//Pr. Eliud Cervantes\\

Debes estar anclado en la Verdad del Evangelio
Como creyentes, cada día nos enfrentamos a una guerra en el ámbito de nuestra fe, por eso debemos estar anclados en las verdades del Señor, porque el mundo está tratando de imponernos sus creencias y exigencias, las cuales han llevado a muchas personas a centrarse en sí mismas y a tener una mentalidad exigente. Como resultado, se encuentran bajo un gran estrés, hasta el punto de experimentar problemas de salud.
El enemigo está decidido a robar, matar y destruir; quiere mantenernos en una vida de derrota, y la forma en que vivimos nuestras vidas está íntimamente relacionada con nuestra fe, por eso cuando creemos correctamente, viviremos correctamente. Y lo opuesto también es cierto. Por lo tanto, antes de que el enemigo pueda robarnos, tratará de sembrar en nosotros un pensamiento de creencia errónea, con la esperanza de que caigamos en él. Pero, nuestro Señor Jesús ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia (Juan 10:10).
Entonces, para que podamos vivir la vida abundante que nuestro Señor Jesús vino a darnos, para vivir vidas victoriosas y santas, necesitamos creer correctamente las verdades del nuevo pacto.
“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 14:12-14)
Estas fueron las palabras que nuestro Señor Jesús compartió con sus discípulos durante la Última Cena. Había tanto en el corazón de nuestro Señor que Él quería compartir con ellos, pero ellos no estaban listos para recibir la plenitud de estas revelaciones. Ellos sólo entenderían estas verdades después de que el Espíritu Santo hubiera venido. Las revelaciones de la gracia de Pablo que leemos en sus epístolas son parte de la herencia del creyente en el nuevo pacto. Bajo el nuevo pacto de gracia, hay una obediencia de fe que no existía en el antiguo pacto de la ley.
“y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre” (Romanos 1:5)
La palabra griega para la frase “a la fe” es pistis, que se refiere a nuestras creencias. En otras palabras, nuestra obediencia al Señor y los frutos de una vida correcta son el resultado de creer correctamente en la verdad del Evangelio.
Debemos establecernos en el amor del Padre
Entonces, ¿qué significa para nosotros creer correctamente en la gracia de Dios y vivir bajo ella? En primer lugar, la gracia se refiere al favor inmerecido que Dios nos brinda. Este favor es algo que no podemos ganar por nuestros propios méritos. Es un don que se nos otorga mediante la obra terminada de nuestro Señor Jesucristo.
Para que podamos entender plenamente la gracia de nuestro Padre celestial, necesitamos entender las diferencias entre el antiguo pacto de la ley y el nuevo pacto de la gracia. El antiguo pacto de la ley se trata del esfuerzo propio del hombre para vivir una vida santa. Pero el nuevo pacto de la gracia se trata de que primero recibamos el amor y la gracia del Padre y luego vivamos una vida santa y abundante.
Ahora bien, esto no significa que estemos en contra de la ley. Las leyes de Dios son perfectas. Pero la verdad es que ninguno de nosotros es capaz de cumplir la ley y ser justificado por ella (Gálatas 3:11). Dios diseñó la ley para mostrarnos nuestras imperfecciones, para llevarnos al final de nosotros mismos y mostrarnos nuestra profunda necesidad de nuestro Señor Jesús. Así que el deseo de Dios es que recibamos y vivamos en su amor y gracia. Mira lo que dice el siguiente pasaje:
“Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:17)
Cuando Dios dio la ley, envió a un siervo, pero cuando Dios quiso establecer el nuevo pacto de gracia, tuvo que entregar a su Hijo unigénito. Amado joven, ¿puedes ver cuánto te ama el Padre? ¡Solo cuando estamos seguros y establecidos en el amor del Padre podemos ir con valentía ante Él y recibir Su gracia para cada necesidad, cada desafío, cada día!
Hay provisión porque Él ha prometido ser tu Dios
¿Qué podemos esperar entonces de estar bajo el nuevo pacto hoy? En Hebreos 8:10-13, encontramos las verdades y cláusulas del Nuevo Pacto, y en ella, Dios ha prometido que Él será nuestro Dios. ¡Qué promesa tan poderosa podemos disfrutar hoy! Hijo de Dios, ¿sabes lo que realmente significa cuando Dios dice que Él será tu Dios? Significa que si estás enfermo, Él será tu Sanador. Si estás endeudado o enfrentas una escasez financiera, Él será tu provisión. ¿Qué es lo que necesitas hoy? Cuando tu Padre es tu Dios, puedes estar expectante de verlo satisfacer cada necesidad en tu vida.
Ahora, ¿Puedo realmente acudir a Dios aun cuando he fallado? ¡SÍ! Querido joven, Él ha declarado que no recordará más nuestros pecados ni nuestras malas acciones. Todos tus pecados han sido borrados de manera efectiva por la obra terminada de nuestro Señor Jesús en la cruz. Aunque todavía podamos fallar en nuestra vida diaria, nuestro Padre celestial no nos condena ni nos condenará por ese pecado porque ya ha sido tratado en la cruz. Así que, ¡acércate con valentía a tu Padre celestial que te ama!
Hay provisión para cada demanda
La diferencia entre el antiguo pacto de la ley y el nuevo pacto de la gracia, es que la ley se relaciona con la exigencia, mientras que la gracia se relaciona con la provisión. La ley se relaciona con lo que debemos hacer por Dios, mientras que la gracia se relaciona con lo que Dios hará por nosotros.
Ahora, ¿cómo podemos saber si nos hemos sometido a la ley? Hay una manera sencilla de averiguarlo: piensa en un problema que estés afrontando hoy. Pregúntate: ¿estás intentando ser tú quien lo resuelva? ¿Te estresa? Si tu respuesta a cualquiera de estas preguntas es sí, entonces probablemente estás más consciente de las exigencias de la vida que de la provisión de Dios. Ahora, ser guiados por la gracia no significa que no hagamos nada, sino que se trata de ser guiados a hacer lo correcto en el momento correcto por la gracia y la sabiduría de Dios.
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28-30)
Aquí, el Señor se estaba dirigiendo a personas que habían estado viviendo bajo la ley. Estaban trabajando y agobiados no solo para ser aceptados por Dios, sino también para soportar las exigencias de la vida. ¿No nos suena familiar esto, incluso hoy? ¿Has estado imponiéndote exigencias a ti mismo? Algunos de nosotros tal vez nos hemos estado estresando pensando si hemos fallado ante Dios. Quizás has estado sintiendo la presión de satisfacer las necesidades de tu familia o las exigencias de tu jefe en el trabajo. Queridos, sea lo que sea lo que estés enfrentando hoy, el Señor quiere que confíes en Su gracia en lugar de en tus propios esfuerzos.
La abundante gracia de Dios abunda libremente hacia nosotros. Juan 1:16 nos dice: “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia”. En el griego original, la frase “gracia sobre gracia” se traduce como “gracia en lugar de gracia”. Esta revelación pinta un cuadro vívido de cómo la gracia de Dios es infinita.
Incluso en el área de vencer el pecado, puedes confiar en la abundante provisión de gracia de Dios para vencer ese mal hábito o adicción con el que quizás hayas estado luchando por un tiempo. Ten en cuenta que esto no significa que podamos continuar con un estilo de vida de pecado ¡La gracia no nos da licencia para pecar! De hecho, la verdadera gracia hace nacer en nosotros el deseo de llevar una vida santa y agradable al Señor.
“Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia” (Romanos 6:14)
“Ya que el aguijón de la muerte es el pecado y el poder del pecado, la ley” (1 Corintios 15:56)
A través de estos versículos, la Palabra de Dios es muy clara en que la gracia es lo que nos da a los creyentes el poder para vencer el pecado en nuestras vidas.
Cómo vivir la gracia de Dios en tu vida
Nuevamente, estar bajo la gracia no significa que no hagamos nada. Al contrario, la Biblia nos insta a ser fieles a la gracia que nuestro Padre nos ha dado y a seguir trabajando en esa gracia.
“para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí” (Colosenses 1:29)
“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Corintios 15:10)
Junto con Su gracia, Dios nos ha dado a todos y cada uno de nosotros un don o talento único. Para algunos de nosotros, podría ser la habilidad de tocar la guitarra o cantar; para otros, podría ser un hombre de negocios. De los versículos anteriores, vemos que debemos ser diligentes con nuestros dones dentro del alcance hacia donde el Señor nos ha guiado, o de lo contrario esta gracia sería en vano. Cuando fluimos en nuestros dones de gracia, nos damos cuenta de que lo que hemos hecho es fácil y liviano. ¡Hay una facilidad y tranquilidad sobrenaturales en lo que estamos haciendo! Y a medida que continuamos trabajando duro usando nuestros dones de gracia, Dios nos recompensa por usar la gracia que Él nos dio primero. En otras palabras, cuando Dios nos concede la gracia para una tarea, y somos fieles y diligentes para hacerla, ¡Él nos bendice por ello! Y sus recompensas son abundantes y prácticas ¡Aleluya!

