El velo rasgado

//Pr. Luis A. Núñez\\

“El ladrón no viene sino para hurtar,  matar y destruir;  yo he venido para que tengan vida,  y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10)

El Señor vino para otorgarnos salvación, por la cual tenemos vida eterna, pero Él quiere que tengas una vida plena, que se exprese en abundancia esa nueva vida, que reines en esa vida, que tengas plenitud y que día a día disfrutes de una vida victoriosa.

“Si por la transgresión de uno solo reinó la muerte,  mucho más reinarán en vida por uno solo,  Jesucristo,  los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia” (Romanos 5:17)

Un nuevo y vivo camino

“Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos” (Mateo 27:50-53)

El primer acontecimiento narrado después de la muerte de Jesús es el velo rasgándose de arriba hacia abajo. El Señor quiso que entendiéramos que todas las cosas asombrosas que sucedieron, todas las grandes cosas, como milagros, serán consecuencia del primer evento ¡El velo rasgado!

¿Qué es el velo rasgándose? 

Es el mensaje de Dios diciéndote que ahora no hay más impedimento para tener acceso a su presencia, ya no hay más separación. Antes había un camino basado en el esfuerzo propio, ahora hay un nuevo camino, Él mismo es el nuevo camino ¡Jesús es ese camino!  (Hebreos 9:8-28).

“Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura”               (Hebreos 10:19-22)

El mayor acontecimiento después de la vida que Él te dio es la plenitud de vida a través de la relacion que tienes con Dios por causa de la obra consumada. Es decir, cada día tienes paz y seguridad por la manera como eres visto por Él, creer en esta verdad hace que puedas acercarte con un verdadero corazón  (Corazón de carne Ezequiel 11:19), lleno de fe y certeza, por causa de su promesa y libre de toda acusación, de todo mala conciencia y limpio delante de El. A partir de allí puedes creer en los grandes milagros de Dios, por eso Jesús les decía: “tus pecados son perdonados”, pues a partir de allí podrían creer en su poder.

Este mismo mensaje sucedió en el Génesis 3:9, cuando el hombre pecó, no fue Dios quien se escondió del hombre, es el hombre quien se escondió de Dios. Dios fue quien lo buscó y le preguntó “¿Dónde estás?”, en ese momento es como si Dios no supiera nada, observa algo, el hombre está preocupado por su error, pero Dios está preocupado por la separación. 

Una vida plena 

Una vida plena con Dios consiste en saber que puedes libremente tener acceso a su presencia, ante su trono de gracia, para hablar con Él, para pedir socorro y dirección en cada momento, cada vez que requiero luz y dirección puedo confiar y esperar en Él.

“Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16)

Entonces en cada momento en el que “no sepas qué hacer” puedes declarar: “yo sé que el Dios de gracia me va a conducir a la mejor decisión”. Hoy nuestra vida victoriosa y espiritual no está determinada por la imposición de reglas que producen miedo y temor, pues este es el principio de ley, sino que el cristianismo victorioso es la capacidad de elección en la libertad que tenemos, una elección bajo la dirección del Espíritu. 

“Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne” ” (Colosenses 2:20-23) 

Es claro que hay tantas cosas en este mundo que no tienen nada que ver con tu nueva naturaleza, no van contigo, pero la elección ahora no es por el “No”, sino por la dirección del Espíritu de Dios.

“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley” (Gálatas 5:16-18)

Estos deseos de la carne son:

“… adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21) 

Entonces vida plena no es decirle a todo: “No, No”, sino es ser dirigidos por el Espíritu.

“Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:13-14)

Si eres dirigido por el Espíritu has madurado, hay una forma de vida que ya no es la nuestra, pero el disfrute de ella no es por reglas sino por elección de vida y libertad, que nos permite vivir una vida plena, amplia, llena de paz.

“Como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios” (1 Pedro 2:16) 

“Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros” (Gálatas 5:13) 

“Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles”   (1 Corintios 8:9)

El desafío de la elección correcta 

“Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (1 Corintios 10:23-24)

Una de las características de la vida plena es disfrutar de la libertad eligiendo cada día lo que es mejor por la dirección del Espíritu y cualquier elección es llevada a la edificación de los otros.

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