La santa cena,  la esperanza en momentos oscuros

//Pr. Eliud Cervantes\\

Jesús viene a tu encuentro en tus momentos más oscuros

“Oyó Abram que su pariente estaba prisionero, y armó a sus criados, los nacidos en su casa, trescientos dieciocho, y los siguió hasta Dan. Y cayó sobre ellos de noche, él y sus siervos, y les atacó, y les fue siguiendo hasta Hoba al norte de Damasco. Y recobró todos los bienes, y también a Lot su pariente y sus bienes, y a las mujeres y demás gente. Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey. Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo. Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes. Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram” (Génesis 14:14-23)

Hoy, juntos como Iglesia vamos a celebrar la Cena del Señor, y el sábado pasado comenzamos a hablar sobre la “esperanza”, pues participar de la mesa del Señor es nuestra esperanza para nuestras vidas hasta que Cristo vuelva.

En este pasaje de Génesis 14:14-23, vemos el encuentro de Abraham con Melquisedec. Y aquí encontramos el aspecto guerrero en la vida de Abram. Sólo él y sus sirvientes, 318 personas, pudieron derrotar a cuatro reyes y sus ejércitos y así rescatar a su sobrino Lot. Solo Dios podía darles esa victoria, pero cuando Abraham llegó al valle de Save (v.17), él se encontraba en el momento más cansado. Había caminado más de 400 km tras perseguir a sus enemigos llegando al norte de Damasco y retornaba a casa.

Y cayó sobre ellos de noche, él y sus siervos, y les atacó, y les fue siguiendo hasta Hoba al norte de Damasco” (Génesis 14:15)

Después de esa victoria, quien primero le salió al encuentro fue el rey de Sodoma (Bera – su nombre significa “hijo del mal”), el cual representa al diablo. Pues tenemos que saber que el diablo, a menudo sale a tu encuentro inmediatamente después de una gran victoria. Muchas personas se olvidan de orar después de una gran victoria. Debemos caer de rodillas y darle a Dios toda la alabanza y gloria.

El momento del valle

Todos nosotros pasamos por momentos de valles, es decir, por momentos muy difíciles. Es lo que estaba pasando con Abram, él se encontraba en el Valle de Save, que es el valle del Rey, o el valle de Josafat. Conocido también como el torrente de Cedrón en el evangelio de Juan. Es en ese lugar que se encontraba también el Getsemaní, el lugar donde nuestro Señor Jesús sufrió hasta sudar gotas de sangre.

“Habiendo dicho Jesús estas cosas, salió con sus discípulos al otro lado del torrente de Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con sus discípulos” (Juan 18:1)

Fue en ese momento que Melquisedec, que representa a Cristo, también se encontró con Abram. Este lugar representa el momento más oscuro de la vida de una persona. Es en este lugar que se encuentra el monumento de Absalón (2 Samuel 18:18), quien traicionó a su propio padre, el rey David, motivo por el cual murió colgado, al igual que pasó con nuestro Señor Jesús.

Por tanto, Melquisedec (que tipifica a Cristo) viene a nuestro encuentro en nuestro momento más oscuro. Él bajó a nosotros, a nuestro encuentro. Dios quiere recordarnos que en nuestro momento más oscuro, no olvidemos participar de la Santa Cena. Cuando participas de la Santa Cena, estás proclamando la muerte de Jesús, y cuando diezmas, declaras que Él vive (Hebreos 7:8). Y en respuesta, Abram viene con el diezmo.

Participa de la Santa Cena e ignora al enemigo

Es interesante ver que en la primera mención de Melquisedec, las primeras palabras que salen de su boca son bendiciones, al igual que el ministerio de nuestro Señor Jesús. Él no tiene palabras de maldición sobre nosotros sino de bendición. Por tanto, no puedes recibir la Santa Cena sin un sentido de Su favor, cuando participes de ella, ten en cuenta los favores de Dios en tu vida; no lo tomes de manera legalista. La palabra para “agradecer” viene de “eucaristia”. Es ser conscientes de sus favores. Nuestras bendiciones son por el favor de Dios. Es Dios quien nos da la capacidad de obtener riquezas, no nuestras obras. Cuando diezmamos también tenemos que tener presente eso.

Todavía, el diablo no tiene reparos en que te hagas rico, lo que él quiere son las vidas, las almas. Por tanto, cuando se trata del dinero, usa el dinero para amar a la gente, no uses a la gente para amar al dinero (v.21).

Cuando pasas tiempo con Jesús, el diablo llega demasiado tarde para tentarnos. También Dios pondrá las palabras en nuestra boca para responder a nuestros enemigos. Vemos que Melquisedec ni siquiera abordó el tema que planteó el rey de Sodoma, tampoco Abram, porque estaban concentrados en la bendición. Por eso, una de las más altas formas de resistencia es IGNORAR.

La importancia de la comunión en la Iglesia primitiva

“El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche. Y había muchas lámparas en el aposento alto donde estaban reunidos; y un joven llamado Eutico, que estaba sentado en la ventana, rendido de un sueño profundo, por cuanto Pablo disertaba largamente, vencido del sueño cayó del tercer piso abajo, y fue levantado muerto” (Hechos 20:7-9)

En Hechos 20:7-9, dice que los creyentes se reunieron para partir el pan y no dijeron que vinieron a escuchar a Pablo, el orador invitado. Todavía, Eutico (su nombre significa “buena fortuna”) cayó del tercer piso y murió; pero fue resucitado.

“Después de haber subido, y partido el pan y comido, habló largamente hasta el alba; y así salió. Y llevaron al joven vivo, y fueron grandemente consolados”                (Hechos 20:11-12)

Pero, a pesar de los dramáticos acontecimientos que se desarrollaron con la muerte y resurrección de Eutico, el servicio continuó. No se hizo ningún compromiso a pesar de las dificultades, y participaron de la Sagrada Comunión. Eso nos muestra que la Santa Cena no es sólo un ritual, es una prioridad. 

Recibe los beneficios de la Obra Consumada a través de la Santa Cena

Este Melquisedec, cuando se encuentra con Abraham le da pan y vino. Estas son imágenes de los elementos de la santa Comunión, la Cena del Señor. El pan y el vino representan el sacrificio de Jesús por nosotros en la cruz.

El pan se hace machacándolo, amasándolo y luego horneándolo en el fuego. Esta es una imagen de Jesús siendo azotado y golpeado, y finalmente soportando el fuego del juicio por nuestros pecados en la cruz. Así es como Jesús se convirtió en el pan de vida para nosotros y nuestras familias. El vino se elabora pisoteando las uvas, y luego se guarda en un lugar oscuro. Esta es una imagen de Jesús siendo pisoteado y convirtiéndose en el vino de nuestras vidas.

Estos elementos del pan y el vino nos han sido dados para nuestro beneficio. El Señor nos invita a participar de Él mismo y, mientras lo hacemos, a hacerlo en memoria de Él. Durante la época de la Iglesia Primitiva, la gente iba de casa en casa y participaba de la Cena del Señor. Cuando Abraham estaba cansado y necesitaba descanso físico, Melquisedec le trajo el pan y el vino para refrescarlo.

Por tanto, cada vez que participes de la Comunión, mira a Jesús, tu Melquisedec celestial, trayéndote el pan y el vino. Así es como participar de la Comunión no se convertirá en un ritual. No se trata de que tú traigas los elementos, sino de que el Señor te los está brindando y encontrándose contigo en el momento justo de tu necesidad. La Santa Cena se convierte en un tiempo de comunión, un tiempo de unión, de amor y de recibir directamente lo que necesitas de Él ¡Aleluya!

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