Pues dijiste

//Pr. Luis A. Núñez\\

“Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré” (Salmos 91:2)

Observen algo interesante, en el Salmo 91, verso 2 el salmista dice: expresa, habla confiesa, grita, proclama que ¡Jehová es mi esperanza! ¡Jehová es mi castillo! ¡Jehová es mi habitación! ¡Él es mi confianza!

“Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación” (Salmos 91:9)

En el verso 9 Dios hace mención de esa actitud: “porque me has puesto”, que también significa “has dicho”, porque has dicho que soy tu esperanza y tu habitación y el resultado de esto es que NO TE SOBREVENDRA MAL.

Nuestra fe se libera a través de nuestras palabras.  Pablo dice en 2 Corintios 4:13: “Y por lo tanto tenemos el mismo espíritu de fe, como está escrito: creo; Por eso lo dije. Nosotros creemos también; por eso también hablamos”. Es muy importante que tu hables lo que crees, eso produce un efecto impresionante en el mundo espiritual, eso permite que los ángeles cumplan su tarea encomendada de cuidarte, de protegerte, eso toca el corazón de Dios, porque le has creído. En las redes sociales, las noticias muestran situaciones devastadoras y las personas hablan de esta catástrofe, no estoy diciendo que no estés informado, pero ante cada noticia que venga a tus oídos responde con tu fe, por eso dice, “Tenemos ese mismo espíritu de fe”. Debemos creer que tenemos la posición de reyes y sacerdotes y que cuando liberamos la palabra, el poder de Dios se manifiesta. Por eso con autoridad podemos expresar todos juntos lo que está en 2 Corintios 4:8-9:

“que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no

desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos;  Estamos atribulados en todo ¡Pero no angustiados!, en apuros ¡mas no desesperados!, perseguidos ¡mas no desamparados!, derribados ¡pero no destruidos!” 

Debes creer y hablar lo que eres en Cristo.  Dios ordena a sus ángeles que te guarden en todos tus caminos solo después de creer y hablar.

Las palabras tienen poder

Es importante no hablar palabras negativas de maldición, pero aún más importante es hablar palabras de bendición. Necesitamos hablar palabras de bendición sobre nuestros hijos, nuestra familia y nuestras circunstancias. Etimológicamente la palabra bendición viene de “bien decir” o decir bien, por lo tanto, maldecir viene de decir mal. Muchos simplemente evitan hablar negativamente o no maldecir y callan, pero eso no es suficiente, necesitamos sembrar palabras de fe. Por eso el Señor compara la palabra con una semilla que produce, leamos la parábola del buen sembrador en Marcos 4:3-9 y Lucas 8:4-8. Estas parábolas fueron explicadas por el propio Señor Jesús, la Biblia dice que Él levantaba la voz como indicando que tomen atención, decía “el que tenga oídos para oír, oiga”, no es una parábola condenatoria, sino explicativa. Me gustaría analizar con ustedes la explicación que el Señor nos da de esta parábola:

“El sembrador es el que siembra la palabra. Y éstos son los de junto al camino: en quienes se siembra la palabra, pero después que la oyen, en seguida viene Satanás, y quita la palabra que se sembró en sus corazones. Estos son asimismo los que fueron sembrados en pedregales: los que cuando han oído la palabra, al momento la reciben con gozo; pero no tienen raíz en sí, sino que son de corta duración, porque cuando viene la tribulación o la persecución por causa de la palabra, luego tropiezan. Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la palabra y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno” (Marcos 4:14-20)

Los versos 4 y 5 nos muestran que la semilla es la palabra y. que las personas que oyen la palabra son tipos de tierra donde se siembra la Palabra. Continuemos:

EL 1ER TERRENO ESTÁ ENDURECIDO

Sé que suena muy despectivo y condenatorio decir tierra dura o duro de corazón, pero más que condenar el Señor nos explica que hay personas que están endurecidas porque son como el camino. Sobre un camino mucha gente pasa, además de animales y poco a poco van endureciendo la tierra del camino.

¿Qué significa entonces ser tierra del camino?

Es alguien que esta pendiente de los desastres, de la crisis y de las muertes, entonces la semilla sembrada no penetra en su corazón. Todo parece más desesperanzador, el miedo lo inunda, por lo cual no cree y porque no cree, no habla con fe, de victoria, ni de protección. Apenas cae la semilla viene Satanás y roba lo que se sembró. Esa palabra no consigue penetrar por causa de lo que ve en lo natural. Necesitas romper esa dureza causada por las circunstancias. La Biblia nos cuenta una historia interesante, es la del ciego Bartimeo descrita en Marcos 10:49-50: “Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús”. Cuando Jesús lo llamó, él arrojo su capa para ir a Jesús, aquello que le era un impedimento para acercarse a Dios, pues a pesar que deseaba acercarse a Jesús había algo que se lo impedía, aquella coraza que te hace tierra dura ¡sal de esa condición! Ya basta de permitir que te roben la preciosa semilla, declara, habla:  yo soy tierra fértil, la palabra dará mucho fruto en mi vida.

EL 2DO TERRENO ALBERGA LA SEMILLA SUPERFICIAL O EMOCIONALMENTE

Dios No quiere que seas una persona solamente emocional, Dios quiere que comas, mastiques  y que digieras la palabra. La palabra necesita estar enraizada en ti

Pero tú, hijo de hombre, escucha lo que te digo; no seas rebelde, como la casa rebelde; abre tu boca, y come lo que te doy. Miré, y vi una mano extendida hacia mí, y en ella había un libro enrollado. Lo extendió delante de mí, y estaba escrito por delante y por detrás; y había escritos en él cantos fúnebres, gemidos y ayes” (Ezequiel 2:8-10)

“Me dijo: «Hijo de hombre, come lo que tienes ante ti; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel». Abrí mi boca y me hizo comer aquel rollo. Me dijo: «Hijo de hombre, alimenta tu vientre y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy». Lo comí, y fue en mi boca dulce como la miel. Luego me dijo: «Hijo de hombre, ve y entra a la casa de Israel y háblales con mis palabras” (Ezequiel 3:1-4)

Para hablar del Señor no puedes ser solo emocional, necesitas tener convicción. La palabra tiene que estar enraizada en ti, dentro de ti, haber penetrado en lo más profundo de tu ser y producir transformación. Entonces en el día de la aflicción la palabra no se marchitará, sino continuará vigorosa, animándote, llenándote de fe, pero si no está enraizada en ti entonces se debilitará y se secará ¿sabes lo horrible que es ver que la palabra se seque en ti en el día malo? que aquella Palabra que un día recibiste y te produjo gozo y alegría, ahora haya perdido fuerza en ti y se marchite, aquella que te alimento en algún momento ahora se comience a morir y concluyas en que no resulta, que no funciona contigo. Tenemos la responsabilidad que la Palabra enraíce profundamente en nosotros.

EL 3ER TERRENO ESTÁ ENTRE ESPINOS, EXISTEN EN NOSOTROS OTROS VALORES

Los espinos no los sembraron, ya estaban alli en la tierra y crecieron probablemente más rápido que la Palabra y la hacen infructuosa. Generalemnte las angustias, el merecimiento y la justicia propia producen esto. 

EL 4TO TERRENO ERA BUENA TIERRA

Una buena tierra que recibe la Palabra y por ende proclama la verdad como consecuencia hablará, simplemente porque cree. Necesitas tener un corazón que reciba la palabra y que esta dé fruto por el hablar. No te calles, si has creído entonces habla.

“Y por lo tanto tenemos el mismo espíritu de fe, como está escrito: creo; Por eso lo dije. Nosotros creemos también; por eso también hablamos” (2 Corintios 4:13)

LA PALABRA DEL REY Y SACERDOTE

La palabra de Dios declara categóricamente que fuimos hechos reyes y sacerdotes.

Y de Jesucristo, quien es el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama, y ​​en su sangre nos ha lavado de nuestros pecados, y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y su Padre para él gloria y poder por los siglos de los siglos ¡Amén!” (Apocalipsis 1:5-6)

Y que estos tienen las siguientes características:

  1. Eclesiastés 8:4 dice que donde está la palabra del rey hay poder: “La palabra del rey tiene autoridad final (poder), y nadie puede pedirle cuenta de sus actos”
  2. Pero la palabra del sacerdote también tiene poder.

Hoy fuimos hechos ministros de la gracia. 2 corintios 3:6 dice que somos ministros competentes de un nuevo pacto, elegidos para bendecir en el nombre del Señor, y también para decidir cada decreto. Muchas, decretos y controversias son creadas por los demonios, muchas maldiciones vienen del enemigo, pero nosotros somos los sacerdotes que decidimos sobre cada decreto, tenemos la palabra final.

“Después se acercarán los sacerdotes levitas, pues el Señor los eligió para que tengan a su cargo los servicios del culto y bendigan en el nombre del Señor. En todo caso de pleito o disputa, su decisión será final” (Deuteronomio. 21: 5) 

Observa que hay una doble unción sobre nosotros, la palabra del rey y la palabra del sacerdote. Hoy tenemos estas dos autoridades, una doble unción en nuestras vidas. La palabra del rey tiene poder y la palabra del sacerdote se libera para bendecir y decidir cada decreto. No importa lo que la gente del mundo diga sobre ti o sobre tu hogar, ellos no son sacerdotes, pero tú sí, así que libera la palabra que decide todo decreto. Habla en la posición de rey y sacerdote porque esta es tu unción ante Dios. Con poder y bendición. El Señor Jesús le habló a la higuera y se secó, habló a los demonios y fueron expulsados, le habló al mar y se calmó. Él hablaba con cosas inanimadas y expresaba autoridad sobre los demonios, también nosotros necesitamos hablar a nuestras circunstancias y al mundo espiritual con autoridad. Cuando hablamos, nuestra fe se libera y las circunstancias cambian.

El diablo no es un sacerdote. Cuando él dice que morirás, puedes responder con autoridad que vivirás. Tu palabra prevalece porque tú eres un sacerdote y fuiste constituido para definir decretos ¿Por qué? porque esa posición y poder la consiguió Cristo para nosotros.

“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:13-15)  

Todo lo que somos y tenemos es gracias a que Él fue quien lo consiguió por nosotros. El problema ocurre cuando el sacerdote está en silencio, entonces solo se escucha la palabra del enemigo. Necesitamos ejercer nuestro sacerdocio hablando y declarando la voluntad de Dios. Todo lo que hables conforme al nuevo pacto será avalado por Dios, por eso puedes liberar palabras de bendición, de fe, de restauración sobre la vida de tu hermano, de tu familia. Por eso estos días podemos liberar palabras de bendición sobre los inconversos, proclamando que serán salvos. Podemos proclamar palabras de bendición sobre la iglesia ¡aleluya! No es correcto quedar callado, tenemos que hablar, proclamar.

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