El cristianismo no es religión (Parte III)

Olvidando-Lo-Que-Quedó-Atrás

//Pr. Luis A. Núñez\\

3. EL LEGALISMO La tercera característica fundamental del Antiguo Testamento es la ley. No hay judaísmo sin la ley. La ley era el centro de la vida del pueblo. La ley de los judíos era escrita en tablas de piedras, pero la ley de la nueva alianza, el Nuevo Testamento, es escrita en nuestros corazones (Hebreos 8:10). El Espíritu nos enseña acerca de todas las cosas. La ley del Espíritu fue impresa dentro de nuestro propio espíritu y no necesitamos seguir la ley de Moisés. Siguiendo la ley del Espíritu, acabamos cumpliendo la ley de Moisés, porque la ley del Nuevo Testamento es superior. No se trata de una cuestión de decorar normas y reglas, sino de tener una persona viva residiendo dentro de nosotros. Nadie puede seguir la ley y cumplir plenamente la voluntad de Dios. Para eso, necesitamos tener la ley del Espíritu de la vida, una persona dentro de nosotros hablando con nosotros, orientándonos y dirigiéndonos. El fin de la ley es Cristo para la justicia de todo aquel que en Él cree (Romanos 10:4-16). ¿Qué es legalismo? algunos confunden legalismo con rectitud, entonces, cuando decimos no seas legalista interpretan como decirte: se flexible, se negociador de valores, se practicante del pecado, etc. ¡De ninguna manera! en realidad, legalismo viene o significa literalidad de la ley o aplicación estricta de la ley, entonces, en su concepto, es bueno para una sociedad. También se interpreta como la aplicación estricta de la ley, el legalismo también se define como el requisito legal que no contempla circunstancias y cuya formalidad impide el funcionamiento de algo.En fin, para el cristianismo la legalidad es la decisión de vivir bajo el cumplimiento de la ley del Antiguo testamento, con el objeto de tener la aprobación de Dios, de obtener la salvación en Dios y de ser bendecido por Dios.Entonces, todo lo que pretende una relación con Dios basado en hacer algo para agradarlo o tener un comportamiento aprobado delante de Él para obtener su bendición es legalismo.  Recordando los conceptos bíblicos de templismo y clericalismo, concluimos una vez más que:Ya no hay más visitación de Dios basado en alguna circunstancia favorable o actitud de alguien, sino que ahora por la obra de Cristo somos habitación de Dios, llenos de su unción, de su autoridad y poder, que la única manera de expresar esa posición es por el creer, el creer nos lleva a la vivencia de esa experiencia; en otras palabras, el creer nos lleva a expresar lo que somos y disfrutar de las bendiciones que esta posición en Cristo nos ofrece. 

“Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues aquel que fue engendrado por Dios, le guarda, y el maligno no le toca” (1 Juan  5:18)

Este verso nos muestra un panorama interesante, que el nacido de Dios, es decir, cada uno de nosotros,  no está pecando o no está practicando el pecado esto le da una posición de ser guardado, preservado, por el engendrado de Dios que es Cristo y el maligno no le toca. Otra referencia muestra “que el que no practiques el pecado te permite la protección o la preservación de Cristo y contrariamente el pecado permite el toque del maligno. Si es así ¿En qué consiste ese toque del maligno? Hagamos otra pregunta ¿Qué hace el pecado en la vida de un creyente? Permite el toque del maligno ¿Cómo es eso? la Biblia dice en 1 Juan 3:4-9:

Cualquiera que hace pecado (practica), traspasa también la ley; y el pecado es transgresión de la Ley. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Cualquiera que permanece en él, no peca (practica), cualquiera que peca (practica), no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, no os engañe ninguno; el que hace justicia, es justo, como él también es justo. El que hace pecado, es del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para que deshaga las obras del diablo. Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado, porque su simiente está en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” 

Todo el que comete pecado infringe la ley o se coloca bajo la ley, porque el pecado es infracción de la ley, es decir, un propósito del pecado es llevarte otra vez a la posición de la ley, por lo tanto, todo nacido de nuevo no puede practicar el pecado o vivir nuevamente en el pecado, quien conoció al Señor, no puede practicar el pecado. El verso 8 dice que el que practica el pecado es del diablo, el sentido es que el que practica el pecado cae en las fauces del diablo (diabolos – acusador), no se usa el nombre Satanás o maligno, se especifica “diabolos” o acusador, es decir todo el que cae en pecado, se pone en las manos del acusador, porque desde el principio él practico el pecado y Cristo apareció para deshacer lo que él hizo con el pecado, Jesús deshace la acusación, es el único que puede deshacer la acusación del maligno. Todo pecado te coloca en las manos del acusador, toda acusación te lleva a la condenación y toda condenación te lleva a la incredulidad, es como un insecto cayendo en una telaraña, el pecado te coloco en las manos del maligno y cuanto más te muevas tratando de salir, en tus fuerzas, más atraerás al diablo (acusación) para destruirte, solo Cristo podría liberarte de esa condenación.

“Porque es imposible que los que una vez recibieron la luz, y que gustaron aquel don celestial, y que fueron hechos partícipes del Espíritu Santo; y que así mismo gustaron la buena palabra de Dios, y las virtudes del siglo venidero, y recayeron, sean renovados de nuevo por arrepentimiento colgando en el madero otra vez para sí mismos al Hijo de Dios, y exponiéndolo a vituperio. Porque la tierra que embebe el agua que muchas veces vino sobre ella, y que engendra hierba a su tiempo a aquellos de los cuales es labrada, recibe bendición de Dios. Mas la que produce espinas y abrojos, es reprobada, y cercana de maldición, y su fin [será] por fuego.

Pero de vosotros, oh amados, esperamos mejores cosas que éstas y más cercanas a [la] salud, aunque hablamos así” (Hebreos 6:4-6)

Si este pasaje lo vemos desde el punto de vista de la salvación estaríamos afirmando que la salvación se pierde y que no puede ser recuperada, esto quiere decir que la salvación depende parcialmente de nuestras obras y una vez que se pierde la salvación no se puede recuperarla, pero el tema del capítulo es el arrepentimiento, la palabra griega que se traduce como “recayeron” es “parapipto” que significa caer de lado, virar, descarriarse, de modo que los versículos 4 al 6 describen a los creyentes que han experimentado bendiciones espirituales de parte de Dios, pero se han desviado o han cometido faltas debido a la incredulidad, estos mientras están pecando o reincidiendo en el pecado, no pueden renovarse, restaurarse para arrepentimiento (metanoia), crucificando de nuevo para sí mismos, es decir, perdieron la fe de lo que son. Así trabaja el pecado, te lleva de la condenación a la acusación y de la acusación a la incredulidad. Por eso dice “estas cosas os escribo para que no pequéis… si han pecado, abogado tienen” (1 Juan 2:1) la orientación principal es no pecar, porque recuerden el pecado te lleva a la trampa de querer salvarte en tus fuerzas y si has pecado solo Cristo puede liberarte, Cristo como abogado, como defensor de una verdad. Por tanto, creer que el pecado te quita la unción y dejar de hacer algo a causa de esto es legalismo, el cristianismo es el resultado de creer en la obra que Él hizo y lo que somos  también es como resultado de lo que Él hizo, la obra en la cruz. Por eso la biblia dice Romanos 8:1: “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo”

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