La celebración de la santa cena mata la justicia propia

//Pr. Luis A. Núñez\\

¿Por qué es tan importante hablar de la justicia propia y el peligro en la vida del creyente? Veamos Jeremías 17:5-8:

“Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada. Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto” 

               Estos versos nos muestran que tenemos dos posibilidades de vivir la vida, vives bajo bendición o vives bajo maldición, es una elección de vida. El Señor aclara que la confianza en Dios te trae bendición, pero la confianza en tu fuerza o en la fuerza humana trae maldición, esa confianza en la fuerza humana te lleva a la exaltación personal o te lleva a la condenación personal, a esa confianza en la fuerza humana más adelante el apóstol Pablo lo llama “justicia propia”. 

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe” (Filipenses 3:7-9)

                La justicia propia es la actitud que el hombre expresa debido a que se imagina que puede resolver todos sus problemas a través de sus propias fuerzas y aptitudes, junto con sus recursos naturales. Todas las cosas que para Pablo eran el resultado de su esfuerzo propio, la razón de su orgullo, de su vanidad, las perdió por causa de reconocer el amor de Dios.

               Vamos a ver algunas actitudes de la justicia propia:

  1. La justicia propia es cuando el creyente cree que tiene poder para no pecar mas

               Si cae en pecado, se levanta y dice que nunca más caerá. En otras palabras, está diciendo que tiene suficiente fuerza en sí mismo para no pecar. Si fuera el así ¿por qué entonces cayó?

  1. La justicia propia es querer ser su propia cabeza

               En el Reino de Dios ya existe la Cabeza, que es Cristo (Efesios 4:15). Cuando somos insertados en el Cuerpo de Cristo y queremos definir nuestra propia función, eso es justicia propia. Cuando rechazo el formar parte de un equipo y quiero trabajar solo, eso es justicia propia. Cualquiera que rechaza que el Señor sea su Cabeza (lejos del cuerpo que es la iglesia) está caminando sobre su propia justicia.

c.   La justicia propia es cuando creo que soy merecedor de algo  Cuando creo que todos tienen la obligación de saludarme, cuando pienso que el ascenso en el trabajo debería ser mío y no de otro, cuando considero que el elogio debería ser dirigido a mí de primera mano y no a cualquier otra persona, todo esto apunta a la justicia propia.

d.  La justicia propia es cuando creo que puedo juzgar a la gente Mi veredicto determina siempre lo que es correcto. Tengo el conocimiento y la justicia suficiente para decir lo que es correcto y lo que está mal. Cuando llega al colmo de decir que es su propio juez, entonces eso significa que todo está cuesta abajo, hacia un valle profundo de justicia propia.

e.   La justicia propia es cuando crees que algo que haces produce en ti más unción    Concluyes en que es por tu esfuerzo que la unción se produce o que eres elegido por alguna actitud especial que hay en ti.                 En toda la Palabra de Dios la orientación siempre es que miremos al Señor Jesús. Sea para la transformación de nuestra vida, para la inspiración o para no perder el rumbo, pero cuando alguien está lleno de justicia propia se mira a sí mismo, el foco es él mismo, entonces Jesús dejó de ser el centro de su vida y él mismo pasó a ser ese centro, todo gira alrededor de él y para él, eso es justicia propia. Su confianza está en si mismo o en lo que hace y no en la dependencia de Cristo.

“Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido” (Apocalipsis 2:2-5)

Todo lo que hiciste fue porque estabas aferrado a Cristo, eso produjo en ti sacrificio, paciencia, trabajo arduo, por amor a su nombre, es decir, tu primer amor es Cristo, esa fue la primera revelación que te llevo a creer, a ser salvo. La Palabra dice: “En esto consiste el amor, en que Él nos amó primero” (1 Juan 4:10), pero al dejar tu primer amor, al dejar la revelación de Cristo, dejas las primeras obras que son eso, paciencia, sacrificio, trabajo arduo ¿por qué caíste? ¿cuál ha sido la razón de que Cristo dejara de ser el centro de tu vida? ¿cuándo es que otras cosas se volvieron más importantes que Cristo y Él ya no es tu alegría, tu seguridad y ahora otras son las razones de tu felicidad, de tu estabilidad? ¿cuándo las cosas que deseas reemplazaron a Cristo? La justicia propia no solo daña la relación con Dios, sino también trae problemas en las relaciones entre hermanos, entre esposos, etc.  

El origen de la justicia propia  Génesis 2:25 nos muestra dos aspectos importantes. Primero, afirma que el hombre estaba desnudo. Esto nos da a entender algunas cosas, tales como: Dios veía al hombre completamente como él era, no había secretos; había debilidades en la vida del ser humano, no era perfecto. Segundo, cuando el texto dice que «no se avergonzaban» significa que el hombre no tenía noción de su situación. Él no podía ver la propia desnudez o al menos entender lo que significaba.  

La vida en el Edén     La situación del ser humano era como de un niño de dos años, vivía feliz, disfrutando de su vida en el Edén, sin preocuparse ni consigo mismo. Simplemente disfrutaba de lo que estaba a su disposición. La Palabra de Dios dice que en el jardín del Edén había dos tipos de árboles, agradables a la vista y buenos para el alimento (Génesis 2:9). Está claro en el texto que el árbol del conocimiento del bien y del mal era agradable a la vista (Génesis 3: 6). Estos árboles estaban uno al lado del otro. Entonces el árbol de la vida, que era bueno para el alimento, debía tener un aspecto no muy vistoso. Sabemos que el árbol de la vida apunta a Jesús y que eso (sin apariencia) está escrito sobre Jesús por los profetas.

El hombre se dejó llevar por aquello que era más agradable, desde su punto de vista, que por la confianza en el carácter de Dios, así es hoy también. 

Desde entonces el hombre se volvió en juez de Dios, el hombre define lo que él cree que es bueno o malo, no es lo que Dios dice que es. Dios había dicho que no comieran de este árbol, pero era agradable y bueno para comer, entonces Satanás apela a la duda acerca del carácter de Dios, la justicia propia es azuzada por el maligno en tu vida cuando se te muestra una imagen errada del carácter de Dios. Adán y Eva no confiaron en el carácter de Dios y comieron del árbol del conocimiento del bien y del mal. La primera consecuencia de eso fue ver cosas que ellos no veían antes.   

La manifestación de la justicia propia   Este momento de la comparación fue el divisor de aguas para la vida del ser humano y aún hoy es fundamental. En el caso de Adán, ese fue el momento en que las cosas realmente lo llevaron cuesta abajo ¿por qué no buscaron a Dios, arrepentidos de lo que hicieron y pidieron hacer ropa para ellos? Si ellos hubieran conocido a Dios realmente sabrían que Él es misericordioso y listo para perdonar. 

“Porque tu Señor eres bueno y perdonador y grande en misericordia para con los que te invocan” (Salmo 86:5)   

Teniendo ese entendimiento, habrían buscado al Señor pidiendo perdón. Si hubieran hecho eso ¿qué habría ocurrido? No sabemos, porque eso no sucedió. No tenemos como cambiar esa historia ocurrida en el Edén, solo no necesitamos repetirla en nuestras propias vidas. Ya basta lo que Adán y Eva hicieron a ellos mismos y a su descendencia. Hoy podemos vivir la vida que Dios vive, vestir la vestimenta que Dios tiene (la gracia de Cristo) y experimentar la libertad de caminar por el jardín, como Dios anda, sin ningún problema de conciencia, pues en la cruz, la obra que Cristo hizo en nuestro favor fue completa, está consumada.

 Las consecuencias inmediatas de la justicia propia  “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” (Génesis 3: 8-12)       

La justicia propia anula la gracia de Dios. Vivimos en la justicia propia o en la gracia de Dios. La opción por una de ellas anula la otra, es como luz y tinieblas. Entonces vamos a estar atentos a sus señales.

 a. Mirándose a sí mismo  La primera señal de la manifestación de la justicia propia es mirarse a sí mismo. La Biblia no dice cuánto tiempo vivió el hombre en el Edén sin comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, pero en todo ese tiempo, tenga la duración que sea, el hombre nunca quedó mirándose a sí mismo. Había muchas cosas para que él observe, para que se alimente y para que sea edificado. Todas las veces que estamos bajo la influencia de la justicia propia, el foco somos nosotros mismos, olvidamos lo que sucede a nuestro alrededor y en lo que estamos involucrados y solo tenemos ojos para nosotros mismos, ya sea para condenarnos o para hacernos auto suficientes (La historia del cienpies que le hicieron notar que tenía más de cien pies).  

b. Esconderse  El segundo signo de la manifestación de la justicia propia es esconderse. En el Edén, cuando Adán se enfoco en sí mismo sucedió algo muy malo, no le gustó lo que vio, percibió que estaba desnudo. Como ya hemos citado, desnudez en la Palabra de Dios apunta a muchas cosas, entre ellas, debilidades. Adán se dio cuenta de que no era perfecto. Él vio que había una diferencia abismal entre él y el Señor, Dios era perfecto y él era imperfecto. La justicia propia nos aleja de Dios, la gracia nos lanza a sus brazos (Juan 21: 1-7). Pedro fue hacia Jesús, se lanzó para alcanzar a Jesús. Quien no confía en su gracia se esconde, huye, quien confía en su gracia, corre hacia Él. Esta es la diferencia entre Pedro y Judas, Pedro entendió que su Dios es perdonador. 

 c.  Miedo    La tercera señal de la manifestación de la justicia propia es el miedo. Adán tenía miedo de Dios, Él pensaba que el Señor le castigaría por estar desnudo, pero Dios siempre estuvo con él y siempre vio que estaba desnudo y nunca había hecho nada contra él ¿Por qué lo haría ahora? Como ya dije, era un sentimiento ilógico. Adán no tuvo miedo por haber hecho lo que Dios le dijo que no hiciera, pero si tuvo miedo por darse cuenta de que estaba desnudo. La justicia propia saca la lógica de las cosas, bajo la influencia de la justicia propia estoy enfocado en mí mismo, sólo consigo verme. Este enfoque solo en mí, obstaculiza enormemente que vea las cosas como son de verdad.  

  Condenación                 Vimos que, en primera instancia, hay tres consecuencias que la justicia propia produce en nuestras vidas, que evidencian la condenación. No fue Dios quien condenó al hombre, pero su propia justicia lo hizo. Dios hasta entonces, no había dicho nada. Todo esto sucedió solamente entre Adán y él mismo. De una hora a otra, de la nada, el trabajo perdió la gracia, la familia ahora era una enemiga y Dios pasó a ser un ser temido, a esto se llama condenación. Cada vez que sentimos condenación ya sabemos quién está actuando. Si siente condenación, deténgase inmediatamente, expulse ese sentimiento y salte al barco de la gracia de Dios, que la condenación se vaya inmediatamente. La gracia del Señor es el lugar de descanso. La condenación es el lugar del cansancio ¿Esta cansado? Es porque la justicia propia está dominando su vida. renuncia y salta a los brazos del Padre. Lo que Él tiene que ofrecerte es pura gracia, alégrese, Él te ama. 

Alguna vez escuchamos que alguien salió de la iglesia porque dice que aquí ya no está la presencia de Dios, es una pena porque al meditar en ese argumento notamos la vida de condenación que algunos permiten, creyendo que algo que hacemos o no hacemos detiene la presencia de Dios, es decir, creyendo que algo que haces determina la presencia de Dios, esa es la justicia propia basada en la ley, su presencia no está determinada por lo que hacemos, sino por su amor.                La justicia propia no te permite disfrutar de tu familia, porque crees que mereces otra cosa. Muchos problemas en el hogar son el resultado de la justicia propia, porque quien solo se mira a si mismo, también mira los errores de los demás.

La Santa Cena  De una forma práctica, lo que debemos hacer todos los días cuando despertamos, es declarar la obra de la cruz en nuestras vidas, decir que somos resucitados en Jesucristo. Que ahora no dependemos más de nuestra justicia propia, sino de la justicia de nuestro Señor Jesucristo, proclamar que ella nos salvó y abrió un nuevo y vivo camino hacia el Señor Dios. Que no hay más condenación en nuestra vida, así como tampoco hay más merecimiento ¡Que hoy vivimos la vida de Cristo!    

Después de declarar esto, a usted mismo, al mundo natural y al mundo espiritual, alabe a Dios por esa obra consumada hecha en la cruz. Mientras usted esté alabando, será lleno del Espíritu Santo (Efesios 5:15-21) y no habrá tentación que le pueda resistir en el camino de su cristianización ¡Gloria a Dios por la obra del Calvario! Por eso el Señor instituyó la celebración de la Santa Cena, porque a través de ella nuestros ojos se abren a la gracia de Cristo, al amor del Señor y por tanto somos libres de la justicia propia, libres de la condenación. 

En 1 Corintios 11:26 dice que cada vez que comiéramos de este pan anunciamos la muerte del Señor hasta que Él venga. Su muerte te dio la vida, su muerte es la muestra de su amor, su muerte es para que tú seas como Él es, su muerte te libró de la condenación del pecado y te hizo hijo amado no por obras si no por su gracia. Su muerte nos mostró que no merecíamos nada, pero Él nos amó primero, su muerte te dio victoria y autoridad sobre toda potestad, su muerte nos libró de la maldición de ley.

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