La recompensa de los que le buscan

Pr. Luis A. Núñez

El Señor viene pronto y tenemos que considerar los tiempos pues, aunque no sabemos el día, si podemos discernir los tiempos.

“De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (Mateo 24:32-34)

               La higuera es Israel, la higuera paso un largo invierno hasta 1948, tiempo en el que la nación de Israel fue restaurada y en 1967 Jerusalén fue reconquistada. La nación de Israel es una señal de la venida del Señor, por eso debemos orar por Israel y estar atentos a lo que pasa allí.

            ¿Quiénes serán arrebatados? ¿quiénes serán los vencedores? Enoc fue el primero en experimentar el arrebatamiento.

“Caminó, pues, Enoc con Dios y desapareció, porque le llevó Dios” (Génesis 5:24)

               Caminar con Dios significa que él creía, él confiaba en Dios. Enoc caminó con Dios y como resultado, Dios lo tomó para sí. Antes de ser arrebatado, obtuvo el testimonio de haber agradado a Dios (Hebreos 11:5). Agradar a Dios es el resultado de creer y descansar en Él y como consecuencia, tomar lo que Dios tiene para nosotros. Existe una manera de agradar a aquel que hace un regalo y es recibiendo su regalo, hay una manera de agradar al que te prepara algo y es disfrutar lo preparado, hay una peculiaridad en quien cocina para quienes ama y es que está pendiente, preguntando si les gustó, porque su alegría es el disfrute de quienes ama.

               Entonces la Biblia aclara que Enoc caminó con Dios y que su testimonio fue que el agradó a Dios, entonces podemos decir que esa es la característica de quienes serán arrebatados, esa es la característica fundamental de los vencedores. 

Él recompensa a los que creen

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6)

               ¿Qué agrada a Dios? La respuesta es simple: la fe. Sin fe, sin confianza, es imposible agradar a Dios y ¿cuál es el tipo de fe que le agrada? En primer lugar, es aquel tipo de fe que cree que “Él es”. La mejor traducción de Hebreos 11:6 sería: “es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él es”, esta es la traducción literal. Él es Dios de bondad, Él es Dios de amor, Él es Dios de gracia, Él es perdonador. Entonces la primera manera de agradar a Dios es cuando creemos que Dios es. Si estamos enfermos, creemos que Él es nuestra sanidad, si necesitamos provisión creemos que Él es nuestro suplidor, si estamos débiles Él es nuestra fortaleza ¡Dios es! Esta breve afirmación trae consigo todo el suministro de Dios para nosotros.

               Necesitamos confiar en Dios aun cuando las circunstancias dicen lo contrario. Nuestras preocupaciones son imprecisas, nuestros temores muchas veces son infundados, nuestras decepciones son, por lo general, erradas, por eso con los discípulos que iban camino a Emaús, el Señor quiso que ellos primero tengan una revelación de Él a través de las escrituras, no de lo que la experiencia les diría, pues la experiencia aparentemente puede mostrarte que Dios no está contigo o que Él te mandó un castigo, pero la verdad es que su Palabra dice que Dios tiene los mejores pensamientos acerca de ti.

Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11)

               La segunda manera de agradar a Dios es con una fe que te lleva a creer que Él es galardonador. Galardón significa recompensa. Dios es aquel que recompensa a todos los que lo buscan. Un pensamiento común entre cristianos religiosos es que no debemos hacer cosas para Dios pensando en la recompensa, pero Hebreos 11 dice que la fe que agrada a Dios es aquella que cree que Él nos va a recompensar. En la mente de algunos, buscar la recompensa es algo que contradice la gracia de Dios, pero no es eso lo que enseña el Nuevo Testamento. Dios nos da cosas por su gracia y cuando la recibimos por fe, Él nos recompensa por ello.“Y cada uno de los de Israel decía: ¿No habéis visto aquel hombre que ha salido? Él se adelanta para provocar a Israel. Al que le venciere, el rey le enriquecerá con grandes riquezas, y le dará su hija, y eximirá de tributos a la casa de su padre en Israel. Entonces habló David a los que estaban junto a él, diciendo: ¿Qué harán al hombre que venciere a este filisteo, y quitare el oprobio de Israel? Porque ¿quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente? Y el pueblo le respondió las mismas palabras, diciendo: Así se hará al hombre que le venciere” (1 Samuel 17:25-27)                 David preguntó por la recompensa y quiso la recompensa, su victoria fue gracia de Dios, pero recibió la recompensa de casarse con la hija del rey. Cuando crees que Dios es un Dios de recompensa quieres la recompensa y Él te permite experimentar gracia y recibir recompensa. Los hombres de Dios también son motivados por la recompensa y podemos ver esto en la vida de muchos de ellos. El primer ejemplo es Moisés. Hebreos dice que Moisés estaba mirando la recompensa que le aguardaba.  “Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón” (Hebreos 11:24-26)                 Los discípulos también estaban preocupados por la recompensa y el Señor no los reprendió por eso. Pedro le preguntó a Jesús lo que él recibiría por haber dejado todo y seguirlo. Ante esta pregunta, el Señor podría haber reprendido a Pedro, diciendo que la recompensa sería dada solo en el cielo, pero en lugar de eso, Jesús le dijo a Pedro que recibiría cien veces más en esta vida ¿Qué necesitamos hacer para disfrutar de esa recompensa? Solo necesitamos creer. Abraham creyó, por lo que su galardón será grande.  “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís” (Colosenses 3:23-24)                 El Señor es fiel, Él no pasará por alto tus lágrimas, tus esfuerzos, Él te recompensará. La recompensa es para aquellos que renunciamos a causa de Él y por causa del evangelio. No todos los que ofrecen o trabajan en la iglesia lo hacen por amor al Señor y al evangelio, pero los que lo hacen serán recompensados y debemos esperar la recompensa, pues a Dios le agrada cuando creemos que Él es el galardón.  Obedecemos porque creemos                 En Lucas 5 leemos acerca de la pesca milagrosa. Cuando el Señor llegó al mar de Genesaret había muchos barcos. Él pudo elegir cualquiera de ellos, pero decidió entrar en uno, pues alguien estaba a punto de ser bendecido. Cuando el Señor resuelve entrar en tu barco es porque Él quiere darte gracia para algo, es un verdadero privilegio. Si Jesús eligió tu barco es porque está liberando gracia sobre tu vida. En ese momento el pescador pudo haber dicho: “Trabajé toda la noche y estoy cansado ¿No puedes entrar en otro barco?” El barco en el que el Señor entró era de Pedro y Él le pidió que lo apartara un poco de la playa:   “Y sentándose, enseñaba del barco a las multitudes. Cuando acabó de hablar, le dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar” (Lucas 5:3-4)                 En aquel mismo lago donde no habían logrado pescar nada toda la noche, ellos ahora cogieron tantos peces que se les rompía las redes. Su barco repentinamente se convirtió en un imán atrayendo a los peces ¿Por qué? Porque él había dado su barco a Jesús para que Él lo use en su predicación. Aquel tiempo de predicación podría parecer un tiempo de trabajo perdido para el pescador, pero el Señor Jesús es el galardonador. Recuerde que la gracia es favor inmerecido, pero al mismo tiempo, cuando tus usas la gracia recibida, Dios mismo te recompensará por usar la gracia que él mismo te dio.                La obediencia en la ley era una actitud técnica y robótica, pero la obediencia en la gracia es llena de pasión, es inspirativa, es convicción y certeza. Recuerda siempre que es la bondad de Dios la que conduce a la gente al arrepentimiento (Romanos 2:4). Fue después de ver el milagro que Pedro tomó conciencia que era pecador. En ningún momento el Señor Jesús mencionó algún pecado de Pedro, pero su gracia lo trajo al arrepentimiento. La recompensa es la restitución  “Entonces, habiendo pecado y ofendido, restituirá aquello que robó, o el daño de la calumnia, o el depósito que se le encomendó, o lo perdido que halló o todo aquello sobre que hubiere jurado falsamente; lo restituirá por entero a aquel a quien pertenece, y añadirá a ello la quinta parte, en el día de su expiación. Y para expiación de su culpa traerá a Jehová un carnero sin defecto de los rebaños, conforme a tu estimación, y lo dará al sacerdote para la expiación” (Levítico 6:4-6)                  Entonces para expiación era necesaria la sangre, está el sacrificio del carnero, pero también hay ciento veinte por ciento para pagar, para devolver a quien fue robado, es decir, al ofendido ¡Logras notar que la parte ofendida se convierte en la parte ganadora! Digamos que alguien perdió una vaca, la restitución del Señor dice: “por cinco vacas que te robaron, cuando se descubra al ladrón, te deberá devolver seis vacas ¡Ciento veinte por ciento! Entonces al que le robaron se pone muy feliz, se acerca a su esposa y le dice: “Cariño, estoy tan feliz de que ese hombre nos haya robado las vacas ¡Ahora tenemos seis vacas! ¡Me alegro mucho de que nos haya robado!”                Por lo tanto, Dios siempre asegura que la parte ofendida no solo sea compensada, sino recompensada, no solo restaurado, sino restaurado por más del precio completo. El Señor será tu restituidor, cree en esto, desea esta recompensa de restitución El 2025 será “el año de la restitución”.

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