//Pr. Luis A. Núñez\\
“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando” (Marcos 10:45- 46)
Me gustaría empezar todo con una pregunta ¿Crees que el Señor está dispuesto a servirte? la concepción religiosa comprende que Dios está sentado en su trono para ser servido y espera que nosotros le demos algo, como si nosotros tuviésemos algo que Él no, como si necesitara de nuestras dádivas u ofrendas. A veces usamos la frase “cumplí con el Señor” dando a entender que Dios necesita algo de nosotros, sin embargo, no entendemos que Él es rico y completo. Es importante ser exactos, pues cuando llegamos ante Él estamos vacíos y más bien es Él quien nos llena. La única forma de dar es recibir primero aquello que solo podemos recibir de Él.
En el texto bíblico que compartimos al inicio, Jesús estaba saliendo de Jericó, mientras una gran multitud lo seguía. Él estaba camino a Jerusalén para celebrar la Pascua y esta sería la ultima semana previa a su crucifixión, entonces pasó por Jericó y declaró algo sumamente importante: “no vine para ser servido, vine para servir”. Antes de continuar precisemos una verdad, si Él quisiera ser servido tiene millares de ángeles a su disposición que jamás se cansan, pero decidió que el hombre sea el beneficiario de todas sus bendiciones.
En su momento David hizo una pregunta: “¿Qué puedo dar a Dios?”
“¿Qué pagaré a Jehová Por todos sus beneficios para conmigo? Tomaré la copa de la salvación e invocaré el nombre de Jehová” (Salmos 116:12-13)
Muchas veces nosotros pensamos asi, pues Dios nos bendice tanto que pensamos qué podríamos darle, pensamos en términos naturales, pensamos que tal vez podríamos servirlo más o algo parecido, pero respondiendo su misma pregunta, David dice algo impresionante: “tomaré el caliz de la salvación e invocaré el nombre del Señor”. Dios tiene todas las bendiciones y solo quiere corazones sedientos y deseosos, que deseen inclusive lo que otros no desean, por eso Jesús reprendió a sus discípulos diciendo “hombres de poca fe”, Él no dijo “hombres de poca alabanza, de poca oración, personas que leen poco la Biblia o de poco ayuno”. Confrontó su poca fe y ¿Qué es la fe? simplemente manos que reciben de Él.
El Señor fue a la ciudad de maldición
La Biblia dice que el Señor fue a Jericó y esta era la ciudad de maldición. Josué la maldijo, nadie debía tomar nada de ella, porque partecia a Dios, era la primicia.
“En aquel tiempo hizo Josué un juramento, diciendo: Maldito delante de Jehová el hombre que se levantare y reedificare esta ciudad de Jericó. Sobre su primogénito eche los cimientos de ella, y sobre su hijo menor asiente sus puertas” (Josué 6:26)
Jericó era la ciudad maldita, nadie podría edificar, era tierra de maldición y a propósito de esto ¿Sabías que Cristo vino a la tierra de maldición? este mundo estaba sujeto a maldición y Él vino a cambiar la maldición en bendición, la tristeza en gozo ¡Aleluya!
La Biblia dice que cuando salió de Jericó con sus discípulos y una gran multitud, se encontró a Bartimeo, es decir, al hijo de Timeo, pues “bar” en arameo significa “hijo”, lo mismo que sucede en el hebreo donde “ben” significa lo mismo, ambas lenguas tienen similitudes y por otro lado “timeo” en Hebreo es “tame”, que con frecuencia en Levítico se usa para definir algo “impuro”, entonces el nombre de este personaje es “hijo del impuro”. Deducimos que algo terrible debió hacer el padre estigmatizar de esa forma a su hijo. El hijo del impuro era pobre y ciego y esa es exactamente la condición de todo el mundo sin Crsito, pobres y ciegos. Caímos de Dios y Él nos dió la oportunidad de volver a Él.
Un ciego vio más que los otros
Bartimeo estaba al borde del camino y en Lucas se detalla que este ciego pregunto a las personas a su alrededor “¿Qué esta pasando?”, entonces le dijeron: “Jesús, el nazareno está pasando” (Lucas 18:35-37). Ahora entendemos esta forma de referirise a Jesús como algo honroso, pero cuando lo crucificaron ellos colocaron la expresión “nazareno” en sentido despreciativo o peyorativo.
Observa algo, el ciego Bartimeo escuchó que era Jesús el nazareno el que estaba pasando y gritó: “¡Jesús, hijo de David, ten misericordia de mi!”, él no gritó Jesus de Nazaret, él gritó: “¡Jesús, hijo de David! y es maravilloso, pues mientras las personas decían: “Jesús de Nazaret”, él vio más que todos ellos. El evangelio de Marcos fue el primero en ser escrito, entonces esa fue la primera ves que un hombre llamó a Jesus “hijo de David”, esto indica reino, porque David fue el rey escogido por Dios. Jesús tenía dos reivindicaciones al trono, uno por el linaje de David y otro porque nació Rey. Este rey vino específicamente para bendecir.
El sol paró
Cuanto Bartimeo empezó a clamar, muchos lo reprendieron y le exigían que se callara e infelizmente, la multitud es siempre así, en un momento gritan: “¡Hosanna hijo de David!” y luego grita “¡Crucifíquenlo!”, por eso nuestra confianza debe estar plenamente en el Señor. Sin embargo, cuanto más le decían a Bartimeo que se callase, él gritaba más fuerte aun: “Hijo de David ten compasión de mí”, él creyó firmemente que el rey vino para bendecir.
La Biblia dice que él arrojó su capa, aquello que representaba su única posesión y seguridad, para dependeré de Jesus. El Señor le pregunta: “¿Qué quieres que te haga?” y él le responde: “Maestro, que recobre la vista”. Algo interesante es que luego de devolverle la vista, el Señor no le dice: “¡sígueme!” Él nunca fuerza a las personas a las que cura a que lo sigan, la sanidad eso también gracia. Es cuando estas personas descubren cuan amadas y bendecidas son, que ellas deciden seguirlo.
El ciego gritó con tal intensidad por su bendición que provocó que Jesús se detuviera y al leer este acontecimiento recordamos algo que sucedió en el Antiguo Testamento, donde alguien también grito para que el sol se detuveira, ese fue Josué. Un día él también gritó al sol cuando estaban peleando contra los amorreos, no muy lejos de Jericó. En esa ocasión ellos estaban venciendo, pero el sol se estaba ocultando y la victoria aún no se había conseguido y dijo:
“Entonces Josué habló a Jehová el día en que Jehová entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los israelitas: Sol, detente en Gabaón y tú, luna, en el valle de Ajalón” (Josué 10:12)
De la misma forma, esta vez alguien clamó al sol de justicia que es Jesús y Él se detuvo, no por el grito de un hombre rico, sino por un mendigo ciego, el rey paró por causa del grito de un mendigo ciego. Necesitas confiar que Él es capaz de detenerse cuando te dispones a creer.


