No se nos ha motivado a ser esclavos nuevamente, sino a ser adoptados (vencedores), huios. A través de esta verdad podemos clamar ¡Abba Padre! sin embargo, a los esclavos jamás se les permitía decir “Abba Padre”. El Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos teknon, tenemos certeza de que tenemos la naturaleza de hijos de Dios, esa seguridad es la revelación de Dios, pero, además, debemos entender que también hemos recibido el deseo de ser constituidos huios, vencedores, tener el carácter de Dios.

Presta atención a esta pregunta ¿Por qué no disfrutamos la herencia de vida abundante? Es simple, porque aún somos niños.

“Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo” (Gálatas 4:1)

“De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía” (1 Corintios 3:1-2)

Con base a lo mencionado, quiero hablar a los matrimonios. 

  1. Dejando de ser niños 

Hay dos porciones en la Biblia que hablan del concepto de amor que me emociona, una dice: “fuerte como la muerte es el amor” (Cantares 8:6) y el otro es el siguiente:

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, sino que se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta… Cuando yo era niño (nepios), hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; pero cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño” (1 Corintios 1:4-7, 11)

Es interesante como este verso es el final de un capítulo que habla sobre el amor, una expresión tan fuerte que definitivamente habla sobre una actitud de madurez, entonces, para poder expresar este amor, que es el fundamento sólido en la construcción de un matrimonio, no podemos ser niños o no podemos tener una actitud de niños.   

Para casarse no se puede ser niño o niña, por lo menos las leyes aseguran que deben ser mayores de edad. La Palabra dice que los niños tienen tres características que los distinguen como niños, el gran problema es que muchas parejas viven con actitudes de niños, esa es la gran razón por la que de manifiestan los grandes problemas en la convivencia:

  1. Su forma de hablar

Hablan sin pensar, critican duramente, si está feo dicen: “Está feo” y se excusan diciendo que son “sinceros”, pero no podemos usar la sinceridad como una máscara para expresar lo que nos parece y como nos parezca. Algunos suelen hablar en el peor momento y de la forma más chusca: “¡Estás gorda!” y luego dicen: “Es que soy sincero”, eso no es sinceridad, eso es maldad.  

  1. Su forma de pensar

Es egoísta, pues si se da el caso de que hay un pedazo de torta en la mesa, al niño no le importa si hay otros, él simplemente quiere ¿se han dado cuenta que ellos niños no esperan, no hay contemplaciones, no planifican el futuro? es decir, no meditan en cómo serán los días desde mañana, quizás los único que planifican es la maldad o la forma de vengarse.

  1. Su forma de juzgar

Generalmente juzgan por las apariencias. Los niños están pendientes de tu rostro, te juzgan en función de eso o actúan en función a eso. El juzgar se relaciona también con las reacciones, un niño grita, hace berrinches, algunos hasta se tiran al suelo y golpean las puertas, lanzan cosas, destrozan sus celulares, estas son características de niño.

El mayor problema para nosotros es que las personas tengan apariencia de adultez, pero siguen siendo niños y no existe garantía de éxito en ese matrimonio. Puedo expresarles mi deseo, mi fe, mi esperanza, pero solo ustedes pueden alinear el rumbo de vuestro destino, en la línea trazada por Dios para ustedes, solo ustedes pueden decidir dejar de ser niños y asumir esta nueva etapa.

La Biblia dice: “Cuando era hombre deje lo que era de niño”. La palabra hombre aquí en el griego también significa esposo o marido, es decir, cuando llegué a ser esposo o marido deje lo que era de niño. Es tiempo de creer en tu nueva naturaleza y comportarte como tal, es tiempo de madurar expresando lo que eres, santo y justo.

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