Mira la bondad de Dios y recibe una bendición completa

//Pr. Eliud Cervantes\\

Estamos viviendo un tiempo, donde la palabra del Señor nos dice que el mundo cada día será más oscuro, sin embargo, la promesa del Señor es que Su gloria brillará mucho más sobre nosotros (Isaías 60:1-2). En medio de ese panorama, las personas están acabando con su vida, y lo que más necesitan no es solo escuchar sobre el amor de Dios, sino tener revelación de ese amor en Cristo Jesús. Y ese mensaje no es solo para gente inconversa, sino principalmente para aquellos que ya son hijos de Dios, porque muchos tienen sentimiento de ser hijastros.

Cuando tenemos revelación de ese amor sobre nuestras vidas, eso nos llevará a experimentar una bendición en toda su plenitud, una prosperidad (éxito) mayor, cien veces más, la cual es el propósito del Señor. Y vamos a ver cómo podemos recibir esa bendición a través de una parábola; sin embargo, antes quisiera ver la pregunta que originó esa parábola gracias al apóstol Pedro.

¿Qué tendremos por servir al Señor?

“Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos? Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros” (Mateo 19:27-30)

La parábola que estudiaremos es para corregir y enseñar no sólo a Pedro, sino a todos nosotros, sobre el motivo y la postura que tenemos al servir al Señor. No es el “qué”, sino el “por qué”. Ahora cuando en el v.16 del capítulo 20 dice: “muchos son llamados, mas pocos escogidos”, no está hablando de la salvación, sino de ser elegido para disfrutar la plenitud de las bendiciones, es decir: cien veces más.

Entonces, si dejas algo “por su nombre”, recibirás cien veces más en esta vida (Marcos 10:30) aunque con persecuciones. Dios quiere la manifestación plena de Su bendición en ti, el CIENTO POR UNO, estar lleno de gracia, como Esteban (Hechos 6:8). Porque al igual que con el castigo, hay diferencias también entre los que son bendecidos.

La parábola de los obreros de la viña

“Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados; y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron. Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo. Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. Él les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo. Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día. Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno? Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos” (Mateo 20:1-16)

La primera cosa que vemos es que el primer grupo de personas fue “contratada” al comienzo del día, es decir, antes de la hora tercera (9am) y llegaron a un “convenio” de un “denario” o “denar” que es la moneda en países del Medio Oriente. Ese grupo representa al pueblo de Dios en el tiempo de la Ley. En la Ley las personas eran bendecidas dependiendo de sus obras. Si obedecían, eran bendecidos.

La segunda vez que salió fue a la hora tercera; pero les dijo: “…Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo.” ¿Hay algún acuerdo? No, ningún acuerdo. Tenían que ir basados en su palabra. Lo mismo pasó con las personas de la hora sexta y novena.

Sin embargo, salió también a la hora undécima, es decir, 5 de la tarde, porque el día judío termina a las 6 de la tarde; por eso Dios dice en Gn 1 “fue la tarde y la mañana el día…” porque para Dios nuestros días no se oscurecen, sino que están brillando más.

El camino de Dios: Los últimos son los primeros

Entonces, al final del día él comienza a pagar a todos, y comienza del ÚLTIMO AL PRIMERO. Ese es el camino de Dios. Los grandes héroes de las parábolas son siempre los últimos, los perdidos, los más pequeños, etc. El hombre glorifica a los fuertes y poderosos; pero Dios manifiesta su poder en nuestra debilidad, su gracia es atraída por tu debilidad. A nadie le gusta ser el último, pero si te sientes así, ésta parábola es para ti. No se trata de tus capacidades, sino de permitir que Su bondad se manifieste.

La manera de recibir la bondad de Dios

Los trabajadores de la hora undécima recibieron un denario, al igual que los demás, es decir, una bendición completa y multiplicada por cien. Los otros grupos, también recibieron un denario; pero pensaron que recibirían más ¿Por qué? Porque trabajaron todo el día; pero el acuerdo fue por un denario. Y comenzaron a quejarse. Así también fue con el pueblo de Israel, comenzaron a quejarse y siempre les iba mal.

“Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor” (1 Corintios 10:10)

Ahora, ¿qué es lo que nos lleva a quejarnos? Compararnos con los demás en lugar de mirar la bondad del propietario. Normalmente tendemos a ser celosos no con los que están arriba o en otro trabajo, sino de alguien de tu misma especialidad o nivel. La similitud te costará, tener sólo una visión horizontal.

Por tanto, pon tu mirada en la bondad del corazón del Señor. El hombre por naturaleza nunca está contento, ya nace reclamando, nunca está satisfecho con cada avance. ¿Cuándo dejarás de compararte o quejarte? Inclusive de la Iglesia donde estás. El secreto es seguir a Jesús, poner tu mirada en Él. Ej: Pedro y Juan (Jesús le dijo a Pedro:  que te importa, sígueme tú).

Entonces, estos hombres se quejaron. Pero la respuesta de Jesús es: “Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario?” (v.13). Entonces el Señor no les hizo ningún mal. Sé que todos tenemos afinidad con todos ellos en su reclamo. Pero, si el Señor quiere ser generoso, ¿qué te importa eso? Obtuviste lo acordado, el sistema de trueque (la ley).

Fue así con la nación de Israel, hasta que llegaron al Monte Sinaí. Ellos experimentaron la gracia a pesar de sus quejas, pero en Sinaí cambió todo. Ser un predicador de la gracia es tan difícil por una mentalidad de trueque que hay.

El Señor Jesús dice: ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno? Lo que pasó con estos hombres fue la envidia. La Biblia dice “El ojo misericordioso será bendito…” (Proverbios 22:9).

Entonces, qué significa: “Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.” El Señor estaba hablando en términos de bendición, de recompensa, en términos de lo que Dios nos da. Por tanto, todos ellos fueron llamados, pero “pocos escogidos”. ¿A quiénes Dios elige? A los que permiten que le da la oportunidad de mostrarse en la bondad de su corazón.

Al comienzo ellos confiaron en la bondad y justicia del jefe, ¿Por qué? Porque tuvieron una fe simple, en su palabra. Fue así con las personas que experimentaron los milagros del Señor. Es como si los recursos fluían sin reserva hacia ellos. El Señor mira la fe sencilla, aquella que cree en su bondad, que le dieron la oportunidad de expresar su corazón. Permite que su bondad se manifieste en tu vida.

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