Debemos discernir los tiempos

//Pr. Luis A. Núñez\\

Estamos viviendo tiempos difíciles, creemos que los cuatro jinetes mencionados en Apocalipsis  6 están actuando ya. El Señor Jesús habló respecto a los cuatro caballos y sus caballeros, aun sin mencionarlos como tal. Primero dice: “Respondiendo Jesús, les dijo: Mirad que nadie os engañe” (Mateo 24:4),  este es el caballero montado en caballo blanco que representa las falsas enseñanzas. Luego el Señor dijo “Oireis de guerras y rumores de guerras” (Mateo 24:6), este es el caballero montado en caballo rojo que simboliza la guerra, quien trae como consecuencia el hambre, que es el tercer caballero montado en caballo negro y por último, el Señor menciona la pestilencia (V7), las pestes apuntan al caballero montado en caballo amarillo, que simboliza la muerte. Entonces vemos que la secuencia mostrada en Mateo 24 es la misma de Apocalipsis 6.

Así acabó la pandemia, comenzó un guerra que amenaza en convertirse en una tercera guerra mundial, cada día es mas tenso. Hace unos días el presidente de Rusia amenazó al mundo con un guerra nuclear por el crecimiento y avance de la OTAN en esa región del mundo, a esto se suma la guerra entre Israel y Hamas. Como concecuencia de esta coyuntura existe escases de alimentos y continua el bombardeo de falsas enseñanzas, en toda área. Creemos que estamos en la recta final, todos los cambios sociopolíticos y económicos se están alineando para la venida del Anticristo, el mundo está siendo entrenado para responder de manera positiva cuando él venga.

“Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán” (1 Tesalonicenses 5:1-3)

Perciban que las cosas pasarán cuando menos nos imaginemos. Solo piensa en lo que estamos viviendo ahora, todo estaba bien, pero en un momento todo pasó. Por esa razón, porque el Señor viene ya, debemos tener las siguientes actitudes:

  1. Amar su venida 

“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel, para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto  ¡He aquí, vengo pronto! Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro” (Apocalipsis 22:6-7)

“Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida”       (2 Timoteo 4:8)

Si todas estas señales son muestra de que Cristo viene ya, entonces los hijos de Dios deberíamos tener alegría, porque amamos su venida. Los hijos de Dios deseamos su venida, pues Él viene para llevarse a sus hijos vencedores antes de que venga la gran tribulación.

Amar su venida implica que tomas en serio lo que Dios dice, significa que crees en su Palabra y que anhelas tener un encuentro con Él. Amar su venida significa esperar con ilusión, no es una vida forzada por el miedo, sino es el disfrute de una vida plena en Cristo.

La Biblia dice que un hombre llamado Simeón esperaba la venida del Mesias (Lucas 2:21-34), por causa de eso era lleno del Espíritu y el Señor le dio discernimiento de que no moriría sin ver al Salvador, de la misma manera debemos tomar en serio lo que Dios dice y esperar con anhelo su venida, pero ¿por qué amar su venida es una característica de un vencedor? simplemente porque, de manera contradictoria, en los últimos tiempos el incremento del desorden, del modernismo, de la maldad del ser humano hará que el amor de muchos se enfríe.

“Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24:11-12)

La lógica dice que cuando aumenta la maldad debería producirse mayor compromiso en los hijos, pero no, la realidad dice que la tendencia es a enfriarse. Una esperanza entre los pastores de iglesia era que después de la pandemia, habría un despertar en la iglesia, mayor compromiso, mayor encargo, mayor piedad, pero tristemente hemos visto, de manera general, lo contrario.

  • Tener firmeza de fe

“Que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca” (2 Tesalonicenses 2:2)

“Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca” (Santiago 5:8)

Lo que se espera de cada uno de nosotros es que el discernimiento de estos tiempos nos lleve a estar más firmes que nunca. Es triste que más bien haya tantas hermanos fluctuantes en su fe, llevados como hojas por el viento. Debemos estar firmes en el cumplimiento de la voluntad de nuestro Dios, que lo que para Dios es importante lo sea para nosotros también. Esaú tenía un serio problema, lo que para Dios era importante no lo era para él y por eso vendió su primogenitura.

“No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura” (Hebreos 12:16)

La Biblia lo llama profano porque atentó contra lo sagrado, en otras palabras, cuando lo que para Dios es importante para ti no lo es, te tornas en alguien profano. La conquista de esta generación está en el centro del corazón del Señor, la pregunta ¿Para ti es importante lo que está en el centro del corazón de Dios?

  • Congregándonos

“Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca”            (Hebreos 10:23-25)

La manera de mantenernos firmes y sin fluctuar, estimulándonos para expresar lo que somos, es congregándonos. No podemos menospreciar el congregarnos, la importancia de congregarnos es grande y más cuando discernimos que el día se acerca.

  • Una vida santa y de descanso en Él   

“Por eso,  amados,  estando en espera de estas cosas,  procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprochables,  en paz” (2 Pedro 3:14)

“Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros para con vosotros, para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos” (1 Tesalonicenses 3:12-13)

La santidad, que es la expresión de nuestra nueva naturaleza, debe ser un enfoque en el día a día. La dirección del Espíritu en nosotros debe ser nuestra prioridad y la paz en el Señor debe ser nuestra bandera en tiempos difíciles.

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