Y le hizo que mirase

//Pr. Luis A. Núñez\\

“Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase. Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. El, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos. Y lo envió a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea” (Marcos 8:22-26) 

milagro al centuriónAlgunas personas le llevaron un ciego a Jesús, el Señor le aplicó saliva a los ojos y estos se abrieron instantáneamente. Por los detalles compartidos en la Biblia, puedo imaginar que este hombre perdió en algún momento de su vida la vista, no era un ciego de nacimiento, ya que en su explicación no distingue muy bien entre árboles y personas, esto no pasaría con alguien que ve por primera vez, no distinguiría si lo que ves es borroso ya que es su primera experiencia de ver, entonces el énfasis de esta historia no es ver en si, sino el no ver claramente.

Es la primera y única vez donde el Señor Jesús realiza un milagro que aparentemente no fue completo. Para poder entender aún más esta historia es bueno resaltar que el Señor Jesús hizo un milagro poco antes donde también aplicó saliva, fue a un sordomudo y sus oídos se abrieron.

“Volviendo a salir de la región de Tiro, vino por Sidón al mar de Galilea, pasando por la región de Decápolis. Y le trajeron un sordo y tartamudo, y le rogaron que le pusiera la mano encima. Y tomándole aparte de la gente, metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua; y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto.Al momento fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien” (Marcos 7:31-35)

Más adelante el Señor aplica saliva a este ciego en Betsaida. Quienes vieron estos dos acontecimientos se convirtieron en testigos de lo sucedido y en medio de ese grupo estaban sus discípulos, es decir, este es un mensaje para sus discípulos.

Primero aplica saliva al oído y el sordo oye, luego aplica saliva a los ojos de un ciego y este ve borroso, vuelve a poner sus manos sobre sus ojos y “le hizo mirar”, es decir, por la palabra usada aquí en el griego (poieo), la Biblia dice que lo condujo a ver, hasta que este hombre vio claramente.

Oir y ver 

El problema ahora para los hijos de Dios no es el oir, los oídos fueron abiertos, el problema es ver, una gran parte de los hijos de Dios tienen que ser conducidos, llevados a ver con claridad lo que están oyendo, por eso solo después que Lot se apartó de Abraham es que Dios lo llevó a ver. Lot significa velo y solo cuando el velo fue retirado es que Abraham pudo ver la promesa de Dios.

“Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre” (Génesis 13:14-15)

No podemos pensar que Jesús no tubo suficiente fe, no podemos pensar que el Señor Jesús no sabía lo que estaba aconteciendo, Él tenía poder para resucitar muertos, lo que pasa es que el Señor nos estaba dando a conocer que hay un milagro que tiene que ser completado para llevar a los hijos de Dios a ver con claridad, es una tarea que todo discípulo del Señor tiene que experimentar porque solo así las personas podrán afirmarse en su fe, una fe basada en el evangelio, por eso Él nos dice cualquiera que oye y no hace, es como el que construye en arena, su vida no es victoria, se derrumba.

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;  y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina” (Mateo 7:24-27)

“Hacer” es una palabra que significa practicar, establecer, afirmar, solo hay una forma de afirmarse en la roca y no derrumbarse y esto es oyendo y haciendo, el problema no es el oir ya que ambos hombres oyen, sino el hacer. El “poieo” es la misma palabra usada para “le hizo mirar”, el afirmarse en la palabra hablada por el Señor Jesús ¿Cuáles son las  palabras habladas por el Señor? 

“El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63) 

“Mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada” (1 Pedro 1:25) 

“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Efesios 1:13-14)

Es decir, los hijos de Dios oyen porque sus oídos fueron abiertos, pero tenemos que  conducirlos con encargo a ver claramente, por eso el apóstol Pablo les decía a los corintios:

“Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía” (1 Corintios 3:2)

Entonces hay que dirigirlos por la Palabra a ver claramente, por eso se nos llama  ministros de la reconciliación:

“Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación” (Romanos 5:10-11)

Fuimos reconciliados por causa de la obra de Cristo en la cruz, Él abrió el camino hacia la reconciliación con el Padre, por eso dice: 

“Por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.  Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió” (Hebreos 10:20-23)

¡Aleluya, fuimos reconcilados! Ya no somos enemigos, sino hijos y como hijos también herederos, pero no solo fuimos reconciliados en el día de nuestra conversión, sino que somos reconciliadores, allí nos convertimos en ministros de la reconcilación para traer a los incrédulos a Cristo y hacer ver a los creyentes su reconciliación, es decir, hacerles ver su vida y su nueva naturaleza y en conclusión, que ellos vean que nada los puede hacer enemigos de Dios porque su naturaleza fue cambiada, tú tienes un nueva naturaleza, la naturaleza de Dios en Cristo.

Es decir, no somos ministros de la reconciliación solo por el evangelismo, sino por la palabra de reconciliación que es mostrar cada dia que Dios no es más tu enemigo, sino tu Padre ¡Abba padre! nos muestra que en cada circunstancia Él es tu Padre y tú eres hijo.

 

“Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación” (2 Corintios 5:18-19)

 

Tener conciencia plena de que no eres más enemigo de Dios, sino un hijo amado es tu victoria en la adversidad, en la incertidumbre, en la caída, eso cambio la vida de Pedro, inicialmente Pedro le dijo al Señor: “apártate de mi, soy pecador”,  pero luego que conoció esta verdad, en la que vio quién era su Señor, apenas supo que el que estaba en la orilla era Jesús, porque se lo dijo Juan, se ciñó la ropa y se tiró al agua para nadar hacia la orilla y encontrarse con Él.

La victoria cristiana es la paz que el Señor da, es la esperanza de vida que tenemos, es la revelación de su amor por nosotros ¡Aleluya!

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