Somos hijos de Dios

//Pr. Eliud Cervantes\\

El punto central de todo el propósito de Dios es hacernos hijos. Este es el resultado final de todo el proceso de la creación y de la redención, Dios desea estar dentro de sus escogidos a fin de que estos sean sus hijos, parecidos a Él y llenos de su vida y de su gloria.

El propósito de Dios no es hacernos guardar la ley con sus mandamientos y ordenanzas pues esta fue dada apenas con un propósito temporal. El propósito  eterno de Dios es hacernos sus hijos y que podamos heredar la bendición de la promesa del Espíritu para hacernos su expresión por la eternidad (Hechos 2:10; Romanos  8:29).

Por eso, Él nos predestinó para ser hijos (Efesios 1:5) y nos regeneró para que seamos hijos con su naturaleza (Juan 1:12-13). Por lo tanto, necesitamos permanecer en la posición de hijos para disfrutar de la herencia, pero mientras estemos engañados y confiados en la justicia de la ley, no tendremos fe para apoderarnos de la promesa.

Debemos avanzar y vivir como hijos engendrados en plena posesión de la herencia. Es por el hecho de ser hijos que fuimos declarados justos, en Cristo Jesús, fuimos hechos justicia de Dios. No fuiste apenas perdonado, fuiste declarado justo. Ser justificado es mucho más que ser perdonado. Es el caso de un ladrón; un ladrón perdonado continúa siendo un ladrón, pero si de una forma milagrosa pudiera morir y nacer de nuevo, podría ser declarado justo en su nueva vida. Esto es la justificación.

Cuando Cristo murió, morí con Él y cuando resucitó, renací para una nueva vida. Todo esto se vuelve realidad en el momento en que confieso a Jesús. Nací de nuevo como hijo de Dios, es por eso que dentro de nosotros ahora hay un clamor: “Abba, Padre”.

Cristo vino a revelar el nombre de Dios 

Cristo vino para revelarnos el nombre de Dios. Sabemos que existe algo muy poderoso en relación al nombre de Dios y el Señor dijo que vino para revelarnos ese nombre. En el Antiguo Testamento, Dios primero se reveló como Elohim, el Dios creador, después se reveló a Abraham como El-Shadday, el Dios todo suficiente; más tarde se reveló a Moisés como Jehová, el Gran Yo Soy. A partir de ahí tenemos la revelación de los nombres redentores de Dios: Jehová Jireh, Rafa, Shalom, etc. Ahora, cuando el Señor dice: “Yo Soy”, abarca todos estos significados y muchos más.

Todo esto es muy bueno y es muy importante, pero el Señor dijo que vino a revelarnos el nombre de Dios, vino a revelar el nombre que era desconocido en el Antiguo Testamento. El nombre que nos reveló fue “Padre”.

He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste, tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra” (Juan 17:6) 

¿Cuál fue el nombre que el Señor reveló? Elohim, el Dios creador, ya había sido revelado en Génesis; obviamente no fue El-Shaday porque este fue revelado a Abraham, ni Jehová, pues este es el nombre que todo judío conocía. ¿Entonces, cuál fue el nombre? Ciertamente fue “Padre”.

Todos los otros nombres de Dios revelan parcialmente su carácter, pero el nombre “Padre” revela plenamente a Dios pues todos los otros nombres están incluidos en ese. También revela nuestra posición pues somos hijos amados. Tu padre puede ser un Juez, un médico o un gran líder político, pero para ti, siempre será tu Padre. Hay poder en ese nombre, hay protección en ese nombre, todos los atributos de Dios están presentes en ese nombre.

“Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese”  (Juan 17:11-12) 

No encontrarás en los evangelios ninguna mención de los discípulos enfermos, oprimidos o necesitados de alguna cosa material ¿Cómo protegió el Señor a sus discípulos? Lo hizo en el nombre de Dios. El Señor les enseñó a relacionarse con Dios en base a ese nombre. En todo momento, en los evangelios, el Señor se refiere a Dios como Padre. La oración más profunda que podemos hacer es llamarlo de papá y cuando lo hacemos, manifestamos el espíritu del Nuevo Pacto.

Abba padre 

“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en  temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Romanos 8:15) 

En el Antiguo Pacto, las personas vivían debajo de la esclavitud y con miedo de Dios, hoy, sin embargo, ya no tenemos que vivir así porque fuimos hechos hijos; por el Espíritu clamamos: “Abba, Padre”. El Espíritu nos dejó esta expresión en hebreo para que no haya duda. Abba es la forma cómo los niños se dirigen a sus padres hasta hoy en Israel, la mejor traducción sería “papito”, es una forma íntima y amorosa de relacionarse con el padre.

A menos que puedas llamar a Dios de papá, permanecerás debajo del espíritu de esclavitud y de miedo. La expresión “otra vez” se refiere a la ley del Antiguo Testamento. En aquel tiempo las personas se relacionaban con Dios con el mismo miedo que un esclavo tenía. Hoy, sin embargo, podemos clamar papito, Abba Padre. En el Antiguo Pacto había solo siervos, pero hoy somos hijos.

Como es nuestro padre 

En Lucas 15:11-32 tenemos la historia conocida como la Parábola del Hijo Pródigo, pero la parábola en realidad se trata del padre, el objetivo del Señor allí es revelarnos el carácter de nuestro Padre. En esta parábola, el padre dividió la herencia con sus dos hijos (Lucas 15:12). En la cultura judía, el hijo mayor tiene derecho al 66 % de la herencia, una doble  porción en relación a la del hermano menor, pero aun con una herencia tan grande, el hijo mayor nunca la disfrutó. El menor salió por el mundo y gastó todo su dinero en orgías y borracheras. Cuando se le acabó el dinero, sus amigos lo abandonaron y se volvió cuidador de  cerdos, la profesión más indigna para un judío.

“Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó” (Lucas 15:17-20)

En ningún momento le importó haber partido el corazón del padre, en ningún  instante se preocupó en el padre, sino apenas consigo mismo. Volvió porque tenía hambre, la barriga lo llevó de vuelta a casa. Sin embargo, y a pesar de todo, el padre ansiaba por el hijo perdido. Y en ese momento, tenemos el retrato de nuestro Padre. El mundo está clamando por el amor de nuestro Padre.

Quien supuestamente podría estar enojado y decepcionado era el padre, pero en vez de eso estaba lleno de compasión y de perdón. Sin embargo, el hermano mayor estaba enojado y afuera de la fiesta. Había vivido toda su vida intentando merecer el amor del padre cuando todo ya era suyo y nunca había disfrutado de nada. Nunca había salido de la casa de su padre, pero aun así no conocía su amor. No mires tu comportamiento, mira la gracia del Padre; el padre estaba lleno de alegría por el regreso  de su hijo.

El padre fue movido a misericordia 

El padre estaba siempre mirando al horizonte, esperando por su hijo. Ese padre fue completamente rechazado y ridiculizado por causa del hijo. Perdió una gran cantidad de dinero debido a la actitud del hijo y aun así su corazón estaba lleno de misericordia. El Señor nos está diciendo cómo es el corazón de Dios, no está lleno de ira ni de condenación, sino que está lleno de misericordia. Esta parábola debería llamarse la parábola del Padre Pródigo, pues a este no le importó los bienes, sino que estaba dispuesto a darlo todo nuevamente a su hijo, aunque no lo mereciera. Nuestro Padre es extravagante en su generosidad.El padre corrió 

Lo segundo que el padre hizo fue correr. En griego hay más de una palabra para correr, una de ellas habla de una corrida lenta y constante, mientras que otra habla de una partida explosiva. ¿Cuál de las dos piensas que Jesús usó aquí? Fue una explosión en dirección al hijo, el padre corrió al ritmo de su propio corazón lleno de amor. El padre vio al hijo viniendo de lejos y corrió en su dirección. Este es el único lugar en la Biblia en el que dice que Dios corrió. Cuando hacemos mención de volver a Él, el Padre inmediatamente corre en nuestra dirección.

El padre lo abrazó 

La tercera cosa que el padre hizo fue abrazar al hijo. Es necesario recordar que este todavía estaba oliendo a cerdos, pero eso no le impidió de envolver a su hijo. Hoy, el Padre corre en tu dirección lleno de misericordia para envolverte en un abrazo  amoroso.

El padre lo besó 

Pero eso no es todo. El texto dice que el padre también lo besó. Lo interesante es que la palabra griega usada aquí no significa un simple beso, significa besar muchas veces, repetidamente, de forma tierna y afectuosa. Recuerda de que el joven todavía olía a pocilga de cerdos, pero esto no impidió al padre de besarlo muchas veces, este es nuestro Padre. Esta parábola es para revelarnos al Padre.

¿Cómo Dios nos abraza hoy? Por medio del Espíritu Santo. En Hechos leemos que Pedro aun hablaba cuando cayó el Espíritu Santo sobre todos los que oían la palabra (Hechos 10:44). La palabra “caer” en griego es epipipto, es exactamente la misma palabra que se traduce como “abrazar” en Lucas 15:20; esto significa que el Espíritu los abrazó cuando los llenó.

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