//Pr. Luis A. Núñez\\
“El misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:26-27)

El misterio que había estado oculto desde la eternidad es Cristo habitando en el hombre, es la revelación de la casa de Dios, es la revelación de la iglesia.
El deseo de vivir en la casa de Dios todos los días de nuestra vida
David es un hombre que tiene revelación del corazón de Dios y en el salmo 23 el muestra que todo lo que conoce en cuanto al obrar de Dios está relacionado con la casa de Dios.
“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida y en la casa de Jehová moraré por largos días” (Salmos 23:6)
Hoy estamos en la Iglesia y como vencedores estaremos en el reino, reinando con Cristo sobre las naciones por mil años y en la eternidad, como hijos de Dios, estaremos en la Nueva Jerusalén con todos los santos escogidos y redimidos.
“Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos como su Dios” (Apocalipsis 21:2-3)
La importancia de la iglesia
Si no estuviésemos en la iglesia no podríamos ser pastoreados por el Señor. Fuera de la Iglesia no hay ningún camino para que Cristo nos pastoree. Eso es así porque Él es el pastor del rebaño y el rebaño es la iglesia. Entonces salir de la Iglesia es salir del rebaño. Él traerá de vuelta al rebaño a la oveja descarriada porque Él apacienta el rebaño, es decir, la oveja tiene que estar en el rebaño.
El mejor lugar para expresar nuestra alegría es la vida de la Iglesia. Muchos escogen quedarse en su vivienda en vez de tener comunión con el Señor entre los hijos de Dios, pero al actuar así, nosotros sufrimos pérdida. En las reuniones de la Iglesia, en la Casa de Dios, nosotros podemos disfrutar de bondad y de misericordia del Señor todos los días de nuestra vida.
Los seres humanos necesitamos comunión. Si buscamos comunión en el lugar equivocado, tendremos dificultades. El lugar para tener comunión es la Iglesia. La Iglesia es el lugar de comunión y alegría. En el futuro, la iglesia será la Nueva Jerusalén, donde nosotros nos reuniremos y estaremos juntos por la eternidad, la bondad y misericordia nos seguirán y habitaremos en la Casa del Señor para siempre.
La revelación de la casa
Necesitamos entender el valor de la Casa del Señor y poder permanecer allí. La revelación de la Casa de Dios es ciertamente la señal de madurez espiritual. David amaba la Casa de Dios. Podemos ver eso por todo el libro de Salmos. Creo que esa fue la razón por la cual él fue llamado “hombre conforme al corazón de Dios”. David estaba completamente consagrado a la Casa de Dios.
“Cierto día, David buscó al profeta Natán y le dijo: Mira ahora, yo habito en casa de cedro y el arca de Dios está entre cortinas” (2 Samuel 7:2)
David deseaba edificar la Casa de Dios., pero el Señor respondió a David:
“Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel ¿He hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado a apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: “¿Por qué no me habéis edificado casa de cedro?” (2 Samuel 7:7)
El Señor nunca había dicho que quería edificar una casa, pero David percibió el corazón de Dios. Por esa causa el Señor hizo una alianza con David y le dice:
“Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas y afirmaré su reino. Él edificará casa a mi nombre y yo afirmaré para siempre el trono de su reino” (2 Samuel 7:12-13)
Necesitamos tener hoy el mismo corazón de David por la Casa de Dios. En el Salmo 27:4 él hace una oración poderosa:
“Una cosa he demandado a Jehová, ésta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo” (Salmo 27:4)
El templo era algo ansiado por los hombres de Dios en el Antiguo Testamento. Necesitamos tener la misma actitud para con el Templo de Dios hoy, que es la Iglesia.
“Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad” (Salmo 84:10)
Si él no pudiese habitar en la Casa de Dios, estaría satisfecho de apenas quedarse en la puerta. Eso revela el corazón de David en relación a la Casa de Dios. Él fue un hombre conforme al corazón de Dios porque un día descubrió lo que estaba en su corazón: Su Casa (2 Samuel 7:1-13).
Vuelve a casa (Lucas 15:11-24)
El Señor Jesús nos cuenta una parábola donde nos muestra que en la iglesia hay dos tipos de hijos, los que se van y los que quedan. Tener un corazón por la casa implica tambien entender lo que significa dejar la casa del padre.
- Lejos de casa siempre perderás la dirección del Padre y tomarás decisiones erradas
“No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle” (Lucas 15:13-14)
En la casa siempre encontrarás la constante motivación a buscar la dirección de Dios, siempre serás llevado a vivir bajo los principios de tu nueva vida.
- Mientras estés en la casa siempre tendrás revelación de que eres heredero y amado
Es por eso que pidió sin reparo la herencia adelantada, él tenía perfectamente consciencia de herencia.
“También dijo: Un hombre tenía dos hijos y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes” (Lucas 15:11)
Siempre en la iglesia hay dos tipos de hijos: los que se quedan y los que se van. En casa tienes revelación de que eres heredero, pero lo triste es que muchos que se quedan pierden el sentido del disfrute, como el hermano mayor. En casa él tuvo libertad de pedir la herencia por adelantado, pero ahora lejos de casa tenía reparo hasta para pedir un poco de pan.
- Lejos de casa siempre perderás el sentido de perdón y pasarás a la resignación de la condenación
“Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros” (Lucas 15:17-19)
Ser hijo no es una posición que se adquiere, es una condición que simplemente uno tiene. En la casa del padre muchas veces falló y aun así él se sabia hijo y heredero, pero lejos de casa solo vivía en acusación y temor de no ser más aceptado como hijo.
- En la casa siempre te recordarán que eres hijo
Fuera de casa perderás la imagen de hijo y quedarás sin protección (Sin sandalias y sin ropa). Fuera de casa probablemente nadie lo reconocía, perdió imagen de hijo, pero ya en casa, los propios siervos le dirían: “has vuelto, tu padre te estaba esperando, tu padre te extrañaba, tu padre hablaba de ti”. En otras palabras, lo reconocían constantemente como hijo.
“Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse” (Lucas 15:24)
“Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies” (Lucas 15:22)
- Fuera de casa siempre harás cosas despreciables y ajenas a tu nueva naturaleza
“No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente” (Lucas 15:13)
“Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos” (Lucas 15:15)
El judío no podía tener contacto con los cerdos. Cuidar cerdos era despreciable, lejos de casa estarás propenso a hacer cosas que están fuera de nueva naturaleza.
¿Por qué se van de casa?
- Los hijos se van de casa cuando dejan de verse como dadores y solo se ven como receptores: Es cuando dejan de ver el propósito y solo ven oportunidad, entonces cuando la casa no es más que una oportunidad para él, de servirse, de hacer lo que desean, entonces salen.
- Cuando de edificadores pasan a ser observadores: Se tornan críticos, pero no participan de la edificación.
- La familiaridad es otro problema: Esto sucede cuando todo pasa a ser común y se pierde el censo de gratitud, hay un sentimiento de insatisfacción y decepción. La gratitud, por otro lado, siempre produce satisfacción e ilusión.
La actitud del padre
“Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse” (Lucas 15:23-24)
El Señor Jesús nos hace dos menciones aquí de lo que estaba en el corazón del padre.
- Mi hijo muerto era y ha revivido
Primero ratifica que nunca dejó de ser su hijo, siempre lo fue, pero para el padre estaba muerto ¿Cómo es eso? un hijo muerto es llorado, nunca es olvidado, padres jamas se olvidan del hijo que murió. Siempre escucho de personas que han vivido ese drama y expresan el gran dolor que es enterrar un hijo, Dios nos libre de esa desgracia, siempre lo lloran.
- Mi hijo perdido estaba y ha sido encontrado
Quien pierde un hijo hasta no encontrarlo siempre guarda la esperanza de hallarlo. Padres de hijos perdidos siempre amanecen con la esperanza de encontrarlos, cada día, su angustia es solo una, la esperanza de encontrarlos. Es decir, lo que el Señor Jesús nos está diciendo es que el sentimiento por los hijos que se pierden o se descarrían es dolor y esperanza, esto se evidencia cuando en el momento en que vio a su hijo corrió para abrazarse de su cuello, ese es un corazón de bondad, de misericordia, de gracia, ese es el corazón de nuestro Padre con cada uno de nosotros, un amor incomprensible ¡Aleluya!
El dolor y la alegría de los siervos
Hay un detalle muy interesante, el final del verso 24 dice que comenzaron a regocijarse ¿Quiénes? todos los siervos del Padre ¿sabes qué significa eso? que todo el tiempo desde que el hijo se fue, el padre expresó dolor y esperanza, esos eran sus sentimientos y sus siervos vivían lo mismo, el dolor y la esperanza por el hijo perdido, de tal manera que cuando volvió, el regocijo también era de ellos, Nosotros somos esos siervos del Señor, tenemos dolor y esperanza, como también tendremos regocijo por los que vuelven. Oremos por los que se fueron, vayamos a reconquistarlos, oremos por ellos, lloremos por ellos y regocijémonos con los que vuelven.

