//Pr. Eliud Cervantes\\

“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria” (Isaías 60:1-2)
La Palabra de Dios nos muestra que, en estos últimos días, el mundo caerá cada vez más en la oscuridad; pero Isaías 60 nos dice que cuando “las tinieblas cubran la tierra” y “la oscuridad las naciones”, el pueblo de Dios está llamado a “levantarse, resplandecer” y Su gloria será vista sobre nosotros. Así que, aunque el mundo se vuelva cada vez más oscuro, la Palabra de Dios nos asegura que la iglesia se volverá cada vez más brillante. Y en estos tiempos oscuros, nosotros, como creyentes, estamos llamados a levantarnos y a acercarnos al mundo con amor y gracia.
Ahora, la oscuridad a la que se refiere el profeta Isaías no es una oscuridad física, sino una oscuridad espiritual que genera depresión y tristeza, un sentimiento que ha invadido gran parte de nuestro mundo actual. Muchas personas sufren esta oscuridad en forma de depresión, pesimismo, ansiedad, preocupaciones, inquietudes y, simplemente, una sensación de desmotivación y hastío. Algunos de nosotros podríamos pensar que esto no es relevante para nosotros porque no sufrimos de depresión clínica ni de una crisis de salud mental, pero todos nosotros, en un momento u otro de nuestras vidas, experimentamos cierto grado de desánimo, tristeza o depresión. ¿Por qué? Porque todavía vivimos en este mundo caído y nos enfrentamos a los mismos desafíos que todos los demás. Y también porque, como creyentes, a menudo somos el blanco del enemigo, que está dispuesto a robar, matar y destruir (Juan 10:10). Pero el corazón de Dios es que sus amados hijos vivan una vida abundante, libres de depresión, preocupaciones y ansiedades. Por eso es importante que captemos el corazón de Dios para nosotros, porque ahí se encuentran las claves para que experimentemos la libertad de este espíritu de depresión. Si bien los medicamentos pueden ayudar a tratar algunos de los síntomas que podamos experimentar, debemos ser conscientes de que la raíz del problema es espiritual. Y dado que es un problema espiritual, debemos resolverlo utilizando los medios de Dios.
Debemos tener cuidado de no permitir que esta depresión se convierta en lo que Isaías describe en el versículo 2, una “oscuridad densa” que nos cubre. Y la Biblia nos advierte de sus peligros:
“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte” (2 Corintios 7:10)
¡La tristeza mundana puede llevarnos a la muerte! Por eso, no permitamos que las tristezas, las preocupaciones y los afanes que encontramos en nuestra vida diaria se queden y se arraiguen en nuestro corazón. Aprendamos a soltarlos y a dejarlos en manos del Señor.
Jesús ha llevado todos tus dolores y tristezas
En 2 Corintios 7:10, vemos que “la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación”. En el griego original, arrepentimiento es metanoia, que se refiere a un cambio de mentalidad. Y salvación es soteria, que significa “liberación, preservación, seguridad”, salvación en cada área de nuestra vida. Así que experimentar la tristeza según Dios nos lleva a cambiar nuestra mente y alinear nuestros pensamientos con los de Dios, a creer correctamente acerca de Dios y de lo que el Señor ha hecho por nosotros, y esto es lo que produce plenitud y paz mental. Entonces, ¿qué es lo que necesitamos creer correctamente a la luz del tema de hoy? Necesitamos saber y creer que a través de la obra terminada de nuestro Señor Jesús en la cruz, tenemos redención del dolor.
“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades (choli), y sufrió nuestros dolores (makov); y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido” (Isaías 53:4)
Aunque el contexto de Isaías 53:4 se refiere principalmente a que nuestro Señor Jesús llevó nuestras enfermedades y dolores en la cruz, las palabras “enfermedades” y “dolores” también incluyen el significado de “ansiedad, calamidad, angustias y penas”. En la cruz, nuestro Señor Jesús no solo llevó todas nuestras enfermedades y dolores, sino que también llevó nuestras penas y nuestras tristezas. De hecho, la Biblia nos dice que se hizo varón de dolores por nosotros (Isaías 53:3).
Querido Joven, ¿sabéis lo que esto realmente significa?Nuestro Señor Jesús es la persona más alegre que puedas encontrar, tanto que el Padre lo describe como Aquel que fue ungido con el óleo de alegría más que Sus compañeros.
“Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino. Has amado la justicia, y aborrecido la maldad, Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que a tus compañeros” (Hebreos 1:8-9)
La única vez que nuestro Señor dijo que estaba triste fue en el jardín de Getsemaní:
“Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:38-39)
Se entristeció porque estaba asumiendo las tristezas del mundo… y eso le afligió tanto, hasta el punto de morir; no porque contemplara quitarse la vida, sino porque ese era el grado de tristeza que sentía. El Señor es la personificación del gozo, pero en la cruz, Él eligió vaciarse de Su gozo y tomar sobre sí todas nuestras penas y tristezas para que hoy podamos tener Su gozo. Este intercambio es posible solo gracias a la obra redentora de nuestro Señor en la cruz, y hoy tenemos un derecho inquebrantable a Su espíritu de alegría.
Amigo, la verdad es que nuestro Señor Jesús ya llevó todas tus penas y dolores en la cruz. Incluso cuando piensas que nadie lo sabe, incluso cuando te sientes solo, Él te ve y entiende completamente por lo que estás pasando. Y Él no solo conoce tu dolor, sino que tomó la plenitud de él para que ya no tengas que llevarlo hoy. En cambio, Él quiere que recibas Su gozo y camines en la vida abundante que Él ya pagó para que disfrutes (Juan 10:10)
¿Cómo podemos entonces estar por encima de nuestras penas y experimentar la liberación de la tristeza? Podemos hacer esto de dos maneras:
Fortalécete con el gozo del Señor
Nuestro Señor Jesús está lleno de gozo (Hebreos 1:9) y a través del intercambio divino en la cruz, ¡nosotros también podemos ser partícipes de este óleo de alegría! Cuando nos mantenemos en su gozo, nos fortalecemos (Nehemías 8:10), por lo que debemos recordarnos que debemos regocijarnos en el Señor una y otra vez.
“Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor. A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro” (Filipenses 3:1)
Si la tristeza puede producir enfermedad, entonces el gozo puede producir sanación, pues “el corazón alegre constituye buen remedio…” (Proverbios 17:22). Hay seguridad cuando nos regocijamos continuamente en el Señor. Así como un vaso se llenará constantemente de agua si lo rellenamos una y otra vez, regocijarse en el Señor es estar continuamente lleno del gozo del Señor.
Y podemos recargar nuestro gozo cuando nos sumergimos en las revelaciones y verdades de lo que el Señor ha hecho por nosotros, cuando nos tomamos tiempo para recordar o contar Su bondad hacia nosotros, y cuando damos gracias por todas las bendiciones que Él ya nos ha otorgado.
Vence el desánimo adorando al Señor
“Y cuando el espíritu malo de parte de Dios venía sobre Saúl, David tomaba el arpa y tocaba con su mano; y Saúl tenía alivio y estaba mejor, y el espíritu malo se apartaba de él” (1 Samuel 16:23)
En esta historia, cuando el rey Saúl estaba atormentado por un espíritu de tristeza y se sentía melancólico y angustiado, David tomó su arpa y adoró. Después de escuchar esta música de adoración ungida, el rey se sintió renovado y lleno de alegría, y el espíritu de tristeza lo abandonó.
En la práctica, esto nos muestra que el acto de adorar y la música de adoración ungida tienen el poder de alejar los malos espíritus de tristeza y depresión. Así que, cuando te sientas deprimido y abatido, recuerda escuchar canciones de adoración ungidas o pasar tiempo simplemente adorando al Señor. Muy pronto, te sentirás renovado, sacado del abatimiento y, cuando mires, ya no encontrarás a tu enemigo, ese espíritu de pesadez. Estarás renovado y lleno de la alegría del Señor ¡Aleluya!

