Señales de los que aman a Dios (parte 2)

//Pr. Luis A. Núñez\\

Tres formas de entender el amor de Dios

Cuando entiendas las dimensiones del amor de Dios serás firmado y fortalecido en tu fe, porque nuestro alimento espiritual es el amor de Dios. Como vimos el anterior domingo, cuando hablamos acerca de las señales de quienes aman a Dios, esa revelación nos traerá ictoria.

En el Antiguo Testamento cuando alguien iba a ofrecer una ofrenda de paz, normalmente era un cordero. De ese cordero se separaban el pecho y el muslo que eran asados ​​y dados al sacerdote.

El pecho tenía que ser mecido delante del Señor y representa el amor de Cristo. El muslo es la parte más fuerte y representa el poder de Cristo y debía ser alzada ante Dios. Cuando tenemos una ofrenda mecida y otra levantada tenemos la imagen de la cruz (Números 18: 11-12, Levítico 10:14).

Esta es la comida de los sacerdotes del Nuevo Testamento. Nosotros somos esos sacerdotes y nos alimentamos del pecho, es decir, del amor del Señor y también de su muslo, que es su poder. Amor y poder son nuestra dieta espiritual, nos alimentamos de Cristo.

Vamos a hablar de tres formas de entender el amor de Dios: la manifestación, la perfección y la medida.

La manifestación del amor de Dios

“Más Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8)

Una tendencia común entre cristianos pentecostales es llegar a ser subjetivos en su experiencia. Pablo dice que el amor de Dios es derramado en nuestros corazones, entonces ellos comienzan a mirarse hacia sí mismos y se vuelven introspectivos. Comienzan a hacer cuestionamientos del tipo: ¿El amor de Dios está conmigo? ¿Dios me ama o no?

Después de declarar que el amor de Dios es derramado, Pablo muestra dónde vemos ese amor, donde podemos percibir que somos amados. Dios nos amó cuando aún éramos pecadores, cuando éramos enemigos de Dios. Por tanto, quita los ojos de tu corazón, quita la atención de ti mismo. Cuando estamos ocupados en nosotros mismos, mirándonos introspectivamente fácilmente nos volvemos depresivos.

La manera de ser libres de la introspección es ocuparnos en contemplar a Cristo, especialmente mirando lo que hizo por nosotros. La manera de experimentar el amor de Dios en nuestros corazones es meditar en lo que sucedió en la cruz y recibir la revelación de su amor a través de ella. Cuando tu conoces la obra de Cristo, entonces la obra del Espíritu toma lugar en ti. No te quedes mirándote a ti mismo preguntándote: ¿Tengo alegría? ¿Estoy siendo guiado por el Espíritu? En lugar de eso, mira a Cristo.

Para tener un disfrute interior mire hacia fuera a Cristo. La manera de ser guiado por el Espíritu es mantener los ojos en Cristo. Cuando miras a Cristo y a su obra serás conducido por el Espíritu de forma espontánea.

El amor de Dios en nuestros corazones es un efecto, no la causa. La causa es saber de qué manera Dios probó su propio amor hacia nosotros, es tener revelación de esta verdad. Dios mostró su amor en la cruz, Cristo murió por nosotros cuando aún éramos enemigos de Dios. Todas las veces que contemplas la obra de Cristo en la cruz, el Espíritu garantiza que el amor de Dios es derramado en tu corazón. No te mires a ti mismo tratando de ver ese amor fluyendo, mira a Cristo. Cuando miras a Cristo, el amor de Dios fluye en ti. El problema de hacernos introspectivos y por tanto subjetivos, es que siempre estamos buscando una sensación, una emoción o sentimiento de amor. Cuando no tenemos tales sensaciones concluimos equivocadamente que el amor no está en nosotros, pero no es esa la manera de actuar de Dios. Nosotros miramos a Cristo, meditamos en su amor y en su obra en la cruz y espontáneamente el amor fluye como un río de nuestro corazón.

La perfección del amor del Dios “En esto es en nosotros perfeccionado el amor, para que, en el Día del Juicio, mantengamos confianza; porque, según él es, también nosotros somos en este mundo. En el amor no hay miedo; antes, el perfecto amor echa fuera el miedo. Pero el miedo produce tormento; y el que teme no se perfecciona en el amor. Nosotros amamos porque nos amó primero” (1 Juan 4:17-19)

El amor de Dios que se ha manifestado en la cruz necesita ser perfeccionado en nosotros y este amor es perfeccionado cuando comprendemos que como es Cristo, también nosotros somos en este mundo. El Señor Jesús murió por nuestros pecados, resucitó de los muertos y ahora está sentado a la derecha de Dios Padre. La afirmación de Juan es extraordinaria, pues Cristo hoy está coronado de gloria y honor, teniendo toda autoridad en el cielo y en la tierra, por encima de todo principado y potestad. ¿Cristo es libre de todo pecado? Si, entonces yo también. ¿Está bajo alguna condena y castigo? No, tampoco yo. Así como él es, yo soy en este mundo. ¿Es amado? Yo también lo soy en este mundo. Esta es la afirmación de la Palabra de Dios que no puede fallar. Como Él es, nosotros somos en este mundo.¿Y por qué el Señor nos dice eso? Para que tengamos seguridad en el día del juicio. El día del juicio será aquel en que Dios juzgará los designios de los hombres, cuando Dios va a tomar cuenta de las obras perversas de todos los hombres, pero nosotros tendremos confianza delante de Dios. ¿Por qué? Porque, así como Cristo es, nosotros somos en este mundo. Esta es una verdad muy poco enseñada en nuestros días, pero cuando dejamos de enseñar esta verdad estamos privando a los hermanos de tener el amor de Dios perfeccionado en ellos. Esto hace que el amor sea perfeccionado. Evidentemente el amor de Dios ya es perfecto, pero en nosotros todavía necesita ser perfeccionado. Éste amor es perfeccionado cuando entendemos que como Cristo es, nosotros somos en este mundo.Muchos cristianos no entienden que Dios ya no los está mirando a ellos, cuando Dios dirige su mirada a nosotros lo que ve es a su Hijo. Esta es la verdad objetiva del evangelio, pero los creyentes se han vuelto muy subjetivos. Cuando salen por la mañana y algo sale mal, ellos preguntan: “¿Hay algo malo conmigo? Seguramente hice algo mal y Dios quiere hablarme algo con esto que sucedió”. Acontecimientos, circunstancias, sentimientos y sensaciones no definen tu relación con Dios. La verdad objetiva es que tu estás en Cristo. Así como El está en nosotros en este mundo.¿Será que Cristo puede sufrir el castigo de la ira de Dios? La respuesta es no, entonces yo tampoco sufro más la ira de Dios, porque, así como él es, nosotros somos en este mundo. Cuando entendemos esta verdad entonces el verso siguiente tiene sentido para nosotros. Juan dice que en el amor no hay miedo, el amor perfecto arroja el miedo. No es nuestro amor el que arroja el miedo, sino el perfecto amor y el amor perfecto es el amor de Dios. Si fuera nuestro amor, estaríamos llenos de angustia y miedo, pero el amor de Dios nos libra de todo miedo.
Tu no puedes ser más amado por Dios de lo que ya eres hoy, Él te ama al máximo, pero para percibir toda la dimensión de ese amor te va a llevar toda la vida. Tener osadía para llegar delante del Padre es un testimonio muy importante de la fe. El día del juicio puede significar también el día de la calamidad, de la lucha, de la caída. ¿Qué hacen muchos en días como ese? Ellos dicen: “Yo hice tal cosa equivocada y ahora Dios está viniendo para ajustar cuentas conmigo” Ese es un error, el amor de Dios no es perfeccionado en alguien con esa actitud, porque él todavía se relaciona con el Padre con una relación basada en el miedo. Vamos a suponer que salgo de viaje y digo a mi esposa y a mis hijos que volveré un determinado día. En el día marcado vuelvo y encuentro a mi esposa en el aeropuerto, pero ella viene sola. Yo pregunto por mis hijos y mi esposa dice que en el momento en que ellos supieron que estaba volviendo, corrieron y se escondieron en la habitación con mucho miedo. Si alguien viera esa situación ¿Qué diría? Ciertamente pensaría que soy un padre abusador. No hay nada peor que ver al hijo que amas escondiéndose con miedo de ti.
Este es un mal testimonio que muchos creyentes dan involuntariamente cuando pasan al mundo la imagen de un Dios abusador. Tales personas no tienen osadía para orar por los demás y por sí mismos. Si su relación con Dios se basa en el miedo, entonces el amor no ha sido perfeccionado en su corazón. El miedo produce tormento, pero el miedo termina cuando entendemos que Dios nos trata como trata a Cristo.

La medida del amor de Dios “La gloria que me diste yo les he dado para que sean uno, así como nosotros somos uno Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos, como también a mí me has amado” (Juan 17:22-23).

En ese texto el Señor Jesús hace una de las afirmaciones más sorprendentes de las escrituras. Él dice que el Padre nos ama de la misma manera, en la misma medida que Él mismo es amado. Esto está más allá de cualquier entendimiento humano, simplemente no somos capaces de entender cuánto Dios Padre ama a Cristo.Necesitamos leer la Palabra de Dios con espíritu de fe. No leas confiando en tu entendimiento y lógica humana. La medida del amor de Dios por nosotros es la misma de su amor hacia Cristo. En Juan 3:16 el Señor Jesús dijo que Dios amó al mundo de tal manera. ¿Qué manera fue esa? El versículo en realidad comienza diciendo: “Porque Dios amó al mundo de tal manera…” En el verso anterior el Señor Jesús dice porque Dios amó al mundo de tal manera.

“Y de la manera en que Moisés levantó la serpiente en el desierto, así importa que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo el que en él cree tenga la vida eterna” (Juan. 3:14-15)

La serpiente de bronce es perfecto ejemplo del amor de Dios por nosotros. En Números 21 leemos acerca del día en que Moisés levantó la serpiente de bronce en el desierto (Números 21:4-9). El pueblo había murmurado quejándose del maná, entonces vinieron serpientes abrasadoras en medio del pueblo. Podemos decir que estas serpientes todavía hoy siguen mordiendo a los hombres. Cuando sufrimos enfermedades, padecemos bajo miseria, nunca teniendo lo suficiente y agonizamos con depresión, estamos bajo la influencia de las serpientes. ¿Cuál fue la solución de Dios? El Señor mandó que Moisés hiciera una serpiente de bronce y la colocara sobre un madero. Y sucedía que todo aquel que hubiera sido mordido por la serpiente, si mirara a la serpiente de bronce era curado. ¿Ven la sencillez del evangelio? bastaba mirar, una simple mirada y todo se resolvía.Aquellos que se resignaron a mirar su dolor murieron, los que se negaban a mirar a la serpiente murieron. Todos los que se quedaron analizando cuán terrible era el veneno de la serpiente también murieron. Pero los que miraron a la serpiente de bronce fueron sanados.La serpiente era de bronce porque el bronce nos habla de juicio. El madero apunta hacia la cruz y la serpiente de bronce apunta hacia el Señor Jesús. En la cruz la serpiente fue juzgada y condenada.¿Por qué el Señor se hizo una serpiente de bronce y no un cordero de bronce?  Porque el cordero quita los pecados, quita lo que hemos hecho, pero la serpiente de bronce quita lo que eres (ya no eres pecador). En la cruz el Señor Jesús se convirtió en lo que nosotros éramos, una serpiente, para que ahora seamos lo que Él es. Adán aceptó la propuesta de la serpiente y entonces todos nosotros nos convertimos en serpientes. No hay nada bueno en nuestra carne. Todo hombre es carne y la carne naturalmente odia a Dios, es enemiga de Dios y así son todos los hombres. Pero en la cruz Jesús se convirtió en lo que somos, para que seamos como Él es ante el Padre. El Señor no sólo resolvió la cuestión de los pecados cometidos, “Él destruyó la fábrica también”. Dios condenó el pecado en la carne por medio de la cruz.Esta es la razón por la que no debes aceptar mirarte a ti mismo. Mira a Cristo porque Él es tu verdadera identidad. No confíes en ninguna aparente virtud de tu carne. Toda virtud de la carne no es más que una serpiente delante de Dios. Mírate en Cristo y confía sólo en sus virtudes, pues, así como Él es, nosotros somos en este mundo.No mires tu carne ni siquiera para parecer humilde. Deja de decir lo corrupto que eres tratando de impresionar a Dios, eso no es espiritualidad, mira sólo a Cristo.

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