//Pr Eiud Cervantes\\
Hay una palabra personal para tu vida en la predicación

Cuando nos reunimos, no solo nos reunimos para cumplir con un evento o programación, sino para ser edificados y así cumplir el llamado del Señor para nuestras vidas. Hay una tarea para tu vida. No naciste por casualidad, desde el momento en que fuiste concebido, Dios te asignó una tarea.
Como hijo de Dios, tienes un destino y has sido llamado para una tarea. El Señor te ha dado dones y te ha ungido. Tus dones pueden ser similares a los de otros, pero la forma en que fluyen y operan en ti es única, como tus huellas dactilares. Solo hay uno como tú. Estás llamado para una misión única. Y cada vez que nos reunimos como Iglesia, tu misión se aclara cada vez más a medida que la Palabra se difunde. Ya seas empleado, empresario o estudiante, sea cual sea tu rol, hay una misión de Dios en ella.
Ahora, la mejor manera de descubrir lo que Dios tiene para ti es reunirte en la casa de Dios (cultos, célula) y escuchar la Palabra predicada. En la Palabra predicada, escucharás la palabra personal de Dios para ti.
La predicación debe revelar la gran gracia de Dios por ti
“¡Cuán excelente es tu misericordia (hesed), oh Dios! Por eso los hijos de los hombres se refugian bajo la sombra de tus alas. Se saciarán de la abundancia de tu casa, y les darás a beber del río de tus delicias. Porque contigo está la fuente de la vida; en tu luz veremos la luz” (Salmo 36:7-9 RVR1960)
La palabra misericordia es la palabra hebrea hesed, que significa bondad y gracia de Dios, y esa “misericordia” es maravillosa. Es de eso que tenemos que hablar. Ahora, ¿qué facilita que la gente ponga su confianza bajo la sombra de sus alas? Escuchar sobre la maravilla de su amorosa bondad. Cuando se predica la gracia y escuchamos cuán misericordioso es Dios con nosotros, la confianza se convierte en nuestra respuesta natural hacia Él.
Todavía, aquí podemos encontrar que en la casa de Dios “se saciarán”, porque hay abundancia, hay de sobra para nuestras vidas. En la parábola del hijo perdido, el hijo pródigo sabía que en la casa de su padre había “pan en abundancia” (Lucas 15:17). El pan también es una imagen de curación (Mateo 15:26-28). ¡Así mismo, hay sanidad y salud en abundancia en la casa del Padre! Por tanto, recibe tu sanidad a medida que la Palabra es compartida.
En la casa del Padre siempre hay abundancia de gracia para que reciban sanidad. Existe la vida zoé de Dios, y esa vida reajusta, restaura, renueva, repara y sana tu cuerpo a medida que se predica la Palabra. También vemos que cada vez que vienes a la casa de Dios, Él te hará beber de los ríos de sus delicias. La palabra “delicias” es la misma palabra hebrea para “Edén”, refiriéndose al Jardín del Edén en Génesis; se refiere a los placeres tal como Dios los dispuso en el principio.
En la casa de Dios, también a medida que la Palabra se difunde, comenzarás a encontrar mayor claridad acerca de tu asignación de parte de Dios e incluso en los asuntos prácticos de tu vida, porque “en su luz, vemos la luz”.
Al escuchar la predicación de la gracia de Dios en la casa de Dios, descubrirás que la gracia de Dios se vuelve cada vez más preciosa y valiosa en tu vida. Cuando algo te inquiete o busques una respuesta o solución, adora al Señor y escucha la Palabra de Dios en la casa de Dios. Descubrirás que, en su luz, verás luz en tu situación.
Incluso cuando se predica sobre un tema en particular que puede no parecer relacionado con tu situación específica, aún puedes recibir una revelación para tu situación o la sabiduría que necesita. No necesitas que el predicador predique específicamente sobre el tema con el que estás luchando, ya sea un problema matrimonial o familiar.
La sabiduría de Dios para tu situación se revela cuando escuchas la palabra predicada
“La exposición de tus palabras nos da luz; da entendimiento al sencillo” (Salmos 119:130)
Cuando pierdes algo en una habitación oscura, para encontrarla, no solo enciendes una linterna, sino que enciendes el interruptor para iluminar toda la habitación. Con esa luz, ves mejor y quizás incluso veas qué más has olvidado. De la misma manera, si estás enfrentando un problema muy práctico, al pasar tiempo en Su Palabra, la luz de la Palabra de Dios entra en tu situación y te abre los ojos a lo que necesitas ver.
La predicación que nos prospera se centra en la centralidad de Jesús
Es interesante que los dos discípulos camino a Emaús (Lucas 24:13-35) estaban abatidos y desanimados ante la noticia de la muerte de Jesús. Estaban disgustados porque creían que su muerte significaba que no lograrían la libertad de Israel. Ellos veian a Jesús solo como un medio para alcanzar su deseo. De manera similar, a veces también podemos ver a Jesús como un medio para un fin: “Quiero que Jesús sane mi cuerpo”, “Quiero que Jesús me ayude con mi vida financiera”. Sin embargo, a pesar de que los dos discípulos lo vieron como un medio para un fin, Jesús se tomó tiempo para estar con ellos y les reveló las cosas concernientes a Él en la Palabra.
Por tanto, la cura para el desánimo y la decepción es ver a Jesús en la Palabra. Él es el centro de todo. Las cosas que Jesús puede hacer por nosotros son grandiosas, pero quién Él es para nosotros es aún mejor que lo que Él puede hacer por nosotros.
“Y se dijeron el uno al otro: “¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?” (Lucas 24:32)
Cuando pones a Cristo en el centro, en su lugar correcto, todo en tu vida funciona como debería ¿Qué estás poniendo como el centro de tu corazón? ¿Tu cónyuge? ¿Tu trabajo? Solo nuestro Señor Jesucristo puede satisfacer nuestros corazones.

