//Pr. Eliud Cervantes\\

Dios puede restaurar tu vida en estos días
En estas fechas donde se recuerda el nacimiento de nuestro Señor Jesús aquí en la tierra, debemos tomarnos un tiempo para reconocer al Señor. Al acercarnos a Él, comenzamos a ver cómo todo puede ser restaurado cuando lo colocamos en el centro de nuestras vidas.
Debemos reconocer que, aunque Él es soberano, Sus ojos siempre están puestos en ti. Él es quien ha estado velando por ti en tus momentos de lucha. El Señor te ve y quiere entrar en tu vida, quiere tocar las áreas rotas de tu vida, Él vino para eso a esta tierra. ¡Éste es el deseo de Dios para ti! Su corazón es que seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma (3 Juan 1:2). Si te has sentido deprimido o desanimado, acércate a Jesús. ¡Él puede y quiere liberarte hoy!
¿Por qué Dios necesitaba enviar a su Hijo?
Dios nunca creó al hombre para que envejeciera, enfermara y finalmente muriera. El hombre pecó contra Dios. Y el resultado del pecado es enfermedad, destrucción y muerte.
“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23)
“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23)
Algunos podrían preguntar ¿por qué Dios no impidió que el hombre pecara? Cuando Dios nos creó, nos dio libre albedrío porque no quería que fuéramos como robots programados para amarlo y adorarlo. Él quiere que lo amemos por nuestra propia libre elección. Su deseo es que tengamos una relación con Él.
Para darles la libertad de ejercer su elección, Dios colocó en el jardín el árbol del conocimiento del bien y del mal, un árbol del que se les dijo específicamente que no comieran; pero aun así decidieron comer del árbol. Como resultado de su pecado, la muerte, la enfermedad y el dolor llegaron a este mundo, y la humanidad quedó separada de Dios.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16)
A Dios le duele estar separado del hombre. Sin embargo, como Dios justo, no puede ignorar el pecado. El pecado debe ser castigado. Por eso Él necesitaba enviar a Su Hijo, Jesús, para redimirnos. La muerte de Jesús en la cruz es la única manera en que nosotros, hombres pecadores, podemos reconciliarnos con la presencia de Dios. Cuando le hagas lugar en tu corazón, Él cambiará tu vida.
La Navidad es el amor de Dios revelado por ti
La historia de Navidad es una demostración épica y hermosa del amor de Dios por nosotros a través de la cual vemos Su soberanía, misterio y humildad. En 1 Timoteo 3:16, Pablo habla del “misterio de la piedad” lo cual se refiere a la redención del hombre por nuestro Salvador, quien vino a través de una virgen. Ahora, el nacimiento de Jesús no fue simplemente un evento ordinario; fue el plan de redención de Dios para el hombre a través de una serie de eventos perfectamente orquestados que están narrados en Lucas 2:1-7.
“…Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón” (Lucas 2:1–7)
Durante este tiempo, el emperador romano, César, emitió un decreto para que se hiciera un censo de todo el imperio romano. Por ello, María y José regresaron a su ciudad natal, Belén, porque allí se habría llevado el registro de su familia. Sólo Dios en su soberanía pudo haber tocado el corazón de César y orquestado estos acontecimientos que llevaron al nacimiento de nuestro Señor Jesús en Belén, cumpliendo así la profecía de Miqueas 5:2
Ahora, la palabra del Señor nos dice que “no había lugar para ellos en la posada” (Lucas 2:7), no dice que no había lugar en la posada, sino que no había lugar para ellos en la posada. Probablemente esto se deba a que eran pobres y no podían pagar. A veces, en nuestra propia vida, podemos optar por no hacer lugar para el Señor porque pensamos que perderemos. Pero, ¿es eso necesariamente así? De hecho, el nacimiento de Jesús elevó y enriqueció a María y a José. Cuando nació Jesús, tres magos vinieron a visitarlos y les trajeron oro, incienso y mirra (Mateo 2:11), sacándolos de su pobreza.
Amado, cuando Jesús está en tu vida, ¡seguramente experimentarás una elevación! Esto no se refiere solo a ser bendecido con riquezas materiales. La Biblia nos dice en el Salmo 23:1 que porque el Señor es nuestro pastor, nada nos faltará.
¡Pon a Cristo en el centro de tu vida!
Ahora, es propio de la naturaleza humana sentir que estamos en el centro de todo. Pero, no somos nosotros, sino el Hijo de Dios quien está en el centro de todas las cosas.
“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Colosenses 1:16-18)
Cuando le damos a Cristo el lugar central en nuestras vidas, todo encaja. Empezamos a prosperar cuando priorizamos a Jesús en nuestras decisiones, nuestras familias y nuestros matrimonios. No estamos destinados a vivir sin Cristo. Y cuando Él está en el centro de nuestras vidas, nos volvemos integrados y completos.
¿Cómo podemos hacer lugar para Cristo y ponerlo en el centro de nuestra vida?
“Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos. Amén” (Romanos 11:36 NVI)
Esto significa que el Señor es la fuente, el canal y el objeto de todo lo que ocurre en nuestra vida. Así es como Dios quiere que vivamos. Y cuando vivamos nuestra vida con el Señor como centro, ¡encontraremos que todo encaja en su lugar! ¡Aleluya!

