El espíritu de filiación

El camino para disfrutar la plenitud de tu herencia

//Pr. Eliud Cervantes\\

Asume tu nueva identidad en Cristo 

Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19)

Las traducciones griega y hebrea de la palabra “discípulo” son “madsetēs” y “talmid” respectivamente , que se refieren a enseñar. Esto significa que un discípulo es simplemente alguien que está aprendiendo. Desafortunadamente, algunos han retratado ser un discípulo como superior a ser cristiano, como si ser cristiano fuera solo un punto de entrada o una línea de base. Sin embargo, ser un discípulo simplemente significa ser un estudiante; pero la verdad es que como creyentes, no podemos evitar tener hambre de aprender.

Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación” (1 Pedro 2:22) 

¡Nosotros somos una nueva criatura y justicia de Dios en Cristo! No estamos definidos por los fracasos. Ej: mariposa que cae. De la misma manera, permanecemos justos incluso cuando fallamos a veces. Por eso es importante recordar que somos nuevas criaturas.

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17) 

Si bien aún podemos sentir la inclinación al pecado, ¡es importante considerar quiénes somos en Cristo! No eres

lo que sientes. ¡No aceptes la etiqueta que te lanza el enemigo! Nuestra vieja naturaleza pecaminosa ya fue muerta por nuestro Señor Jesucristo en la cruz.

Eres hijo de Dios

Cuando miramos todas las Epístolas y todas las cartas a la Iglesia después del libro de los Hechos, la palabra “discípulo” no se menciona. En cambio, el Espíritu Santo ha reemplazado la palabra “discípulo” con filiación: ¡somos hijos e hijas de Dios! Esto no significa que dejemos de aprender. ¡Está en el corazón de cada hijo e hija de Dios aprender! Pero lo cierto es que puedes ser un discípulo y no ser parte de la familia de Dios. Durante la época de Jesús, para ser discípulo de cualquier rabino, la gente tenía que renunciar a su familia y ocupación para seguir al maestro, pero no había ningún sentido de relación familiar. Sin embargo, como hijos e hijas de Dios, ¡somos parte de la familia de Dios y estudiantes de Su gracia!

“A Timoteo, verdadero hijo en la fe: Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y de Cristo Jesús nuestro Señor” (1 Timoteo 1:2)

“A Timoteo, amado hijo: Gracia, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor” (2 Timoteo 1:2)

Aunque Pablo discipuló a Timoteo, consideró a Timoteo como un hijo ¡La filiación es más grande que el discipulado solo! Como hijos de Dios, es natural que aprendamos de nuestro Padre celestial.

Te fortaleces en la gracia por el Espíritu de filiación 

“Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús. Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:1-2)

Mientras que Timoteo fue discipulado (enseñado) por Pablo, el Espíritu Santo nunca usó la palabra “discípulo” porque el discipulado de Pablo a Timoteo se hizo en el Espíritu de filiación que iba más allá de la relación de un maestro y un alumno. La filiación encapsula el discipulado. Ahora, ser fuerte en la gracia comienza por recibir primero a nuestro Señor Jesucristo. Podemos ser fuertes en la gracia cuando recibimos la gracia del Señor.

“Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó (jrematízo) cristianos por primera vez en Antioquía” (Hechos 11:26)

El Espíritu Santo deliberadamente renombró a los discípulos de “cristianos”. Cristo es el Ungido, así que como cristianos, llevamos la misma unción que Él tiene. Cuando la unción del Señor está sobre nosotros, todo lo que hacemos prospera sin esfuerzo.

Disfruta la plenitud de tu herencia a través del Espíritu de filiación 

“Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gálatas 3:23-26)

El “ayo” aquí se refiere a los Diez Mandamientos. Cuando Israel estaba bajo la ley, estaban cautivos bajo la ley (los Diez Mandamientos). Pero bajo el nuevo pacto, ya no estamos bajo la ley. Así como un niño necesita un “ayo” que lo guíe en sus caminos solo hasta que alcance la madurez, nosotros ya no necesitamos la ley (nuestro ayo) cuando somos justificados por la fe y maduramos como hijos de Dios adultos. Esto no significa que tengamos licencia para pecar; simplemente significa que no necesitamos ser instruidos por los Diez Mandamientos porque como creyentes, la ley está escrita en nuestros corazones y somos guiados por la dirección del Espíritu Santo en nuestro interior.

Hay diferentes palabras griegas para hijos dependiendo de su nivel de madurez. Un niño en la infancia se llama “népios”, mientras que un hijo maduro y adulto se denomina “huios”. Esta palabra “huios” conlleva dignidad, es digno de ser un hijo de Dios.

“Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño (nepios-infante), en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre. Así también nosotros, cuando éramos niños (nepios – infante), estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo. Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gálatas 4:1-7) 

Un niño no puede disfrutar de su herencia completa. Se necesita madurez para disfrutar de ciertas bendiciones. Los rudimentos, se refiere a los Diez Mandamientos. Una vez más, esto no significa que podamos ser anárquicos o inmorales. En cambio, cuando Dios escribe en nuestros corazones, no solo somos capaces de llevar una vida moral y recta, sino que terminamos excediendo la norma de la ley por Su gracia. Ahora que estamos bajo el nuevo pacto, somos uno con Jesús. Él vive en nosotros y nos guía desde adentro. ¡El Señor te ha dado el Espíritu de filiación!

Dios es tu Padre, Él tiene muchos nombres, pero “Padre” es el nombre que Jesús vino a revelar. A veces vemos a Dios de una manera distante y no como nuestro Padre celestial. Por tanto ¡es importante para nosotros establecernos en el Espíritu de filiación y ser conscientes de nuestra posición como hijos!

Ven con valentía a tu Padre celestial que te ama 

En la parábola del Hijo Pródigo (Lucas 15:11–37), había un hijo que exigió la herencia de su padre y se fue de casa. Después de despilfarrar todo y trabajar alimentando cerdos, un trabajo humillante para un judío, el hijo pródigo decidió volver a casa, esperando poder ser un jornalero de su padre, viendo que estaban en mejor estado que él.

Cuando el hijo pródigo “aun estaba lejos”, su padre lo vio, corrió hacia él y lo besó por todas partes. No sólo eso, el padre ordenó a sus sirvientes que le pusieran la mejor túnica a su hijo, le entregó su anillo (en aquellos tiempos se usaba como forma de pago el anillo con el emblema de la familia), y le calzó los zapatos. El padre celebró porque su hijo, que se había perdido, finalmente regresó a casa. Cuando Jesús predicó esta parábola, ¡nos estaba revelando el corazón del Padre a nosotros y a los que lo escuchaban!

Esta imagen del padre calzándole los zapatos al hijo pródigo es una imagen de la gracia de Dios para con nosotros bajo el nuevo pacto: ¡tenemos derecho a pararnos en Su santa presencia como Sus hijos! Mientras se llevaba a cabo esta reconciliación y restauración, el hermano mayor del hijo pródigo estaba molesto porque su padre estaba organizando una celebración para su hermano menor:

“Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. Él entonces le dijo: Hijo (tecknon), tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado” (Lucas 15:29-32) 

El enfoque del hermano mayor estaba en lo que hizo para merecer las bendiciones de su padre. Ahora, la traducción griega de la palabra “hijo” en este versículo es “tecknon”, que se refiere a un niño. Aunque inicialmente en esta historia se hace referencia al hermano mayor como un hijo adulto (huios) en Lucas 15:11, se olvidó de su identidad, lo que lo llevó a su fariseísmo, amargura e ira. Estaba orientado al desempeño en lugar de ser consciente de su padre y del amor de su padre hacia él.

Sin embargo, el hijo pródigo llegó a casa y encontró la gracia. Aunque había pecado contra su padre y su única intención de regresar a casa era comer algo, recibió el amor y la compasión de su padre, aceptó el manto de justicia. ¡Vuelve a la filiación! Eres hijo y heredero por medio de Cristo.

Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo (huios); y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo” (Gálatas 4:6-7)

Ya no eres un esclavo ¡Porque eres hijo, eres heredero por medio de Cristo! Como heredero, puedes recibir y acceder a la herencia completa que el Señor tiene para ti hoy, no en el futuro, sino ahora mismo ¡Vivamos en el Espíritu de Filiación! ¡Aleluya!

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