//Pr. Ronald Gabancho\\
Estamos en éste año de la aceleración, esa es la palabra que el Señor nos ha dado, pero una de las cosas que debemos entender es que las promesas de Dios no son automáticas, es decir, necesitamos creer y orar al respecto, necesitamos apropiarnos de ellas.
Un buen ejemplo de esto es cuando Daniel fue llevado cautivo a Babilonia por Nabucodonosor. Había una promesa del Señor, que en 70 años se cumplirían las desolaciones de Jerusalén. Viendo en las profecías que el tiempo de las devastaciones se cumplirían en 70 años y que ese tiempo ya estaba por cumplirse, la actitud de Daniel no fue llamar a todos para volver a Jerusalén, sino más bien, buscó al Señor en oración y ruego, pidiendo que el Señor recordara aquello que dijo.
“En el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años. Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos” (Daniel 9:2-4)
Si crees que este año es de aceleración en cada área de nuestras vidas, entonces también necesitamos buscar al Señor, porque nosotros no tenemos el poder de acelerar nada, pero Dios tiene el poder de acelerar el tiempo para nosotros y aquello que nos llevaría años en alcanzar, lo alcanzaremos pronto ¡Aleluya!
No podemos pensar que las promesas de Dios son de cumplimiento simplemente automático, necesitamos apropiarnos de ellas. Observa algo en los versos que leímos, primero Daniel vio atentamente en los libros aquello que Dios habló al profeta Jeremías, eso nos está hablando de una visión espiritual, pero después hizo confesiones sobre lo que él vio en los libros. Nuestra confesión está ligada a lo que creemos en el corazón, a lo que podemos ver en Dios.
“Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho” (Marcos 11:23)
Necesita haber relación entre lo que nuestros labios proclaman y lo que nuestro corazón cree o ve. Si alguien dice yo creo, pero en su corazón hay incredulidad, entonces su declaración no tendrá efecto en su vida. La Biblia nos dice que de la abundancia del corazón habla la boca, eso quiere decir que nuestro corazón necesita estar lleno de la Palabra de Dios, es importante que declares aquello que crees. Si crees en algo de la Palabra de Dios, entonces es importante que declares aquello, esa es la manera de apropiarnos de las promesas de Dios.
Antes de recibir, es necesario tener certeza en nuestro corazón de aquello, puedo decir que incluso podemos ver en nuestro corazón antes de recibir. Cuando Dios habló con Abram colocó en su corazón imágenes. Esas imágenes en nuestros corazones son muy importantes si queremos experimentar las promesas de Dios en nuestras vidas.
Solo podemos tener lo que vemos
¿Hay algo que ves en tu corazón? Eso es aquello que alcanzarás. Antes de alcanzar algo necesitamos ver en nuestros corazones. Un día Dios se presenta ante Abram y le dice: “sal de tu tierra y de tu parentela y ve a la tierra que te mostraré” (Génesis 12), observa que solo podría llegar al lugar que Dios le mostraría. En Génesis 15:5 Dios una vez más le dice:
“Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia” (Génesis 15:5)
Un primer aspecto que me gustaría que veamos es que solo podemos ver aquello que Dios nos muestra. No podemos ver si Dios no abre nuestros ojos. Por ello es necesario que oremos al Señor pidiendo que nos muestre lo que Él tiene para nosotros, porque aquello que imaginamos en nuestro corazón, es un hecho para Dios. La Biblia nos dice:
“Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:28)
Para Dios lo que imaginas es un hecho, cuando nos imaginamos pecando, para Dios es un hecho y también podemos ver el mismo principio cuando nuestro corazón está lleno de imágenes positivas, imágenes de fe, imágenes de la Palabra, podemos recibir abundantemente.
La Palabra de Dios está llena de imágenes, de promesas para cada área de nuestras vidas
El salmos 128 es una imagen de lo que Dios tiene para tu matrimonio, para tus hijos, para tu familia.
“Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos. Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado serás, y te irá bien. Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa. He aquí que así será bendecido el hombre que teme a Jehová” (Salmos 128:1-4)
¿Cómo ves tu familia, tu matrimonio, tus hijos? ¿Es como la Biblia nos muestra? Si tú eres el hombre que teme al Señor y que anda en sus caminos, la promesa de Dios dice que comerás el trabajo de tus manos y te irá bien. Eso quiere decir que no comerás del trabajo de tus suegros o de tus padres, porque el Señor te ha hecho bendecido y te irá bien. ¡Aleluya!
Tu mujer será como vid fructífera alrededor de tu casa. De la uva se hace el vino que es un símbolo de alegría. La promesa de Dios es que serás embriagado del amor de tu mujer, por otro lado, también para ti mujer, creo que Dios te dará un esposo cariñoso con el que te sientas amada. Tus hijos serán como plantas de olivo alrededor de tu mesa. Del olivo se hace el aceite, con ello se ungía a los sacerdotes. Lo que el Señor está diciendo es que tus hijos serán ungidos del Señor. Hay esposos que dicen: “no vale la pena el matrimonio, me han engañado, no es esto lo que quería”. La verdad es que Dios no diseñó el matrimonio para que sea un fastidio, un tormento, el matrimonio Dios lo diseñó para que sea una expresión de Dios en la tierra.
Escuché padres que dicen: “si no hubiera tenido estos hijos, sería rico”. Esta persona tiene una imagen errada de sus hijos. Otros dicen: “Creo que merecía tener una esposa mejor”. La Palabra de Dios te da imágenes preciosas de cada área de nuestras vidas, pero es necesario ver, es necesario que tengamos una perpectiva correcta de las cosas.
La manera cómo vemos es importante, nuestra perspectiva de las cosas es importante. Porque muchos aun siendo bendecidos no lo saben o no ven cuando la bendición pasa por delante de su nariz. En Jeremías 17:5-6 se nos muestra que el hombre sin bendición no ve cuando la bendición está delante suyo ¿Habrá algo más terrible que eso?
“Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada” (Jeremías 17:6)
Hay personas que no ven las bendiciones que Dios les dio, por ello tenga cuidado. Esaú fue alguien que no tenía una perspectiva adecuada de lo que Dios le había dado. Cuando se dio cuenta lo que había cambiado por un plato de lentejas, era demasiado tarde. Por ello es importante que podamos tener imágenes de Dios en nuestros corazones. Porque aquello que vemos alcanzaremos, aquello que podemos ver en la Palabra recibiremos.
Crea imágenes correctas en tu corazón
Hay algo que necestas saber al respecto del corazón y es que podemos cultivar imágenes correctas en nuestro corazón.
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23 RVR1960)
“Sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque este determina el rumbo de tu vida” (Proverbios 4:23 NTV)
La versión Nueva Traducción Viviente nos indica que el rumbo de tu vida está determinado por lo que está en tu corazón, por lo que ves en tu corazón.
De la abundancia del corazón habla la boca
“El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lucas 6:45)
La Biblia nos dice que de lo que está lleno tu corazón, tu boca hablará. No es solo confesar, es necesario que aquello también lo hayas recibido en el corazón. Es necesario que el Espíritu Santo muestre aquello que Dios tiene para tu vida. Sabes, cada domingo el Señor nos muestra un poco más lo que Él ha preparado para cada uno de nosotros.
Desarrolla una visión espiritual
Es importante llenar tu corazón de las imágenes de la Palabra de Dios. Que nuestra oración sea cada día: “Señor quiero tener revelación, discernimiento espiritual, para ver todo aquello que tienes para mi”. La palabra de Dios nos dice que somos herederos de una herencia grandiosa, pero muchos viven sin poseer nada, siendo ricos viven como pobres. Puedes pedir a Dios que te muestre lo que tiene para ti, Dios le dijo a Abraham que levantara sus ojos hacia el norte, hacia el sur, hacia el este y el oeste, porque todo lo que veía se lo daría. Esto nos habla de una visión espiritual, la visión natural es muy limitada y localizada, pero la visión espiritual es siempre amplia e inspiradora.
“Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que, si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada. Levántate, ve por la tierra a lo largo de ella y a su ancho; porque a ti la daré” (Génesis 13:14-17)
El resultado de caminar sin una visión de Dios es que serás llevado a cualquier lugar menos a la voluntad de Dios, pero si hay visión de Dios en tu corazón, si la luz del Espíritu brilla en tu corazón y tienes imágenes de Dios, es ahí a donde llegarás. Este año es de aceleración, pero nada es automático, es necesario pedir al Señor que nos muestre lo que tiene para nosotros y ello está en la revelación de su Palabra. Cada día puedas ser lleno de la revelación de la Palabra de Dios y las imágenes de Dios puedan brillar en tu corazón.

