//Pr. Luis A. Núñez\\

El favor se puede multiplicar en tu vida. Hay cosas que hacemos que frustran la gracia de Dios, pero hay actitudes que la aumentan. Cuando uso la palabra “favor”, en realidad me refiero a la gracia. El problema es que la palabra “gracia” se ha vuelto tan religiosa que hablar de favor se vuelve más claro en la mente de las personas. La gracia es un favor inmerecido. Cuando Dios te concede favor, tus enemigos no pueden derrotarte, y tus críticos no pueden reprocharte.
La honestidad y la integridad no producen el favor – a la verdad, son resultado del favor -; pero traen recompensa, pues la gente confiará en ti. Sin embargo, queremos más que eso: queremos que el favor se multiplique en nuestras vidas.
Conciencia del perdón
En Romanos 5:20, Pablo dice:
“Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; más cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia.” Romanos 5:20
Debido a esta afirmación, muchos concluyen erróneamente que la gracia solo se manifiesta donde hay pecado. Es cierto que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, pero esto no significa que debamos permanecer en pecado para recibir más gracia.
De hecho, esa fue precisamente la conclusión a la que llegaron los oponentes de Pablo, y él se refiere a ella en el versículo 1 del capítulo 6 de Romanos: “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?”. Su respuesta, evidentemente, es: “¡En ninguna manera!”.
Pablo dice que la ley vino para magnificar el pecado, para mostrar que ya existía. Observen bien que la ley no produce pecado. El pecado ya está en nuestra carne, pero la ley lo manifiesta. Ej: vaso de agua con sedimento en el fondo que la cuchara, que es la ley, lo remueve. La ley, por lo tanto, no tiene el poder de producir santidad; solo revela la impureza.
La manera cómo la gracia se manifestó cuando estábamos en pecado fue al concedernos el perdón. Ya no necesitamos vivir conscientes del pecado. Quien sabe que ha sido perdonado mucho, ama más al Señor y, en consecuencia, recibe más favor.
“Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.” (Lc 7:47)
La conciencia del perdón nos libera de los sentimientos de vergüenza, condenación y miedo. Sin embargo, si aún albergamos vergüenza, condenación y miedo, el favor no puede manifestarse. Estas cosas nos quitan el favor de nuestras vidas.
Conciencia de no merecerlo
Sé que parece obvio, pero muchos no se dan cuenta de que las obras son exactamente lo opuesto a la gracia. No podemos disfrutar de la gracia y el favor si aún confiamos en que somos aceptados y bendecidos por causa de nuestras obras de obediencia.
“Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia…” (Ro 11:6)
Cuando actuamos confiando en nuestras propias obras, en realidad confiamos en nuestros propios méritos. Nos acercamos a Dios para exigirle algo que creemos merecer. El mayor problema en la vida de las personas no es el pecado, porque todos hemos pecado. El mayor problema es el merecimiento, la justicia propia.
Sin embargo, nunca debemos pensar que necesitamos pecar para recibir más gracia. Si el pecado fuera la única forma de que la gracia se multiplique en nuestras vidas, ¿qué diríamos del Señor Jesús? La Palabra de Dios indica que Él creció en gracia.
“Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres.” (Lc 2:51-52)
Hubo algo que el Señor hizo que le trajo aún más favor. Si analizan el contexto, verán que la gracia vino con la sumisión de Jesús a sus padres. Él crecía en sabiduría porque había algo que Jesús desconocía: siendo Dios, nunca se había sometido a nadie. Al hacerlo, se humilla. Siendo Dios, se hace inferior a José y María. Él se humilló (Fil 2:5-8).
La sumisión trae favor. Podemos verlo, por ejemplo, en la vida de Ester.
“Cuando le llegó a Ester, hija de Abihail tío de Mardoqueo, quien la había tomado por hija, el tiempo de venir al rey, ninguna cosa procuró sino lo que dijo Hegai eunuco del rey, guarda de las mujeres; y ganaba Ester el favor de todos los que la veían.” (Est 2:15)
Después de que el rey Asuero destituyera a Vasti de su puesto como reina, organizó el mayor concurso de belleza de la historia. Miles y miles de muchachas se presentaron, y entre todas, eligió a Ester. ¿Cuál fue el motivo que Ester sea tan bendecida? La Biblia dice que ganaba favor.
Ester, no pidió nada, solo lo que Hegai, el eunuco, le ordenó. El eunuco era un hombre castrado y ciertamente afeminado. Quizás no era respetado por las otras jóvenes, pero Ester hizo todo lo que él le dijo. La sumisión de Ester permitió que el favor de Dios se derramara sobre ella de tal manera que todos los que la veían la favorecían. En Ester 2:20, leemos que, incluso después de convertirse en reina, continuó sometiéndose a su padre adoptivo.
La revelación de Cristo multiplica el favor
Gracia y paz os sean multiplicadas en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. (2Pe 1:2)
La gracia no proviene de hacer más, sino de ver más. No intentes hacer más para ganar más favor, porque el favor no puede ser una recompensa. Hacemos cosas porque recibimos gracia, no para recibirla. La gracia y la paz se multiplican cuando conocemos mejor al Señor. Cuanto más escuches la predicación que te lleva a conocer mejor a Cristo, más favor experimentarás. Todo en tu vida prosperará.
La palabra “paz” en 2 Pedro 1:2 significa una sensación de bienestar. Solo podemos tener bienestar si tenemos salud y abundancia. Y todo esto puede incrementarse en nuestras vidas. La paz de Dios es una clave espiritual muy importante en nuestras vidas. Cuando tenemos esa paz, nuestro hogar es bendecido, prosperamos y experimentaremos de salud física. ¿Cómo podemos crecer en esta paz? La Palabra de Dios dice que el favor y la paz nos son multiplicados en el pleno conocimiento de Dios Padre y del Señor Jesús.
La primera mención de la gracia se encuentra en Génesis 6:8, donde dice que Noé halló gracia ante los ojos de Jehová. La revelación se esconde en el nombre de Noé. El nombre Noé significa “descanso”; esto significa que el descanso halló gracia ante los ojos de Jehová. Cuanto más vivas en descanso, más la gracia de Dios vendrá sobre ti.
La oración de Pedro es para que la gracia y la paz nos sean multiplicadas. El favor de Dios sobre nosotros puede aumentar e incluso multiplicarse. ¿Cómo sucede esto? La manera de multiplicar el favor de Dios sobre nosotros es conociendo más al Señor Jesús y a Dios Padre. Cuanto más conocemos su amor y su obra, más el favor es multiplicado.
El favor es lo más importante. José fue nombrado primer ministro de Egipto en tan solo una hora, tras comparecer ante el Faraón. Todo porque tenía el favor, y gracias a ese favor, pudo gobernar todo Egipto.
En cuanto a Ester, la Escritura dice que halló favor ante los ojos del rey, y por lo tanto fue establecida como reina de toda Persia (Ester 2:17). Cuando estás debajo del favor, logras más en una hora que en años de trabajo. No te conformes con el favor recibido, porque puede multiplicarse a lo largo de tu vida.
Crees que necesitas más dinero, pero Dios dice que necesitas más favor. Quizás pienses que necesitas un gran avance, pero Dios dice que necesitas más favor. La gracia es el favor de Dios, y ese favor puede aumentar en nuestras vidas. El favor se multiplica cuando crece el conocimiento de Cristo.
Pero el conocimiento no reside en nuestra mente, sino en nuestro corazón. Si el conocimiento es meramente mental, producirá orgullo y soberbia; pero, cuando recibimos revelación en nuestro espíritu, nos llenamos de gratitud y vida.

