La posición que define nuestro estado

//Pr. Luis A. Núñez\\

“Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia. Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos  4:11-13)

La razón por la que cada vez que nos reunimos alabamos y escuchamos la Palabra es porque no hay manera de experimentar el reposo si no es a través de la revelación de la Palabra. Muchos aun no experimentan el reposo en sus vidas porque aun tienen estructuras carnales, pensamientos humanos y naturales, emociones defectuosas que no les pemiten entrar en el descanso. Todo está delante de Él, nada es desconocido para Dios, entonces la Palabra nos conduce a una vida victoriosa, es necesario darle valor a la Palabra. 

Después del ayuno todo va a levantarse para que dejes de creer, se presentarán circunstancias que producirán en ti sentimientos que intenten desenfocarte de una verdad, tu posición en Cristo. Una cosa que todo cristiano debe entender es la diferencia entre la posición que tenemos y el estado en el que nos encontramos. La posición es lo que somos en Cristo, ante los ojos de Dios, pero el estado es cómo nos encontramos en este momento. La voluntad de Dios es que nuestro estado defina nuestra posición.

Diferencia entre posición y estado

Todos debemos comprender que existe una diferencia entre nuestra posición y nuestro estado. Nuestro estado cambia todos los días, pero nuestra posición sigue siendo la misma para siempre. Una cosa es nuestra posición y otra nuestro estado momentáneo.

“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:13-15)

Tu posición ante Dios ya está establecida, tu posición fue ganada por Cristo. Tu posición como hijo, la posición de ser justo y santo nunca cambia, pero aquello que si cambia es tu estado, pues está definido por cómo te sientes, a veces te sientes emocionado, otras veces te sientes deprimido, hay momentos en los que estás enojado y otros momentos en los que estás de buen humor y lleno de alegría, hay días en los que eres generoso, otros en los que quieres guardártelo todo para ti, hay días de mucha alegría y otros de inmensa tristeza ¿te das cuenta? tu estado es fluctuante y transitorio, pero tu posición ante Dios es permanente y eterna. Esa es la razón por la que es necesario vivir siempre en función de tu posición, nunca en función de tu estado actual. Nunca definas tu posición en función del estado en el que estás, sino define siempre tu estado en función a tu posición.

Es normal pensar: “Esta mañana tuve impulsos negativos y casi golpeo al chofer del bus ¿cómo he podido sentir eso? ahora Dios ya no cuenta conmigo”o quizás “Me dejé llevar por esa tentación, ahora Dios está enojado conmigo ¿Cómo puedo servir ahora? ¿Cómo voy a liderar?”. Esta es una situación muy común, permitimos que nuestro estado afecte nuestra percepción de la posición que tenemos en Cristo.

Tu estado jamás puede cambiar tu posición, pero puede llevarte al engaño de que perdiste tu posición. Debes tener clara la revelación de que tu posición la ganó Cristo, no fuiste tú. Cristo te dio vida cuando estabas muerto, toda la posición que tenias antes de conocer a Cristo fue cambiada por Él. Estabas muerto, lejos de Él, eras su enemigo e hijo del diablo, pero ahora eres hijo de Dios, amado, santo, justo, llamado y heredero de toda bendición.

Afírmate en tu posición

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza” (Romanos 5:1-4)

Percibe que en el verso 1 y 2 habla de nuestra posición (Justificados y en la gracia), en la que debemos estar firmes, es decir, constantemente afirmados, establecidos y definidos en esa verdad. En el versículo 3 y 4 vemos como por causa de estar firmes en esa posición podemos vencer al estado en medio de las tribulaciones.Toda tribulación produce, de manera natural, tristeza, angustia, desesperación, condenación, acusación y pensamientos de que Dios te abandono, pero cuando tienes presente la revelación de quién eres, de tu posición, puedes vencer, pues entiendes quien eres en Cristo.

“¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?” (Romanos 8:33-35)

Toda guerra espiritual tiene el objetivo de producir en ti un estado, un sentimiento que te lleve a pensar que tu posición es afectada, ese sentimiento te acusará, luego te condenara y finalmente te hará creer que Dios no te ama, por eso tener seguridad de tu posición te llevará a tu victoria ante lo que estás sintiendo.

“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:37-39)

La revelación de tu posición te llevará a una relación victoriosa con Cristo. Veamos, a través del salmista, como se expresa la revelación de la presencia de Dios en tu vida.

“Detrás y delante me rodeaste y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz. Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado y mi alma lo sabe muy bien” (Salmo 139:5-14)

Somos miembros de la iglesia y permanecemos en ella por la  posición que tenemos, no por el estado en el que nos encontramos.

“Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno solo. Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro. Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas”   (1 Corintios 12:14-28)

Permanezco, pero no por si me gusta o no, por si me tratan bien o no, sino que es por mi posición firme, de saber que soy miembro de su cuerpo, miembro de la iglesia.

“El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes” (Salmos 92:12-14)

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