La nueva naturaleza

//Pr. Líbano Gamarra\\

Un día un escorpión deseaba pasar al otro lado de un río y empezó a buscar un medio que le permitiera cruzar sin riesgo de ahogarse.  Viendo a una rana que estaba tomando sol le preguntó: “Oye rana ¿podrías llevarme nadando en tu espalda a la otra orilla?”. La rana le contestó: “¿de verdad me crees tan ingenua? Sé muy bien que una vez subido en mi espalda me clavarás tu aguijón y me matarás”. “No seas tonta” replicó el escorpión “¿cómo podría hacerte eso? ¿Acaso no sabes que nosotros no sabemos nadar y que si yo te matase moriría contigo?”. La rana, convencida por este razonamiento lógico pensó: «Es verdad, si me matara, él también se moriría y no creo que esa idea le guste”. Finalmente exclamó: “De acuerdo, sube, te llevaré”. El escorpión se acomodó en la espalda de la rana y esta empezó a cruzar el río. Cuando llegaron a la mitad del torrente, en el punto más profundo, el escorpión levantó su aguijón y con un rápido golpe lo clavó en la cabeza de la rana. La rana agonizando y atónita dijo: “¿Qué has hecho estupido? ¡Ahora te vas a morir tú también!”. “Lo sé, pero soy un escorpión y esta es mi naturaleza. No puedo evitarlo” contestó el escorpión.

Así como cada ser vivo tiene su naturaleza, nosotros también. La naturaleza influye en la conducta, en la manera de pensar, aun en la dieta. Los leones solo comen carne y las vacas solo comen hierbas ¿Por qué? Porque esa es su naturaleza.

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27) 

Éramos semejantes a Dios, Él nos había creado así, pero como sabemos, Satanás manipuló al hombre y a través del pecado, incertó en nosotros la naturaleza malévola y perversa. Cuando Adán fue mordido por la serpiente (en forma figurativa, por supuesto) comenzó en nosotros los seres humanos a manifestarse una naturaleza conforme a la naturaleza de Satanás, por eso el ser humano no puede dejar de hacer lo malo, mata, roba, odia, no puede perdonar, adúltera, etc. Además de eso, como Dios había advertido a Adán, nuestro cuerpo comenzó a enfermarse, envejecer y morir, producto de la naturaleza caída (Juan 10:1, Gálatas 5:19), pero gracias al Señor Jesucristo y a su obra redentora, es que la naturaleza de Dios volvió a injertarse en nosotros (Juan 1:12, 2 Corintios 5:17).

Sí, somos nuevas criaturas en Cristo Jesús, pero todavía tenemos en nosotros esa vieja naturaleza, el aguijón de Satanás, ese aguijón que no nos permite disfrutar de la nueva naturaleza al 100%. De hecho, Dios nos da las herramientas necesarias para que cada vez más erradiquemos esa vieja naturaleza, pero ¿cuáles son esas herramientas?

Sabemos que el pecado siempre intenta opacar la naturaleza de Dios en nosotros y eso afecta nuestra manera de pensar, de sentir y de actuar. Cristo vino a redimirnos y a devolvernos plenamente la naturaleza que el pecado o el aguijón de Satanás afectó (2 Pedro 1:4, 2 Corintios 3:18).

¿Cuáles son esas herramientas para vencer a la vieja naturaleza?

  1. Debemos reconocer que todavía pecamos

Si reconocemos que estamos enfermos, entonces iremos en busca de ayuda, vamos al médico u hospital más cercano. Estando con el médico, le compartiremos los síntomas minusiosamente y solo así lograremos recuperarnos, de la misma manera el Señor opera en nuestras vidas. Algunos Cristianos creen que su vieja naturaleza fue destruída o quitada cuando aceptaron a Cristo, pero eso no es cierto, Dios no nos quita la vieja naturaleza pecaminosa cuando nos salva, en vez de eso nos da su Espíritu Santo para vencerla (Gálatas 5:17, Romanos 7:18; 5:9).

La carne no se convierte a Dios, la carne no obedecerá a Dios, la carne no puede conocer a Dios, la carne no puede agradar a Dios. Podemos identificar a la carne con el “YO”, la carne es egoísta, solo quiere satisfacer sus deseos.

Dios quiso que Adán fuera gobernado por el Espíritu de Dios, pero Adán no le creyó, más bien le creyó a la serpiente y desobedeció. Cuando hizo esto, murió espiritualmente. Adán fue separado del Espíritu de Dios. Su alma y cuerpo se volvieron pecaminosos. Por el hecho de que él era el principio de la raza humana, Adán pasó su naturaleza pecaminosa a toda su descendencia y ¿qué sucede cuando la carne gobierna? ¡Su cuerpo se convirtió en «una fábrica de pecados»! Todos sabemos lo que es una fábrica (Marcos 7:21-23).

¿Qué hizo Dios para solucionar este problema? Él nos crucificó con Cristo ¿Para qué? Para que ya no fuéramos gobernados por la carne. Nos dice que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con Cristo para que la carne fuera hecha ineficaz (Romanos 6:6). Aunque antes era esclavos del pecado, ahora podemos decir ¡No! a la carne (Romanos 8:12, 6:12). 

  1. Debemos reconocer que Dios nos dio una nueva naturaleza y poder para vencer la vieja naturaleza 

Dios envió al Espíritu Santo para morar en nuestros corazones (Gálatas 4:6). El Espíritu Santo es una persona y Él es Dios (Juan 14:16) ¿Qué hace el Espíritu Santo?

  • Lucha contra la carne.
  • Produce la vida de Cristo en nosotros.

La carne quiere que pequemos, pero el Espíritu Santo está contra el pecado (Gálatas 5:17) ¿Quién es más poderoso, la carne o el Espíritu? El Espíritu, por supuesto, pero el Espíritu Santo no anula nuestra propia voluntad, tenemos que elegir ser librados de las obras de la carne.

Supongamos, por ejemplo, que tenemos muy mal genio, esta es una obra de la carne y respecto a eso tenemos que hacer una elección ¿Vamos a permitir que nos siga gobernando o escogemos ser librados de él? Dios dice que la carne no debe gobernarnos ¿Estamos de acuerdo con Dios en esto? ¿Elegimos ser librados de esa obra de la carne? Entonces, contando con nuestra muerte con Cristo, pidamos al Espíritu Santo que Él dé muerte a los malos deseos y hechos de la carne y confiemos en que Él lo hará (Romanos 8:12-13, Gálatas 5:22, Juan 16:13-14). El Espíritu Santo toma estas cualidades de Cristo y las hace reales en nuestra vida. Hace que la vida de Cristo sea nuestra vida.

Siempre habrá dos caminos ante nosotros. Podemos andar en la carne o andar en el Espíritu ¿Cómo andamos en el Espíritu? Consideremos por ejemplo, comenzar cada día teniendo un tiempo devocional a solas con Dios, leyendo su Palabra y hablando con Él en oración. Cada vez que podamos, debemos volver nuestra mente a Cristo y a su Palabra.

Debemos confiar en el Espíritu Santo, no podemos vencer la carne con nuestra propia fuerza. Es el Espíritu Santo quien vence a la carne y Él hace esto conforme confiamos en Él. A medida que dependemos de Él, Él produce la vida de Cristo en nosotros y la vida de Cristo vence a la carne.

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