//Pr. Luis A. Núñez\\

Ahora que has entregado tu vida a Cristo quiero que sepas lo que sucedió:
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” Efesios 2:4-5.
Mira lo que dice la Biblia, antes de entregar tu vida a Cristo estabas muerto, pero ¿Cómo es eso? Recuerda que el hombre no solo había desobedecido, si no que se rebeló contra Dios en el Edén, esto sucedió cuando comió del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, es decir, eligió vivir una vida independiente de Dios, basada en su propia percepción y conocimiento, es por eso que el Señor le había dicho que si hacía eso ciertamente moriría (Génesis 2:16-17).
Desde entonces el hombre esta separado muerto, viviendo en pecados fruto de la naturaleza del pecado, esclavo de esa naturaleza, y aclara que antes vivíamos en esa esclavitud bajo el príncipe de este mundo
Efe 2:1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,
Efe 2:2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,
Efe 2:3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.
¿De qué muerte hablaba?
Estaba hablando de la pérdida de la vida de Dios en el hombre, es decir, Dios se separó del hombre y como consecuencia el hombre murió en su relación con Dios, la vida de Dios no estaba más en el hombre. Su vida biológica continuaba, pero la vida de Dios no estaba más en él. Veamos que dice la Biblia:
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” Romanos 5:12.
“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” Romanos 3:23.
“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” Isaías 53:6.
Se nos aclara que cada uno se apartó por su camino, es decir, a una vida de independencia sin Dios; esta separación entre Dios y el hombre había creado un abismo y a causa de esto el hombre no podría nunca más tener la vida de Dios o tener acceso a Dios nuevamente, sin embargo, aún quedaba una esperanza.
¿Cuál es esa esperanza?
La esperanza para la humanidad es el amor de Dios por nosotros.
“De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” Juan 3:16.
“En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros: en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” Juan 4:9-10
¿Te das cuenta? ¡Cristo es nuestra esperanza! Solo a través de Él podemos tener nuevamente comunión con Dios y por tanto recuperamos la vida de Dios, por esta razón en Juan 14:6 vemos lo que Jesús le dijo a Tomas:
“Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”
Solo a través de Cristo podemos tener acceso nuevamente al Padre y a la vida que Él nos da. Sin Cristo nadie tiene oportunidad de tener acceso a Dios, todos están destituidos de su presencia, de su Gloria. ¡Solo Cristo es nuestra esperanza! Porque Él y solo Él nos libera de la condenación de la muerte eterna, solo Él nos puede redimir y salvar de esa maldición.
¿De qué manera Cristo nos salva?
La Biblia dice que la consecuencia o la paga del pecado es muerte, sin embargo, en el mismo verso dice que el regalo de Dios es vida eterna en Cristo.
“Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro” Romanos 6:23.
Entonces, es necesario entender este principio claramente, Dios que es justo tiene que condenar el pecado y esa condena es la muerte, en ese momento el amor de Dios se manifiesta:
“Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores,(no mereciendo nada) Cristo murió por nosotros” Romanos 5:8.
¡Murió en nuestro lugar! y por causa de eso ahora somos reconciliados con Dios y tenemos su vida nuevamente. Aquella vida que perdimos como consecuencia de la caída de Adán en el Edén y que nos colocó en una posición de enemigos de Dios porque nuestra naturaleza se volvió ajena a su santidad. (Romanos 5:10).
En la cruz Cristo realizó la obra redentora.
¿Qué debemos hacer nosotros?
Creer en Cristo y en la obra que hizo en la cruz, recibirlo por fe en nuestro corazón y confesarlo como nuestro Señor y salvador.
“El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” Juan 3:18.
“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” Juan 11:25-26.
“Que, si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” Romanos 10:9.
¿Quieres una vez más ratificar la decisión que hiciste de creer en Cristo, de aceptar su señorío y reconocer que El murió en lugar tuyo en la cruz y agradecerle por eso?
OREMOS:
“Señor Jesús, en este momento, una vez más, reconozco que eres mi Señor, que moriste en la cruz en mi lugar, por amor a mí. Me arrepiento de mis pecados y declaro que todos ellos son perdonados en ti, yo creo en tu perdón completo, Yo te recibo como mi Señor y Salvador y a partir de ahora te entrego mi vida, gracias por todo lo que hiciste por mí, por tu gran amor y perdón. Tu llevaste a la cruz todos mis pecados, tu te hiciste maldición para que yo sea libre de esa esclavitud, te hiciste pobre para que yo sea rico. Amén”

